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Jasmina HARTIANA*

He estado haciendo un recuento mental de los últimos años al día de hoy, en específico de la pandemia para acá. Esos años pandémicos la verdad para mi fueron como si un camión me hubiera pasado encima. La rutina se me trastoco como unas cinco veces, había prioridades como guardar la salud de los mayores en la familia, cuidar a los más jóvenes en cuanto a su estado mental. Los horarios se me achicaron por un momento y luego se fueron expandiendo hasta no dejar tiempo para nada. A mi me encanta bailar y eso tuvo que quedar casi enterrado, también siento la necesidad de pasar tiempos en silencio, y con el exceso de trabajo solo queda el momento de la ducha para estar a solas.

De repente me vi en el espejo con el cabello corto y deseé tenerlo largo de nuevo. Revisé mi armario y solo quedaba ropa bastante aburrida cuando acostumbraba a ser creativa y además sensual. Tuve añoranza de esa mujer, sé que no puedo ser la de antes, he cambiado, pero me gustaría rescatar algunas cosas que se me encantaban de ella. También me di cuenta de algo que me molesta y creo que ese es un descubrimiento reciente, algo que hizo consciente esta persona post pandemia, que la mayoría del tiempo me mimetizo con el ambiente y cedo mi propio valor con el de afuera. Este hallazgo me sorprendió, no quiero que el afuera me defina, que me diga para que soy buena o para que no. Creo que a estas alturas del partido yo tengo claro para que soy buena y para que no, y no hablo desde el ego, sino de la evidencia pura de haber convivido conmigo misma casi la mitad de un siglo. No quiero buscar a aprobación afuera, ni palmaditas en la espalda.

Es probable que en varias cosas no sea tan buena como otros. Como por ejemplo el escribir es una de esas que me provoca compararme constantemente, pero ¿saben una cosa? es algo que no puedo negar en vida, es parte de lo que soy, es una necesidad primaria. Creo que se trata de tener un lugar en el mundo sin esperar recibir a cambio aplausos. Esto resulta  difícil porque nos han educado de forma que las cosas no valen la pena si a cambio no recibimos la estrellita en la frente, y no porque es lo que es, sin pedir permiso a nadie, tan solo con el coraje  y deseo en el pecho que te permite continuar.

*Soy fotógrafa y cuentista. Cuentos: Anabel, Miel con veneno, Imágenes que cuentan, Entretenimiento para Adultos, El Cerrajero, y la Chica del Tutu. jazminahartiana@hotmail.com

 

 

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