Alfredo MARTÍNEZ DE AGUILAR
- Victoria deportiva, derrota política. Gana la Selección Nacional, pero pierde el gobierno por goleada ante madres buscadoras y maestros. Una victoria deportiva que no alcanza para distraer la atención de los problemas estructurales que siguen exigiendo respuestas y soluciones de fondo.
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Se gana un partido de futbol, pero se pierde en la atención de las demandas más sensibles de la sociedad. La popularidad de los triunfos deportivos no oculta el reclamo de miles de familias que buscan a sus seres queridos ni el descontento de un magisterio que se siente ignorado.
Mientras la Selección Nacional arranca aplausos y celebra victorias en la cancha, el gobierno recibe una dolorosa goleada en el terreno social y político. Las madres buscadoras, que exigen verdad y justicia para sus desaparecidos, y los maestros, que mantienen su lucha por mejores condiciones laborales y educativas, exhiben las profundas heridas que siguen abiertas en el país.

El contraste es inevitable: se gana un partido de futbol, pero se pierde terreno en la atención de las demandas más sensibles de la sociedad. La popularidad que generan los triunfos deportivos difícilmente puede ocultar el reclamo de miles de familias que buscan a sus seres queridos ni el descontento de un magisterio que se siente ignorado.
Victoria deportiva, derrota política. Gana la Selección Nacional, pero pierde el gobierno por goleada ante madres buscadoras y maestros. Una victoria deportiva que no alcanza para distraer la atención de los problemas estructurales que siguen exigiendo respuestas y soluciones de fondo.

En México, pocas cosas tienen la capacidad de generar unidad nacional como el futbol. Cuando la Selección Mexicana obtiene una victoria importante, millones de ciudadanos comparten la alegría, las redes sociales se inundan de celebraciones y, por unas horas, parece que las diferencias políticas, económicas y sociales quedan suspendidas. Sin embargo, la realidad nacional suele imponerse con rapidez. Mientras los reflectores apuntan a los éxitos deportivos, en las calles y plazas públicas persisten conflictos que exhiben las asignaturas pendientes del Estado mexicano.
La reciente victoria de la Selección Nacional contrasta con dos de los desafíos más sensibles que enfrenta el gobierno de la 4T: la exigencia de justicia de las madres buscadoras y el conflicto magisterial. En ambos casos, la administración pública aparece a la defensiva, incapaz de ofrecer soluciones satisfactorias a demandas que llevan años acumulándose y que afectan directamente la gobernabilidad del país.

Las madres buscadoras representan uno de los rostros más dolorosos de la crisis humanitaria mexicana. Ante la incapacidad institucional para localizar a sus familiares desaparecidos, miles de mujeres han tenido que asumir tareas que corresponderían al Estado. Armadas únicamente con palas, picos, varillas y una voluntad inquebrantable, recorren campos, cerros, barrancas y predios abandonados en busca de indicios que permitan encontrar a sus seres queridos.
Su lucha ha puesto en evidencia las enormes debilidades de las instituciones encargadas de procurar e impartir justicia. También ha exhibido la insuficiencia de las políticas públicas destinadas a enfrentar el fenómeno de las desapariciones forzadas y cometidas por particulares. Cada hallazgo realizado por los colectivos ciudadanos constituye, al mismo tiempo, una esperanza para las familias y una severa llamada de atención para las autoridades.
La indignación social crece cuando las madres buscadoras denuncian falta de apoyo, indiferencia burocrática o incluso obstáculos institucionales para realizar su labor. Su reclamo no es político-partidista; es profundamente humano. Exigen verdad, justicia y la localización de quienes un día salieron de casa y nunca regresaron.
Paralelamente, el conflicto magisterial continúa siendo una fuente permanente de tensión política. Las movilizaciones de los docentes reflejan inconformidades acumuladas en torno a salarios, prestaciones, condiciones laborales, sistema de pensiones y políticas educativas. Más allá de las afectaciones que provocan los bloqueos y plantones, el problema revela la incapacidad de construir acuerdos duraderos entre las autoridades y uno de los sectores sociales con mayor capacidad de organización y movilización.
La historia reciente demuestra que los conflictos magisteriales rara vez se resuelven mediante la confrontación. Cuando prevalecen la cerrazón política o los intentos de descalificación mutua por soberbia e ineptitud, las tensiones escalan y terminan afectando a millones de estudiantes, padres de familia y ciudadanos que padecen las consecuencias de las protestas.
Lo preocupante es que ambos fenómenos convergen en un mismo punto: la creciente percepción de que las instituciones responden con lentitud a demandas legítimas de amplios sectores de la sociedad. La confianza ciudadana no se construye mediante discursos ni campañas de comunicación política; se fortalece cuando las personas observan resultados concretos en materia de seguridad, justicia, educación y bienestar.
En este contexto, los triunfos deportivos ofrecen momentos de alegría colectiva, pero no pueden sustituir la solución de los problemas estructurales del país. El futbol emociona, une y genera orgullo nacional, pero no encuentra desaparecidos, no reduce la impunidad ni resuelve conflictos sociales. Tampoco puede convertirse en una cortina de humo capaz de ocultar las exigencias de quienes demandan respuestas urgentes.
La verdadera medida del éxito gubernamental no se encuentra en los estadios ni en los marcadores deportivos, sino en la capacidad de garantizar derechos fundamentales, preservar la gobernabilidad democrática y atender eficazmente las demandas ciudadanas. Cuando las madres buscadoras continúan excavando con sus propias manos y los maestros siguen tomando las calles para ser escuchados, queda claro que persisten problemas de fondo que requieren atención inmediata.
Por ello, mientras la Selección Nacional celebra victorias en la cancha, el gobierno enfrenta una realidad mucho más compleja fuera de ella. En el marcador de la opinión pública, las madres buscadoras y los maestros han colocado sobre la mesa reclamos que no pueden ignorarse. Y aunque el futbol permita festejar durante noventa minutos, los desafíos de la seguridad, la justicia y la gobernabilidad siguen jugando tiempo extra en la agenda nacional.
Porque en México los partidos terminan con el silbatazo final, pero las exigencias de verdad, justicia y soluciones efectivas continúan mucho después de que se apagan las luces del estadio.
alfredo_daguilar@hotmail.com director@revista-mujeres.com @efektoaguila








