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 Karla MARTÍNEZ DE AGUILAR

Fotografías: Jorge Luis Plata

Locación: Magdalena Apazco Oaxaca

 En Magdalena Apazco, Etla, la cantera no es solamente una piedra que se transforma con el marro, el cincel y el punzón. Es memoria, identidad y una forma de entender el trabajo que durante generaciones ha pasado de padres a hijos. En este pueblo, reconocido por su tradición cantera, cada golpe sobre la piedra lleva consigo una historia familiar y comunitaria.

Para el Ingeniero Edgar Martínez Cervantes, continuar este oficio representa mucho más que conservar una actividad económica: significa honrar el legado de sus abuelos y de su padre, el maestro cantero Gilberto Martínez, y mantener viva una tradición que forma parte del orgullo de Magdalena Apazco y de Oaxaca.

Su historia comenzó desde niño, entre talleres, piedras y herramientas, aprendiendo no solamente a trabajar la cantera, sino también el valor de hacer bien las cosas, cuidar cada detalle y atender con respeto a quienes depositan su confianza en el artesano. Con el paso de los años, aquel aprendizaje familiar se convirtió en una vocación artística y en un compromiso con su comunidad.

Hoy, desde su taller Esculturas -Detalles en Mármol y Cantera-, Edgar Martínez continúa labrando piezas que llevan consigo una parte de su historia y la de muchas generaciones de canteros de Magdalena Apazco. Su trayectoria también es un llamado a revalorar un oficio ancestral que, detrás de cada escultura y cada obra, representa conocimiento, esfuerzo, creatividad, empleo y una manera de preservar la identidad oaxaqueña.

¿Qué significa para usted haber aprendido el oficio de la cantería desde niño y cómo influyó su padre, el maestro cantero Gilberto Martínez, en su formación como artesano y escultor?

Mi padre es mi gran maestro, aprender el oficio de la mano de él, la parte teórica pero sobre todo en la práctica, la gran experiencia con la que él cuenta, ver como propone un proyecto arquitectónico y resuelve algún problema que se presente con una maestría impresionante es un aprendizaje que los años de trabajo te brindan, pero además he aprendido la atención al cliente, el cuidado de los detalles y la importancia de poner dedicación en cada pieza, en cada elemento y en cada obra.

Gracias a esa enseñanza he podido continuar con un legado de herencia familiar que nos permite expresarnos de una manera muy auténtica. Al final, logramos plasmar en cada pieza y en cada golpe del punzón contra la piedra nuestra propia forma de ser, pero también todo aquello que hemos aprendido de quienes estuvieron antes que nosotros.

 

La cantería es un oficio que se transmite de generación en generación. ¿Qué representa para ti continuar con esta tradición familiar y contribuir a que este oficio siga vivo en Magdalena Apazco, Etla?

Me da mucho gusto y, al mismo tiempo, me genera una gran responsabilidad. En algunas partes de México y del mundo se reconoce la importancia del oficio ancestral del labrado de cantera, y eso nos enorgullece. Saber que una labor que comenzaron nuestros abuelos continúa vigente con nosotros es algo muy significativo.

Pero también implica cargar con una responsabilidad muy fuerte. Empiezan a reconocerte y te preguntan: “¿Eres hijo de Gilberto Martínez?”, “¿Tu abuelo fue el señor Fabián Martínez?”. O simplemente te dicen: “Ah, sí, de los canteros de Apasco”.

Todo eso habla de lo que representamos y de la responsabilidad que tenemos de hacer bien las cosas. Ser de Magdalena Apazco y dedicarnos a este oficio significa llevar con nosotros una historia familiar y comunitaria.

Se dice que nadie es profeta en su tierra, pero en muchos otros lugares el trabajo de nuestras familias ha sido reconocido. Eso nos compromete todavía más a seguir haciendo las cosas con calidad y a mantener vivo este oficio.

¿Cómo fue el momento en que tu padre depositó en usted la confianza para realizar su primera escultura, aquella cabeza de caballo, y posteriormente una imagen de la Virgen de Guadalupe?

Me causó una gran sorpresa. Mi padre es una persona muy exigente con su trabajo; diría que es impecable. Por eso, cuando se comprometió con un cliente y posteriormente me dijo: “Hazla. Estas son las medidas; busca y escoge la piedra en el taller”, yo me quedé pensando: “¿Y qué voy a hacer?, ¿y si no puedo?, ¿y si no les gusta?”.

Pero no hubo mucho tiempo para dudar. Sentí esa confianza y me envalentoné. Empecé a hacerla por las tardes, cuando regresaba de la secundaria, y así continué realizando muchas más piezas hasta terminar la carrera.

Cada pieza es importante y tiene un reto particular. Son muchas las variables que intervienen en una escultura y, por eso, tratamos cada cliente y cada pedido con mucho respeto y con la mejor disposición para que quede satisfecho con nuestro trabajo.

Con el paso de los años, la cantería dejó de ser solamente un oficio familiar para convertirse también en una expresión artística. ¿En qué momento descubrió que la escultura era una de sus principales vocaciones y cómo fue desarrollando su propio estilo?

Desde niños comenzamos en los talleres sacando escombro, buscando piedra, acompañando a los mayores en las camionetas hacia las vetas de cantera. Conforme vas aprendiendo, el encargado del taller o de la obra te asigna actividades más complejas y de mayor responsabilidad, de acuerdo con tus cualidades o con las necesidades del trabajo.

En mi caso fue un proceso muy orgánico. Al final, fui el único al que mi padre le dio la confianza para continuar con la elaboración de este tipo de piezas. El hecho de aceptar esas encomiendas, aun con miedo y dudas, fue lo que me hizo perder el temor.

Fue una circunstancia familiar la que me llevó a entrar en la escultura: quien elaboraba esas piezas dejó de hacerlo y yo entré prácticamente de rebote. Pero me encantó y aquí sigo.

Y sigo aprendiendo. De cada cantero, de mis tíos y de mis compañeros siempre hay algo que aprender. En este oficio nunca dejas de hacerlo.

En 2014 decidiste iniciar tu propio taller, Esculturas Detalles en Mármol y Cantera, sin dejar de colaborar con familiares, amigos y otros artistas de la comunidad. ¿Qué importancia tiene para ti mantener esos vínculos y trabajar de manera colectiva?

Es mi mayor baluarte. Aunque mi trabajo en la escultura es notorio, siempre cuento con el respaldo de toda una organización de canteros de la comunidad y también de compañeros escultores de gran nivel.

Esa experiencia colectiva es una de nuestras mayores fortalezas. Actualmente, como miembro de BNI, mi garantía son esas tres generaciones de experiencia, conocimiento y mano de obra que provienen de los talleres familiares de los que procedemos.

La cantera nunca ha sido solamente el trabajo de una persona. Detrás de una pieza hay familias, talleres, conocimientos y muchas manos que hacen posible que una obra llegue a su destino.

Haz llevado tu trabajo a diferentes lugares de Oaxaca y de la República, además de participar en concursos, exposiciones y ferias artesanales. ¿Qué significa para usted que una pieza hecha con sus manos y con materiales de la región pueda representar a Magdalena Apazco en otros lugares?

El oficio de Magdalena Apazco ya es reconocido en algunas partes y, ahora, con las piezas que hacemos, tenemos la oportunidad de llevar un poco más lejos esa identidad.

En cada obra dejamos literalmente lo que somos. Dejamos nuestro tiempo, nuestra vida, nuestras alegrías, nuestros malos momentos y todo aquello que forma parte de nuestra historia. Es dejar un legado en este planeta.

Y es algo muy hermoso cuando la gente y los clientes lo reconocen, porque eso no se puede pagar con dinero. Es algo mucho más profundo; es algo que viene del alma.

Después de tantos años frente al marro y al cincel, ¿qué legado te gustaría dejar a las nuevas generaciones de tu familia y de la comunidad?

El legado que quisiera dejar es el de hacer algo que te apasiona y que te da plenitud; reconocer un don y tener la libertad de desarrollarlo para servir a las personas que lo buscan o lo necesitan.

Porque ser cantero o escultor no solamente significa ser artista o artesano. También implica aprender de relaciones públicas, publicidad, marketing, cobranza, contratación, diseño, transporte y muchas otras actividades.

Hay que negociar, presupuestar, generar empleos y crear oportunidades. El impacto es general en la comunidad y también en el estado, porque alrededor de cada trabajo se involucra a más personas y a distintos servicios.

Por eso considero importante revalorar este oficio. La cantera genera mucho más que una pieza: genera conocimiento, empleo, colaboración y una identidad que se transmite de generación en generación.

¿Cuál sigue siendo el reto y/o el sueño por cumplir?

De manera muy personal, alcanzar una paz interna y tener la confianza de que mis piezas puedan ser aceptadas en un mercado internacional, donde las personas puedan conocernos y adquirir nuestro trabajo.

Me gustaría lograr esos peldaños junto con las personas indicadas, para que quien quiera nuestras obras, en cualquier parte del mundo, sepa dónde estamos y dónde puede encargarlas.

En resumen, mi sueño es seguir superándome, llegar a lugares cada vez más lejanos y continuar trabajando junto con nuestros paisanos en este noble oficio.

Porque al final, cuando trabajamos la cantera, no solamente estamos transformando una piedra. Estamos manteniendo viva una historia familiar, una tradición de Magdalena Apazco y una parte de la identidad de Oaxaca.