Compartir

Ernesto LUMBRERAS*

GUADALAJARA, JAL.-El pasado mes de junio lo recordaremos como el mes de la rebelión de los poetas. Ante un acto autoritario gubernamental, la iniciativa de borrar el nombre y la vocación de la Casa del Poeta Ramón López Velarde, se fue generando de manera espontánea un movimiento inusitado como impetuoso, toda una protesta que pronto acaparó la atención mediática involucrando paulatinamente a otros sectores de la comunidad artística y de la ciudadanía no sólo de la Ciudad de México sino de diversos enclaves del país y del extranjero.

Aunque todavía no concluyen las resoluciones sobre el futuro de la Casa del Poeta —que deseamos se correspondan a los fundamentos y a la vocación bajo los cuales se constituyó— el alcance que ha tenido esta “causa poética” nos conmueve, pero también, nos compromete a estar pendientes sobre el futuro inmediato del recinto lopezvelardeano. Sí, nos conmovió profundamente saber que el legado y la imagen simbólica del autor de Zozobra —como emblemas de la poesía— convocara a tantos escritores, artistas y lectores al grado de asumir personalmente el agravio autoritario. La afrenta nos tocaba a muchos y de formas muy distintas. Por eso mismo, el desatino burocrático nos conminó con urgencia a cerrar filas. ¿La poesía, entonces, no sólo es asunto de los poeta? Desde la memoria, la conciencia y la visión profética, la otra voz de la poesía nos alertó de peligros contingentes y maniobras turbias.

Es verdad que se ganaron puntos valiosos. Se recuperó el nombre del poeta jerezano para la casa que por más de tres décadas ha sido el domicilio por excelencia para las actividades poéticas, obligando a las autoridades a renunciar al cambio de denominación, un insustancial “Casa de las palabras” con el que se desconocía la memoria del inmueble, la última morada de Ramón López Velarde donde escribiría sus mejores poemas desde su arribo definitivo, en enero de 1914, a la Ciudad de México. También, al menos por escrito, los funcionarios de la Secretaría de Cultura capitalina renunciaron a su desatino de instalar “el primer cabaret público” en el recinto velardeano sin importar el conflicto de interés de Ana Francis Mor, titular de la dependencia.

Ante la encrucijada actual y las que se aparezcan en el horizonte, estamos convencidos de que el resguardo, el estudio y la difusión de la obra de Ramón López Velarde deben ser una prioridad cultural de la Ciudad de México y del país, parte sustantiva de su memoria y de su imaginario. Por eso mismo, cualquier iniciativa que amenace su legado o pretenda manipularlo con afanes ideológicos, con toda seguridad activará otra vez la protesta y volveremos a alzar la voz “con la sabiduría del jacinto”, enérgicos y fieles ante tentativas que limiten el furor y el misterio de su creación literaria.

 

*Ernesto Lumbreras (Jalisco, 1966) *De la inminente catástrofe. Seis pintores mexicanos y un fotógrafo de Colombia de Ernesto Lumbreras, edición de la Universidad Autónoma de Nuevo León y de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México publicada en este 2021.Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. lumbrerasba@yahoo.es

 

Compartir