Milka IBÁÑEZ*
CDMX.-Te casas con el amor de tu vida. La boda es hermosa, las familias celebran el matrimonio y llega ese momento en el que todos parecen esperar el siguiente paso: formar una familia. Tú también lo deseas, pero ¿qué pasa si no puedes? ¿hasta dónde llegarías por cumplir el sueño de gestar un bebé, tu bebé?
Un hijo propio, producción mexicana dirigida por la cineasta chilena Maite Alberdi, nos cuenta la historia real de Eleonor Alejandra Marín Mendoza, una mujer que, después de sufrir varios abortos espontáneos y vivir bajo la constante presión de convertirse en madre, decidió fingir un embarazo. Una mentira que creció durante meses hasta llevarla a cometer un acto desesperado: robar a una bebé recién nacida del Hospital General de México y sacarla escondida dentro de una bolsa de Sears. El caso se convirtió en un escándalo mediático y Alejandra terminó en prisión.

Pero Alberdi no se queda únicamente en el hecho que ocupó titulares. Como ya lo ha hecho en La once, El agente topo y La memoria infinita, vuelve a acercarse a sus personajes con esa intimidad que caracteriza su cine. No busca justificar ni juzgar a Alejandra; intenta mirar qué existe detrás de una decisión que, vista desde fuera, parece incomprensible. Se adentra en los testimonios de los protagonistas, sigue sus vidas y descubre esos matices que nos hacen humanos: las contradicciones, los miedos, la frustración y las presiones que, acumuladas, pueden llevarnos a lugares que nunca imaginamos.
A partir de una realidad ficcionada, con las sensibles actuaciones de Ana Celeste Montalvo y Armando Espitia, la película nos lleva por un mar de emociones. El diseño de producción de Estefanía Larraín de la Cerda y la fotografía de Sergio Armstrong e Ignacio Miranda Hiriart también construyen la personalidad y los deseos de los personajes. Los rosas, las flores y los espacios cargados de una feminidad casi idealizada hablan de ternura, pero también de aquello que socialmente se espera de una mujer: ser femenina, ser coqueta, casarse y, por supuesto, ser mamá.

Recuerdo esta historia porque en su momento fue sumamente viral. Sin embargo, verla reconstruida desde esta mirada provoca otras preguntas. ¿Cuánto puede pesar el constante “para cuándo el bebé”? ¿por qué seguimos pensando que un hijo tiene que llevar nuestra sangre para continuar una herencia familiar? ¿cuántos deseos son realmente nuestros y cuántos aprendimos como parte de ese “deber ser”?
Quizá la primera parte funciona más como el retrato de los hechos, pero es en la segunda parte donde la película comienza verdaderamente a desmenuzar a sus personajes y, con ellos, también nuestros propios prejuicios. Ahí dejamos de observar el caso desde la nota roja para encontrarnos con las personas que quedaron detrás del escándalo.

Un hijo propio está disponible en Netflix. Es un documental para ver y reflexionar en familia, pero sobre todo para cuestionarnos cuánto daño pueden hacer las expectativas que repetimos sin pensar y esa presión que, todavía hoy, acompaña a tantas mujeres: sé femenina, cásate, sé mamá. Este solo es un caso de muchos y vale totalmente la pena reflexionar con películas como estas humanas y de que alguna manera dejan el corazón con brillo.

*Oaxaqueña, productora de cine, gestora cultural y directora del Festival Internacional de Cine y Comedia 24 Risas por Segundo.









