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 Ernesto LUMBRERAS*

 GUADALAJARA, JAL.- Hay algo del aleph borgiano en el arte de Karla de Lara, una tentativa de reunir el todo del mundo —el que fue, es y será— en un instante visual de permanente sucesión. ¿Cómo ordenar tan prodigiosa y terrible demencia? Dije, una tentativa, un esbozo, una aproximación, y por qué no, una puesta en escena brevísima de la realidad tocada y entrevista a varias bandas.

Como tener una visión al cruzar Times Square en Nueva York o Shibuya en Tokio. Una multitud de presencias y voces nos arrastra en su caos. Atrae nuestra perplejidad y angustia. Integra nuestra mirada a su vértigo que seduce y deslumbra. En esta experiencia de ver, pero también de ser en la pintura y la escultura de Karla de Lara, observo una muy particular historia de la pintura: el barroco de la escuela flamenca y el manierismo español, de Velázquez a Goya, en sintonía con el imaginario surrealista y del Pop Art. En tales coordenadas, la artista inventa sus ensueños y delirios, reconstruye los talleres y estudios de sus maestros como un diálogo socrático a través de imágenes surgidas de un dominio técnico que no cesa de reformularse y propiciarse nuevas aventuras plásticas.

Asimismo, en una suerte de repliegue o renuncia, de combatir sus destrezas, la pintora deviene en dibujante. El blanco de la superficie y el negro de la línea —como el paisaje de un tablero de ajedrez— acentúan la profundidad psicológica de sus retratos, una plenitud minimalista de la expresión del rostro humano, de la mirada que se sabe mirada, del cuerpo mismo que es visto y deseado. “La realidad es más real en blanco y negro” escribió Octavio Paz a propósito de la fotografía de Manuel Álvarez Bravo. Ése mismo verso también explica y, sin paradoja de por medio, cubre de veladuras, trampantojos y enigmas esta colección de piezas dibujadas con maestría.

En este equilibrio de lo vasto y lo mínimo, de lo caótico y lo armónico, Karla de Lara nos ofrece una vibrante visión de su imaginario, homenajes y profanaciones de su tradición pictórica, epifanías y exorcismos de su día a día donde la vigilia y el sueño intercambian sus personajes y sus planos de realidad. Entre el carnaval del color y la concentración del dibujo, su arte enriquece el inventario del mundo, multiplica las relaciones de sus creaturas y objetos sacando a la superficie vínculos insospechados, irónicos, trágicos o demenciales.

**Esta exposición estará durante julio-agosto de 2026

 

 

*Ernesto Lumbreras (Jalisco, 1966) *De la inminente catástrofe. Seis pintores mexicanos y un fotógrafo de Colombia de Ernesto Lumbreras, edición de la Universidad Autónoma de Nuevo León y de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México publicada en este 2021.Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. lumbrerasba@yahoo.es

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