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Lizbeth Bravo

La medicina ha avanzado de manera extraordinaria. Hoy puede trasplantar órganos, secuenciar genomas, desarrollar terapias contra distintos tipos de cáncer y utilizar inteligencia artificial para detectar enfermedades. Sin embargo, existe una deuda que sigue pendiente, conocer suficientemente bien el cuerpo de las mujeres.

No se trata de decir que la ciencia nunca investigó a las mujeres. Sería falso y simplista. El problema es más profundo, durante décadas, la investigación biomédica utilizó al hombre como referencia y no siempre incorporó el sexo como una variable relevante para entender enfermedades, síntomas, efectos secundarios o respuestas a los tratamientos.

Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, tuvieron que establecer en 1993 una política para promover la inclusión de mujeres en la investigación clínica. Posteriormente, en 2016, establecieron la política Sex as a Biological Variable, que obliga a considerar el sexo como una variable biológica en la investigación preclínica cuando resulte científicamente pertinente.

Que estas políticas hayan tenido que existir es revelador, la participación de las mujeres en la ciencia médica no siempre significó que la ciencia estuviera estudiando sus particularidades. Y las consecuencias pueden ser muy concretas.

En 2013, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, la FDA, redujo las dosis recomendadas de zolpidem para las mujeres porque encontró que ellas eliminaban el medicamento más lentamente y podían presentar concentraciones más elevadas en la sangre a la mañana siguiente. Para las presentaciones de liberación inmediata, la dosis recomendada para mujeres pasó de 10 a 5 miligramos.

Una diferencia aparentemente pequeña, pero que revela una cuestión enorme, el organismo femenino puede procesar un medicamento de manera diferente y durante años podemos no haberlo sabido suficientemente bien.

La Organización Mundial de la Salud calcula que aproximadamente 190 millones de mujeres en edad reproductiva, alrededor del 10%, viven con endometriosis. la cual puede producir dolor pélvico crónico, menstruaciones incapacitantes, dolor durante las relaciones sexuales e infertilidad, sin embargo, el diagnóstico puede tardar años.

Necesitamos más estudios sobre endometriosis, menopausia, salud cardiovascular femenina, enfermedades autoinmunes, dolor pélvico, salud reproductiva y muchas otras condiciones que han recibido históricamente una atención insuficiente.

Necesitamos también más datos desagregados por sexo, más mujeres en los ensayos clínicos y análisis que permitan saber si un tratamiento funciona igual en hombres y mujeres.

La salud de las mujeres no necesita únicamente más consultas, más campañas o más especialistas. Necesita que la ciencia deje de llegar tarde. Porque conocer el cuerpo femenino no debería ser una asignatura pendiente de la medicina moderna.

 

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