Jasmina HARTIANA
Desde que tengo memoria trabajo en el negocio familiar, saben no es fácil. Hay días buenos en los que todo parece salir bien, pero están los complicados en donde los conflictos laborales cruzan la delgada línea de lo personal y aparecen estallidos de la nada. En algún programa escuche que a los mexicanos nos encanta hacer todo juntos, y es cierto somos como familias muégano con bastante lealtad escondiendo conflictos internos debajo de las alfombrillas.
A veces por ejemplo no tengo claro bien cuál es mi lugar en la empresa y en la familia, es como si todo se mezclara en una fusión que asfixia. Amo a mis compañeros de sangre y quisiera que no todo fuera un drama. Pero, parece inevitable que los traumas resurjan en peleas disfrazadas de algún disgusto relacionado con el trabajo. También tengo claro que no quiero estar ahí toda la vida formando parte de una nómina que con el tiempo se puede volver bastante incómoda. Aunque, les tengo una noticia salirse de una micro empresa familiar es algo similar a un acto de alta traición con todo y guión de telenovela montado.

Tampoco puedo evitar la parte de sentirme orgullosa por lo que hemos logrado como familia, porque al final lo hicimos juntos cada uno añadiendo partes de su propio talento; juntando piezas de un rompecabezas que se fueron ensamblando de forma adecuada. Y así transcurren nuestras vidas juntos, logrando pequeños y grandes éxitos profesionales y al mismo tiempo tejiendo una telaraña que no sabemos si en futuro nos asfixiará. Además, tengo que añadir que pertenezco a una estirpe de adictos al trabajo, lo que me pone a pensar en la carga de trabajo que le he montado a mis rodillas. Hace unas cuantas semanas después de una temporada fuerte de trabajo me desperté literalmente molida, esto me hizo cuestionarme acerca de cuánto tiempo más podré hacerlo. Yo siempre suelo hacer demasiados planes a futuro, creo como la mayor parte de las mujeres que nos pasamos la vida resolviendo nuestra vida y la de los demás. Así que con la edad y la mirada hacia el futuro he ido planeando mi propia jubilación, cosa que me aterra por cierto, y es que en mi imaginación resulta como esas películas viejas del padrino en donde solo puedes salir del negocio dejando de respirar, y vaya que el de nuestra micro empresa es bastante decente.

Aun así, creo que la retirada digna es la mejor opción y aunque faltan algunos años para echar andar mi plan de salida no quisiera salir por la puerta trasera y azotándola. Estoy profundamente agradecida por lo que me ha dado la querida empresa familiar, pero también quiero conservar a mi familia como lo que son hermanos, madre y sobrinos. No quiero que esto se torne en una película trágica mexicana de los sesenta. Así que sigo planeando y soñando desde mi sofá una continuación distinta en esta historia en donde todos quepamos y además del trabajo que siempre nos unió exista la ternura que natural que mantenga nuestro lazo.

*Soy fotógrafa y cuentista.
Cuentos: Anabel, Miel con veneno, Imágenes que cuentan, Entretenimiento para Adultos, El Cerrajero, y la Chica del Tutu. jazminahartiana@hotmail.com





