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Ernesto LUMBRERAS*

GUADALAJARA, JAL.- Repasar los nombres de los diputados de la XXVI legislatura es hacer un pase de lista de las mentes más brillantes de una época, un parteaguas histórico después de treinta años de dictadura. El legislador tabasqueño, Félix F. Palavicini no dejó pasar mucho tiempo para darnos su testimonio y balance sobre aquella camada de políticos honestos, de avanzada y valientes. En su libro Los diputados. Lo que se ve y no se ve en la cámara (1920) dedica un apartado para dar cuenta de las iniciativas de ley de su colega jalisciense así como de otras aportaciones de gran valía:

Dos notables iniciativas presentó el escritor tapatío fundador de Revista de Revistas: el proyecto de ley para suprimir toda designación religiosa a los partidos políticos registrados legalmente y la iniciativa formulada durante el cuartelazo de Veracruz, limitando la injerencia del ejército en la política, iniciativa que ha sido considerada como salvadora y sigue siendo motivo de muy serias meditaciones. (…)

Fue Vicepresidente de la Cámara en el mes de septiembre de 1912 y Presidente del Bloque Liberal Renovador en el mes de abril de 1913. La mayor celebridad del escritor tapatío la obtuvo con la acusación hecha ante la opinión universal, del Embajador Americano en México, señor Henry Lane Wilson, por su actitud en los trágicos días del mes de febrero.

La afrenta con el embajador estadounidense y con el usurpador le costó persecución y cárcel a nuestros coterráneo. A partir de este episodio siniestro que conoció hasta las entrañas del poder, escribió La culpa de Henry Lane Wilson en el gran desastre de México (1928), libro que suscitó la admiración de todo mundo, incluso la de políticos norteamericanos. El senador por Misisipi, Mr. Harrison declaró en 1927 tras conocer las denuncias de Luis Manuel Rojas: “no ha caído una mancha más negra en las páginas de nuestra historia diplomática, como son los que incidentes que comprenden esa época en México”.

Como muchos maderistas, huérfanos de su líder político, Luis Manuel Rojas reconoció en Venustiano Carranza al legítimo sucesor de la gesta revolucionaria. Por eso mismo, acompañó al varón de Cuatro Ciénagas en todos sus movimientos militares y políticos. Una vez derrotado Huerta, en agosto de 1914, el movimiento constitucionalista intentó en vano convertirse en gobierno provisional. Las otras fuerzas revolucionarias, el villismo y el zapatismo, se opusieron de manera rotunda. Esas diferencias desataron otra etapa feroz de nuestra lucha fratricida. Los sucesivos gobiernos de la Convención de Aguascalientes combatieron a Carranza y a su general estelar, Álvaro Obregón, mientras el coahuilense montaba su gobierno en el puerto de Veracruz acompañado de sus más fieles colaboradores entre los que se encontraban nuestro paisano.

Después de la derrota de Francisco Villa en Celaya, en abril 1915, los carrancistas regresaron a la capital del país para instalar su gobierno y continuar el proceso institucional de la Revolución mexicana. Y allí estará Luis Manuel Rojas cumpliendo diversas encomiendas, embajador de México en Guatemala, jefe del departamento de Bellas Artes, director de la Biblioteca Nacional, diputado y presidente del Congreso Constituyente 1916-1917. Una vez llevada a buen puerto la promulgación de la nueva carta magna, nuestro paisano siguió colaborando con el régimen de Carranza hasta el momento final y fatal de Tlaxcaltongo en mayo de 1920.

Dos años antes, el 22 de febrero de 1918, Luis Manuel Rojas se presentó en el Anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria para recordar al apóstol de la democracia. Un acto presidido por don Venustiano Carranza. Previo a la alocución del ahualulcense, los asistentes escucharon la marcha fúnebre La muerte de un héroe a cargo de la Orquesta Sinfónica. Cinco años después, el asesinato de Madero y Pino Suárez seguía siendo herida abierta, “obra de infamia y de ignominia”.

En Apología de don Francisco I. Madero habla el maderista de cepa, el testigo presencial de un movimiento que se abrió camino en circunstancias casi siempre adversas hasta constituirse en gobierno legítimo con retos inmediatos y enemigos en varios frentes En este memorioso opúsculo, Luis Manuel Rojas recuerda a otros mártires del maderismo, los diputados Serapio Rendón y Adolfo Gurrión así como el senador Belisario Domínguez, víctimas del chacal Huerta. Me conmueve la remembranza que hace el jalisciense de la activa presencia de las mujeres, de su valentía para moverse durante los días de terror del huertismo, llevando flores todos los días a la tumba de Madero en el panteón Francés como trasmitiendo informes y apoyando económicamente a los simpatizantes del presidente asesinado.

Este libro breve describe de cuerpo entero a Luis Manuel Rojas, hombre ejemplar que hasta sus días finales —murió el 27 de febrero de 1949 en la Ciudad de México— no dejó de ofrecer a la patria una idea o una acción a modo de bengala, capaz de alumbrarnos el presente con lecciones del pasado y con sueños del porvenir.

 

*Ernesto Lumbreras (Jalisco, 1966) *De la inminente catástrofe. Seis pintores mexicanos y un fotógrafo de Colombia de Ernesto Lumbreras, edición de la Universidad Autónoma de Nuevo León y de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México publicada en este 2021.Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. lumbrerasba@yahoo.es

 

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