Alfredo MARTÍNEZ DE AGUILAR
- En Veracruz, el desarrollo habitacional Bosques de Río Medio, del programa Vivienda para el Bienestar sufrió daños, hundimientos y afectaciones en su infraestructura por las lluvias apenas meses después de su entrega e inauguración.
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La imagen recuerda las escenas en La Guaira tras los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela: viviendas destruidas, familias desplazadas y una ciudadanía que termina pagando el costo de decisiones públicas deficientes.
México sigue avanzando a pasos agigantados hacia la venezolización no solo en materia de seguridad nacional y pública por el creciente control del poder por la narcopolítica en dos terceras partes del territorio nacional, sino por la pésima calidad en la construcción de los proyectos de obras públicas insignia, Tren Maya, la refinería de Dos Bocas, AIFA y el Tren Interoceánico.

Las primeras lluvias pusieron a prueba lo que la propaganda había presentado como un emblema del bienestar. En Veracruz, el desarrollo habitacional Bosques de Río Medio, del programa Vivienda para el Bienestar sufrió daños, hundimientos y afectaciones en su infraestructura apenas meses después de su entrega e inauguración. Más que un incidente aislado, el episodio reabre un debate incómodo: ¿se está privilegiando la rapidez política sobre la calidad técnica de las obras públicas?
La naturaleza siempre termina exhibiendo aquello que los discursos oficiales intentan ocultar. Si una obra de reciente construcción presenta hundimientos, socavones o fallas estructurales con las primeras lluvias, resulta inevitable preguntar si se realizaron adecuadamente los estudios geotécnicos, hidráulicos y de mecánica de suelos, o si prevaleció la prisa por inaugurar antes que la obligación de construir con calidad y seguridad.

La imagen recuerda, como metáfora política —no como equivalencia técnica—, las escenas observadas en La Guaira tras los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela: viviendas destruidas, familias desplazadas y una ciudadanía que termina pagando el costo de decisiones públicas deficientes. La diferencia es evidente: en Venezuela la devastación obedeció a un fenómeno sísmico extraordinario; en Veracruz, las preguntas apuntan a la calidad constructiva y a la planeación de una obra sometida únicamente a lluvias intensas.
El verdadero problema no es únicamente el daño físico. Es la erosión de la confianza pública. Cada peso invertido en vivienda social proviene del esfuerzo de millones de contribuyentes y trabajadores. Cuando una obra presenta fallas prematuras, también se fractura la credibilidad institucional.
La política social pierde legitimidad cuando la calidad de las construcciones no corresponde a las promesas oficiales. Una vivienda destinada a proteger a las familias no puede convertirse en motivo de incertidumbre cada vez que llueve.
Corresponde ahora a las autoridades transparentar los dictámenes estructurales, identificar a las empresas responsables, revisar los procesos de supervisión y, en su caso, exigir responsabilidades administrativas, civiles o penales si se acredita negligencia. La rendición de cuentas no debe terminar con el corte del listón inaugural.
El bienestar no se mide por el número de viviendas entregadas ni por la espectacularidad de las ceremonias oficiales. Se mide por la capacidad de esas viviendas para resistir el paso del tiempo y proteger a quienes las habitan. Cuando una obra pública falla a la primera prueba, el problema deja de ser técnico y se convierte en un asunto profundamente político.
alfredo_daguilar@hotmail.com director@revista-mujeres.com @efektoaguila








