Milka IBÁÑEZ*
GUADALAJARA, JAL.- En el marco del Festival Internacional de Cine de Guadalajara 2026, tuve la oportunidad de ver Azul Oscuro, Azul Celeste, dirigido por Carlos Carrera y Carlos Bátiz, este documental es incisivo, cuestiona y, sobre todo, revela. No es solo una película sobre fútbol, aunque el Cruz Azul esté en su centro; es una radiografía de poder, de estructuras enquistadas y de cómo una identidad colectiva puede ser atravesada por intereses que rebasan lo deportivo.
La cinta se construye a partir de testimonios, investigación documental y un seguimiento minucioso de archivos y documentos de archivo, partidos, noticiarios. Su narrativa no busca el escándalo fácil, sino el entendimiento de una red compleja donde política, dinero y justicia se entrelazan. La Cooperativa La Cruz Azul, dueña de uno de los equipos más emblemáticos del país, se convierte en el epicentro de una historia que durante décadas operó en la opacidad.

Lo que se expone es contundente: disputas internas por el control institucional que derivaron en acusaciones de corrupción, persecuciones judiciales, escándalos personales internos y un desfalco estimado en 42 mil millones de pesos. Una cifra que, como menciona el abogado Rafael Anzúres Ortiz, equivale a “siete veces la estafa maestra”. Pero más allá de eso, lo que impacta es la normalización de estas prácticas dentro de estructuras que, en teoría, pertenecen a la comunidad.
El documental también se detiene en la dimensión simbólica del Cruz Azul. Un equipo campeón en nueve ocasiones, dominante en los años setenta, que pasó veintitrés años sin levantar un título tras 1997. Es ahí donde emerge la famosa “cruzazuleada”: un término que trascendió lo deportivo para convertirse en una metáfora nacional de frustración, de expectativas rotas, de esa tensión entre lo que se es y lo que no se logra concretar.

Sin embargo, la película no se queda en la derrota. El triunfo en el torneo Guardianes 2021 aparece como un cierre emocional para la afición, una especie de redención colectiva que contrasta con un frente legal aún abierto. Porque mientras el equipo rompía la sequía en la cancha, la cooperativa seguía enfrentando las consecuencias de años de conflictos internos.
Lo más inquietante de Azul Oscuro, Azul Celeste es su capacidad de desplazar la mirada: nos recuerda que la corrupción y las redes de poder no solo habitan en los márgenes visibles, sino también en instituciones que forman parte de nuestra vida cotidiana. El fútbol, en este caso, funciona como espejo y como vehículo para entender un país.
En términos formales, el documental apuesta por una estructura clara, meticulosa, donde cada testimonio suma a una construcción más amplia. No hay artificios innecesarios; hay, en cambio, una intención de evidenciar, de dejar que los hechos hablen.

Salir de la sala implica más que haber visto una película. Es llevarse preguntas como ¿qué tanto sabemos de las instituciones que admiramos?¿Qué hay detrás de esas instituciones que se han vuelto parte de nuestra vida, nuestra pasión?
Porque al final, Azul Oscuro, Azul Celeste no solo habla de Cruz Azul. Habla de nosotros.
Esta película está próxima a estrenarse en nuestro país en las salas de cine, en serio la disfrutarán mucho en pantalla grande, para más información sigan la cuenta de instagram: @azuloscuro_azulceleste y @artkingdom

*Oaxaqueña, productora de cine, gestora cultural y directora del Festival Internacional de Cine y Comedia 24 Risas por Segundo.






