- Por Mtro. José María Villalobos Rodríguez.
“Si al gobierno mexicano se le diera a administrar el Desierto del Sahara, escasearía la arena”.- MILTON FRIEDMAN. Premio Nobel de Economía.
A finales de 1970 las instituciones públicas de la Gran Bretaña eran consideradas de las mejores del mundo. Las prácticas de gobernar faltando a la verdad no eran usuales en esos años y el hacerlo mediante la ficción y el acarreo de multitudes (de derecha o izquierda) se practicaba en los países bananeros de América Latina. Todo cambió en 1979 cuando en Gran Bretaña llegó al poder como Primer Ministro Margaret Thatcher (1912- 2013)–, conocida después como la “DAMA DE HIERRO” por su terquedad y, sobre todo, por su convencimiento de reducir al mínimo la intervención del Estado y el poder de los sindicatos. Renunció en 1990 y en su récord tuvo el triunfo en la Guerra de las Malvinas contra Argentina con el que Inglaterra retuvo el control sobre el Archipiélago austral. La Thatcher cimbró las instituciones que proporcionaban servicios públicos obligándolas a soportar grandes recortes presupuestales de tal magnitud que casi las extermina. Prevaleció en su mente la idea obsesiva de adelgazar el gasto en salud, educación, fomento económico o desarrollo regional.
Junto con Ronald Reagan en Estados Unidos y hasta con el Papa Juan Pablo II la Thatcher se obstinó en que fueran ahora las “fuerzas del mercado” y no el erario quienes proporcionaran bienes y servicios a la sociedad.
Ganaron la batall, pero a un alto costo para la calidad de vida de quienes en su vejez, ahora, no pueden pagar consultas a médicos privados o seguros de gastos médicos mayores que cuestan el equivalente a entre 20 mil a 30 mil pesos mensuales.
La investigación científica inglesa – que tuviera notables avances en todos los campos fue desprovista de fondos públicos. Aquellos centros famosos por el desarrollo de nuevos medicamentos o vacunas quedaron en el recuerdo.
Se privatizó casi todo y se impuso la creencia de que el Estado había sido pésimo administrador.
Los gastos militares en Estados Unidos y en la Gran Bretaña en cambio recibieron carretadas de fondos públicos para ir mermando la “amenaza” de la Unión Soviética y sus naciones satélites incluido Cuba. La carrera armamentista llevó a la quiebra al bloque soviético. Incapaz de seguir financiando la carrera bélica, la Unión se partió en nuevas naciones que como en el caso de la Alemania Oriental se tuvo que vender con todo y gente a la República Federal de Alemania.
Ronald Reagan (1911 – 2004) tuvo un padre alcohólico, lo cual encauzó al nativo de Tampico, Illinois, PL a rescatar desde la Presidencia (1981-1989) a los Estados Unidos del IMPERIO DEL MAL (Unión Soviética).
Encontramos que actualmente las convicciones federales, políticas de gasto con impagos y las actuales prioridades federales en nuestro país tienen gran parecido con las de Margaret Thatcher y Ronald Reagan:
1.- Reducir a casi nada el gasto en mantenimiento de la CONAGUA.
2.- Minimizar fondos para protección civil: dejar sin dinero para combustibles a las unidades anti incendio forestal o sin inspectores de condiciones de trabajo a la Secretaría del Trabajo – vean ahora el desastre humano en la zona carbonífera de Coahuila.
3.- Extinguir la mayor parte de becas en el extranjero desde el CONACYT, desaparecer escuelas de tiempo completo y guarderías para hijos de madres trabajadoras y reducir gasto educativo.
4.- Destruir o ningunear a las organizaciones colectivas campesinas,
5.- Estrangular el gasto de en apoyo a la producción alimentaria y dejar que se incremente el uso de semillas transgénicas.
6.- Recortar en 70% el mantenimiento en escuelas, hospitales, reclusorios, aeropuertos, puertos o centros culturales.
7.- Dejar a su suerte a miles de pequeñas empresas y de familias durante y después de la pandemia del COVID-19 para no afectar las finanzas públicas.
8.- Olvidarse de la seguridad desde el Bravo hasta el Suchiate.
9.- Tolerar el ambulantaje en ciudades y hacerse el desentendido del feminicidio, los robos y asaltos o el secuestro y crecimiento de las pandillas que se han apoderado de buena parte de Zacatecas, Michoacán, Guerrero o Sonora.
10- Desaparecer la Policía Federal de Caminos y los ANGELES VERDES que auxiliaban a turistas.
11.- Para ahorrar fondos no coinvertir $8 mil millones de pesos anuales con fundaciones privadas.
12.- Ante la imposibilidad de entender la globalización y sus entretelones, intentar aislar al país del resto del mundo.
En el futuro cercano – cuando se haga con un análisis frío de la gestión del gasto público federal 2018- 2024 saldrán conclusiones tan lapidarias como las que se han hecho ahora a las administraciones de Reagan o Thatcher en nuestro país vecino y en la Gran Bretaña.
Es universal la obligación del Estado tener como objetivo central la mejora de la calidad de vida de sus gobernados. No importa si el régimen es de izquierda o derecha u ambidiestro a conveniencia. Los resultados deben de ser objetivos, palpables y fáciles de medir. No es válido mentir con estadísticas o negar la profundidad y alcance de las carencias de la población.
No es aceptable compararse con el pasado, dado que se gobierna en el presente y el futuro nos es desconocido. Reconocer y enmendar errores propios es expresión de sensatez no de fracaso. No se debiera anteponer la soberbia y el protagonismo a la sencillez y la eficacia.
En la actual gestión federal la manera en que México está enfrentando los desastres naturales y antropogénicos ( los causados por la actividad humana) son un caso de libro de texto de lo que no se debe de hacer.
Si ya se conocía lo peligroso del COVID no tuvo sentido haber estado reduciendo cada año el presupuesto para salud y para la CONAGUA o hacer escarnio de la calidad de médicos y enfermeras locales para fundamentar el pago a especialistas cubanos.
Concentrar en el Instituto Mexicano del Seguro Social hospitales administrados por los gobiernos estatales es complicado. Los sindicalizados de los sistemas estatales de salud en las entidades federativas no son perita en dulce y está comprobado lo radicales que suelen ser sus integrantes.
Sistemáticamente por décadas se han opuesto a la convergencia y portabilidad de servicios de salud y al uso del expediente clínico electrónico.
La comunicación social se planea acuciosamente, no interviene en temas de creencias religiosas, impartición de justicia o electorales, es sintético no kilométrico, es puntual no es barroco, está diseñado para escuchar al ciudadano no para saturarlo de fantasías históricas, del presente y del futuro. Sembrar desconfianza, odio y rencor es fácil.
Lograr cohesión, respeto y consenso requiere de talento y paciencia.
No se conoce un solo caso en el mundo en el que con la varita mágica de un monólogo se logren mejores consensos que en un diálogo entre gobernantes y gobernados.
Cuestionada sobre la causa de su éxito como Canciller de Alemania de 2005 a 2021 Angela Merkel contestó: “ME HE DEDICADO A ESCUCHAR, NO A HABLAR”, una gran lección que en el actual México ha sido ignorada.







