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Jasmina HARTIANA*

Quisiera escribir una carta de amor a la humanidad, me preguntó si se puede en estos momentos. Después de todas las cosas terribles que nos hemos hecho a nosotros y al planeta. Sé que no puedo hacerlo no soy ejemplo de ternura y tranquilidad, yo misma; a veces me dejo llevar por mis propios odios y rencores internos. Admiro esa templanza que tiene una de mis hermanas, esa que la mantiene tranquila y dispuesta a negociar ante algún conflicto, yo en cambio suelo huir de ellos, no es por cobardía, sino porque estoy segura que dentro de mí vive una mina que apretando el botón adecuado puede acabar con todo.

Los expertos dicen que la humanidad ha llegado a su época mas cómoda conocida; agua corriente, medicamentos, pantallas que nos muestran nuestras sueños y pesadillas tumbados en el sofá, aunque el costo significa que tenemos el control de mando de las bombas nucleares metido en el culo para activarse en cualquier momento. Probablemente nuestro deseo de vivir el drama es más intenso que la ternura que llevamos muy en el fondo.

Hace tiempo vi una peli que se llama melancolía, no la recomiendo y no por ser mala, sino porque me dejo bastante triste por varios días. Ahí escuche esta frase; la vida en esta tierra es malvada. Tengo mis propias teorías acerca de las guerras que se desarrollan en este momento, algunas van de lo simple como el robo, si todas las guerras justifican la extracción de algo material y por su puesto la libertad de los individuos, también ayudan a olvidar de forma conveniente los crímenes de nuestros lideres locos, y claro está la envidia, seamos sinceros no nos agrada que al vecino le vaya bien. Ustedes han visto las fotos de Palestina anteriores a la ocupación; avenidas llenas de luz y mostrando una prosperidad que a alguien le ha de haber incomodado. Yo no creo en utopías, ningún paraíso terrenal me ha convencido por completo, ni el comunismo, socialismo y tampoco los neoliberales. Tampoco creo en el cielo de ninguna religión creada por el humano. Todos ellos me parecen condicionamientos burocráticos para vender la propia moral de la humanidad. Y saben que las mujeres no tenemos derecho a ninguno de ellos, en todos ellos tenemos que cubrir una lista infinita   de obligaciones para tener un lugar, uno que en la mayoría de los casos carece de dignidad.

A largo plazo no me preocupa demasiado la especie, ya que si te lo piensas un poco incluso el planeta se sentiría aliviado con nuestra extinción. Quizá estoy más pesimista al momento de escribir este texto. Lo siento, tal vez sea la melancolía de los tiempos actuales. Y si los finales siempre ponen tristes a todos y yo tengo el presentimiento de que ahora mismo transitamos algún tipo de final. Pero saben la muerte y la vida tienen la misma fuerza, y aún así en la oscuridad del momento a mi me gustaría saber que hay del otro lado. Mi mente imagina que al final hay un comienzo como en las buenas pelis que tanto me gustan, tipo jo jo rabit, Un final principio donde se pueda bailar.

 

*Soy fotógrafa y cuentista.Cuentos: Anabel, Miel con veneno, Imágenes que cuentan, Entretenimiento para Adultos, El Cerrajero, y la Chica del Tutu. jazminahartiana@hotmail.com

 

 

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