Compartir
  • Por: Uriel de Jesús Santiago Velasco.

A lo largo del tiempo la casa #203 de la calle de Macedonio Alcalá ha sido puerta de historias que se hilvanan en los confines de la memoria; si sus muros hablaran, no pararía nunca la voz de sus recuerdos. Desde la época colonial en que albergó parte del Monasterio de la Soledad hasta aquella colorida década de los 80 en que fue adquirida por el maestro artesano Arnulfo Mendoza y su esposa Mary Jane Gagnier.

Juntos, con apenas una mesa que exhibía alebrijes, tallados en madera y tapetes de lana, fundaron en julio de 1987 la galería “La Mano Mágica” en una época donde la artesanía mexicana comenzaba a caminar con prestigio en el mundo del arte internacional, creando un espacio donde arte y artesanía se unen por igual.

En su primera exposición presentaron piezas de Maximino Javier, Adriana Alanis y Arnulfo Mendoza, llamando la atención de los maestros del arte contemporáneo que llegaron hasta allí a conocer la febril actividad artística de Oaxaca y con ello hicieron de la galería una meca para las expresiones culturales del momento.

Tras esa primera exposición todo caminó a viento en popa, continuaron presentando a más artistas hasta llegar a organizar 13 exposiciones por año; Arnulfo Mendoza y Mary Jane Gagnier, comenzaron a convocar a sus amigos, de allí, sin pensarlo fueron naciendo fusiones interdisciplinarias. A finales de los 80 experimentaron con el teatro y montaron el Binigulazáa la gran leyenda fundacional del pueblo zapoteca; responden al llamado personajes músicos y crean melodías especiales para la obra, se suman artistas y artesanos que elaboran los escenarios y las máscaras; los amigos de la cinematografía hacen lo mismo y aportan las composiciones de luces y pequeñas filmaciones.

Alejandro Santiago, Arnulfo Mendoza, Felipe Morales y Francisco Toledo, todos reunidos para la obra, todos jóvenes, aún no sabían las dimensiones que su arte alcanzaría. Cuentan que aquella presentación del Binigulazáa impresionó tanto a Olga y Rufino Tamayo que quisieron llevarla a la Ciudad de México.

Hoy una máscara de cocodrilo que cuelga en una pared de la galería es el único remanente de aquellos momentos donde se reunían para echar a volar la imaginación compositores, curadores de arte, artesanos y artistas.

En 1992 comienza su época de las subastas de arte con Guacha Bato ediciones y Paco de la Peña que hizo de “La Mano Mágica” un refugio para artistas extranjeros influenciados con la cultura mexicana como el pintor Charles Barth, el serigrafista Michael Roman y el connotado Shinzaburo Takeda. En aquellas subastas, todo un hito para los coleccionistas de la zona, se podían adquirir obras de artistas mexicanos como: Ismael Vargas, Alejandro Colunga, Javier Arévalo, Benito Zamora y hasta de figuras de renombre internacional como Salvador Dalí, Joan Miró y Marc Chagall.

“Para mí fue normal ver todo ese movimiento, porque crecí en esta casa, los artistas se volvieron como mis tíos, no había un grado de importancia” me relata Gabriel Mendoza

2 / 2

Gagnier, pues él pasó toda su infancia conviviendo con los artistas. “Yo lo veía y ellos lo vivían, fue una época de bohemia enorme” admite con entusiasmo.

Su padre Arnulfo Mendoza llevaba a estos artistas a conocer su pueblo natal, Teotitlán del Valle, que, transgrediendo los lazos profesionales, se convirtieron en amigos y parte de una gran familia, en la que figuran nombres de importantes chefs como Rick Bayless y Anthony Bourdain; de artistas como Javier Arévalo, Juan Alcázar, Gunter Gerzo o del poeta Alberto Blanco, el impresor Fernando Sandoval y la fotógrafa Ellen Mark, todos han pasado por la Mano Mágica durante estos 35 años de historia.

Por años Gabriel Mendoza Gagnier trabajó en la galería, sin embargo, su primera incursión en el arte comercial fue en 2011 durante una subasta que organizaron para ayudar a los damnificados del tsunami en Japón. “Antes de eso yo veía arte, conocía a los maestros, pero eran como mis amigos y mis tíos; hasta esta subasta es que se marca mi diferencia en aprender y dimensionar quienes eran esos personajes”.

En 2014 la pena inundó a la familia con el lamentable deceso del maestro Arnulfo Mendoza, sin imaginarlo cae en las manos de su hijo la responsabilidad de la galería, se enfrentó a un panorama conocido, pero carecía de experiencia. Auxiliado por su madre Mary Jane, Yukiko ex directora de “La Mano Mágica” y Nancy Mayagitita a quien reconoce como su gran mentora, él fue desarrollándose hasta convertirse en galerista profesional. “Mi grandez mentores han sido los propios artistas” reconoce.

En 2017 hacen una venta ayudando a los damnificados del sismo en Oaxaca y ahí se da cuenta lo mucho que había aprendido de arte y lo lejos que estaba ya de aquel 2014 , “Si me preguntas qué es el arte, no te lo voy a poder contestar porque no lo estudié, yo soy un galerista yo me dedico a ver a través del arte lo que es comercializable” me dice.

Desde hace cuatro años él lleva solo las riendas de “La Mano Mágica”, lo que ha hecho es restructurar la obra de sus padres, atreviéndose a aportar sus propias ideas y descubrir nuevos talentos, él busca ahora respetar lo que ha aprendido sobre arte mexicano y apostar por la innovación, sin perder la tradición. “La pandemia fue la experiencia más gratificante que me hizo crecer, siempre estuvimos vivos en el corazón de Oaxaca hasta el COVID y ahí tuve que tomar mi decisión de echarle ganas a las redes sociales y encontrar nuevas formas de vender o morir en el intento de crecer”.

Son 35 años de esta galería que se ha convertido en una institución para el arte oaxaqueño, aquí han convergido toda clase de expresiones y para celebrarlo han organizado una serie de actividades que comenzará con una calenda el próximo 9 de julio a las 12: 00hrs y se prolongará durante el mes con distintas actividades como una exposición homenaje a Arnulfo Mendoza y su tradicional subasta el 30 de julio.

“La mano mágica es un lugar donde conservamos el arte, es lo que conozco, lo que sé y me encanta verlo todos los días” concluye Gabriel Mendoza Gagnier.

 

Compartir