Alfredo MARTÍNEZ DE AGUILAR
- El turismo, principal motor económico de Oaxaca, después del narcotráfico, no puede depender únicamente de campañas de promoción ni de la riqueza cultural y natural del estado. Requiere planeación estratégica, innovación permanente y decisiones sustentadas en evidencia.
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Oaxaca posee un patrimonio cultural y gastronómico extraordinario, pero ello, por sí solo, ya no garantiza la llegada de visitantes. Los visitantes nacionales e internacionales buscan seguridad, conectividad, infraestructura, calidad en los servicios y experiencias memorables.
Antes que buscar culpables, Oaxaca necesita asumir una realidad que ya no puede seguir ocultándose con discursos optimistas: la baja ocupación hotelera y la disminución de la afluencia turística son síntomas de problemas estructurales que exigen una profunda reingeniería de la llamada industria sin chimeneas.
El turismo, principal motor económico de miles de familias oaxaqueñas, después del narcotráfico, no puede depender únicamente de campañas de promoción ni de la riqueza cultural y natural del estado. Requiere planeación estratégica, innovación permanente y decisiones sustentadas en evidencia.
La competencia entre destinos turísticos es hoy más intensa que nunca. Los viajeros nacionales e internacionales son cada vez más exigentes; buscan seguridad, conectividad, infraestructura, calidad en los servicios y experiencias memorables. Oaxaca posee un patrimonio cultural y gastronómico extraordinario, pero ello, por sí solo, ya no garantiza la llegada de visitantes.
Por ello resulta imperioso que pueblo y gobierno impulsen conjuntamente un proceso de reingeniería y mejora continua del sector turístico. La responsabilidad no corresponde exclusivamente a las autoridades. También compete al empresariado, a las universidades, a los centros de investigación y a todos aquellos que, desde distintos ámbitos, generan conocimiento, innovación y propuestas para fortalecer la competitividad del estado.
En ese esfuerzo colectivo, la participación activa y permanente del sector privado y del sector educativo desempeña un papel determinante. Los empresarios turísticos conocen de primera mano las necesidades del mercado, las tendencias de los consumidores y los obstáculos que enfrentan diariamente hoteles, restaurantes, agencias de viaje y prestadores de servicios. Paralelamente, investigadores y especialistas académicos aportan metodologías, análisis de datos, estudios prospectivos y modelos de gestión que permiten diseñar políticas públicas más eficaces.
Precisamente bajo esa lógica surgió el Observatorio Turístico del Estado de Oaxaca, concebido como un mecanismo para recopilar información, evaluar indicadores y orientar las decisiones públicas mediante evidencia técnica. La intención es encomiable y representa un avance institucional que merece reconocerse.
Sin embargo, el proyecto nació incompleto. El Decreto 1534, mediante el cual la LXV Legislatura del Estado aprobó la Ley correspondiente el 6 de septiembre de 2023, publicado en el Periódico Oficial del Estado, número 38, Sexta Sección, el 23 de septiembre del mismo año, presenta una limitación que disminuye considerablemente la eficacia del propio Observatorio.

Paradójicamente, quienes generan buena parte del conocimiento especializado y quienes diariamente enfrentan la realidad del mercado turístico participan únicamente como invitados, sin capacidad efectiva para incidir en las decisiones. La legislación les reconoce presencia, pero les niega voz decisoria mediante el voto.
Es comprensible —aunque difícilmente justificable— que el diseño institucional haya privilegiado una composición gubernamental para evitar perder votaciones dentro del órgano colegiado. Sin embargo, esa lógica política termina debilitando el objetivo técnico que dio origen al Observatorio.
Ningún órgano de consulta puede aspirar a convertirse en auténtico laboratorio de políticas públicas si excluye precisamente a quienes poseen la experiencia práctica y el conocimiento científico necesarios para enriquecer el debate. Un observatorio que observa, pero cuyos especialistas no deciden, corre el riesgo de convertirse en una simple instancia testimonial.
La gobernanza moderna exige corresponsabilidad. Los gobiernos exitosos ya no concentran todas las decisiones; construyen consensos, incorporan inteligencia colectiva y fortalecen la participación ciudadana organizada. El turismo, por su propia naturaleza, demanda precisamente ese modelo de gobernanza colaborativa.
Las experiencias internacionales demuestran que los destinos más competitivos son aquellos donde gobiernos, empresarios, universidades y sociedad civil diseñan conjuntamente las estrategias de promoción, sustentabilidad, capacitación, innovación tecnológica y desarrollo regional. La pluralidad no debilita las instituciones; por el contrario, las fortalece.
Oaxaca necesita transitar hacia ese modelo. No basta con escuchar opiniones si estas no tienen capacidad de influir en las resoluciones finales. La participación sin voto termina siendo una cortesía institucional más que un verdadero ejercicio democrático de construcción de políticas públicas.
Por ello resulta urgente que el Congreso del Estado emprenda una reforma al Decreto 1534 para perfeccionar la integración del Observatorio Turístico del Estado de Oaxaca, otorgando voz y voto a los representantes del sector privado y del ámbito académico, actualmente simples “convidados de piedra”.
No se trata de desplazar al gobierno ni de privatizar las decisiones públicas. Se trata de reconocer que la inteligencia colectiva genera mejores resultados que la visión unilateral. El conocimiento técnico, la experiencia empresarial y la investigación científica deben convertirse en aliados permanentes de la política pública.
Si Oaxaca aspira a recuperar el dinamismo turístico, incrementar la ocupación hotelera, atraer mayor inversión y consolidarse como uno de los destinos más competitivos de México, debe comenzar por fortalecer las instituciones encargadas de planear su futuro.
Porque el turismo no se gobierna desde la improvisación, sino desde la información. Y la información adquiere verdadero valor cuando quienes la producen también participan plenamente en la toma de decisiones. Un Observatorio Turístico fuerte, plural e incluyente no constituye una concesión política: representa una condición indispensable para construir un turismo más competitivo, sostenible y próspero para Oaxaca.
alfredo_daguilar@hotmail.com director@revista-mujeres.com @efektoaguila








