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Alfredo MARTÍNEZ DE AGUILAR

  • La delincuencia organizada no sobrevive únicamente gracias a las armas. Su verdadero poder radica en el dinero que se lava mediante empresas fachada, inversiones, prestanombres, operaciones comerciales, contratos públicos, negocios inmobiliarios y sofisticadas redes financieras que trascienden las fronteras nacionales.
  • En Oaxaca, donde en los últimos años se ha documentado ampliamente la expansión de distintos grupos criminales, la pregunta ya no es si la delincuencia organizada tiene presencia en el estado, sino qué tan profundamente ha logrado infiltrarse en actividades económicas, estructuras gubernamentales y espacios de poder.

El éxito inicial del Operativo Interinstitucional en la Costa Chica al desarticular una célula delictiva y realizar un decomiso histórico de armamento confirma que, si hay voluntad política y decisión firme de las autoridades ¡Sí se puede atorar a la maña en Oaxaca! Porque, además,ai vienen los gringos tras declarar a seis cárteles organizaciones terroristas globales y por los negocios de Maduro en hoteles.

Al mismo tiempo, se confirmó, una vez más, que siempre serán exitosas las acciones de inteligencia y reacción coordinadas sin celos profesionales, ni egoísmo, ni traiciones, entre las fuerzas de los tres niveles de gobierno —DEFENSA, SEMAR, Guardia Nacional, SSPC Oaxaca, la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) y la Policía Vial Estatal, con la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO).

Hay momentos en que una decisión internacional cambia las reglas del juego. La designación de diversos cárteles mexicanos como organizaciones terroristas por parte de Estados Unidos no resuelve, por sí misma, el problema de la violencia en México, pero sí altera de manera significativa el entorno en el que operan las estructuras criminales y quienes las sostienen económica, política y logísticamente.

La delincuencia organizada no sobrevive únicamente gracias a las armas. Su verdadero poder radica en el dinero. Dinero que se lava mediante empresas fachada, inversiones, prestanombres, operaciones comerciales, contratos públicos, negocios inmobiliarios y sofisticadas redes financieras que trascienden las fronteras nacionales.

Por ello, la nueva estrategia coloca en el centro de la batalla no solo a los sicarios y a los jefes criminales, sino también a las finanzas que alimentan sus organizaciones. La inteligencia financiera, el intercambio de información entre agencias internacionales y el rastreo de activos pueden resultar mucho más devastadores para un cártel que un operativo militar de alto impacto.

En Oaxaca, donde en los últimos años se ha documentado la expansión de distintos grupos criminales, la pregunta ya no es si la delincuencia organizada tiene presencia, sino qué tan profundamente ha logrado infiltrarse en actividades económicas, estructuras institucionales y espacios de poder. Esa es la discusión que realmente importa.

El nuevo escenario internacional también incrementa el escrutinio sobre operaciones económicas con alcance transnacional. En ese contexto, cualquier relación comercial o financiera con personas, empresas o gobiernos sujetos a sanciones internacionales —incluidas las que en distintos foros se han discutido respecto del gobierno de Nicolás Maduro— puede atraer una mayor atención de las autoridades competentes. Corresponderá a las instituciones investigar, con pruebas y conforme al debido proceso, cualquier posible irregularidad que esté dentro de su competencia.

La cooperación internacional no sustituye a la justicia mexicana. Pero sí envía un mensaje inequívoco: las fronteras ya no son un refugio seguro para las redes financieras del crimen organizado. El dinero deja huellas, y seguir su rastro suele ser más eficaz que perseguir únicamente a los operadores visibles.

Oaxaca no necesita esperar a que una agencia extranjera resuelva sus problemas. Lo que necesita es fortalecer a su Fiscalía, profesionalizar a sus cuerpos de investigación, blindar la inteligencia financiera estatal y federal, combatir la corrupción y garantizar que nadie quede al margen de la ley por razones de poder político, económico o criminal.

La expresión popular ¡Ai vienen los gringos! refleja hoy una realidad distinta. No significa que otro país vaya a hacer el trabajo que corresponde a México, sino que el margen de maniobra para las organizaciones criminales puede reducirse cuando existe una coordinación internacional más estrecha y un seguimiento más eficaz del dinero ilícito.

La verdadera noticia no es que vengan los gringos. La verdadera noticia será que, por fin, México y Oaxaca demuestren que pueden combatir al crimen organizado con inteligencia, instituciones sólidas, investigaciones profesionales y una aplicación imparcial de la ley. Si la presión internacional sirve para acelerar ese proceso, bienvenida sea. Pero la victoria no dependerá de Washington; dependerá, sobre todo, de la capacidad y la voluntad del Estado mexicano para hacer valer el Estado de derecho.

Porque, al final, sí se puede atorar a la maña. No con discursos estridentes ni con ocurrencias, sino siguiendo el dinero, desmantelando las redes de corrupción y aplicando la ley sin excepciones. Esa ha sido siempre la verdadera ruta para debilitar al crimen organizado.

alfredo_daguilar@hotmail.com                                                                                                    director@revista-mujeres.com                                                                                                            @efektoaguila

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