Montserrat PORRAS*
Hay recuerdos profesionales que, con los años, adquieren un encanto especial.
Hoy me cuesta imaginar que vender una propiedad pudiera comenzar con algo tan pequeño como un anuncio de diez palabras. Cuando empecé en el mundo inmobiliario, promover una casa significaba acudir a los clasificados del periódico local sólo texto, directo: “Vendo casa”, una característica, la ubicación, el precio y un teléfono. Cada palabra extra costaba, así que aprendí a decir mucho con muy poco.
Contratábamos el anuncio viernes, sábado y domingo. Y después, esperábamos. Sin WhatsApp, sin formularios, sin notificaciones. Solo un teléfono y una agenda. Y la esperanza de que, el teléfono sonará. Mandaba a hacer a la imprenta mis flyers y los repartía en las casas y en los cruceros; las lonas las llevaba con el rotulista. Era una profesión de salir a buscar al cliente, con los pies y con el corazón.
Entonces llegó internet
En 2008 abrimos la página de Facebook de la inmobiliaria y comenzamos a usar Vivanuncios. Compramos una cámara profesional y aprendimos a usarla. De pronto, una casa ya no tenía que describirse solo con palabras: podíamos mostrarla. Aún recuerdo la emoción de enseñar fotografías en el iPad. Después llegaron los videos, las redes, el dron, los recorridos virtuales. Y el cambio que más me marcó: el internet en el teléfono. La oficina que antes estaba sobre un escritorio hoy la llevo en la mano.

También cambió el cliente
Antes el cliente dependía de nosotros para saber. Hoy llega informado: compara, investiga colonias, revisa precios. Pero tener más información no significa tener más claridad. Y ahí cambió nuestro papel. Publicar una propiedad es promocionarla; asesorar una operación es otra cosa muy distinta. Hoy una asesora necesita entender de mercado, valuación, negociación, marketing, aspectos jurídicos y fiscales, contratos y procesos notariales. Yo he tenido que aprender arquitectura, leyes, fiscalidad y tecnología. Y he comprendido que en esta profesión nunca se termina de aprender.
Lo que permanece
Si aquella Montse que contaba palabras para un anuncio pudiera ver hoy la inteligencia artificial y las proyecciones que ayudan a imaginar una pre venta , pensaría que hablamos de otra profesión. Y en muchos sentidos lo es.
Pero hay algo que ninguna herramienta ha cambiado. Sigue llegando alguien y dice: “Quiero comprar una casa.” “Quiero vender mi propiedad.” “Quiero un lugar para mi familia.” Y detrás de cada frase hay patrimonio, esfuerzo, ilusiones y, muchas veces, miedo a equivocarse.
Todavía me emociona el momento de entregar unas llaves, porque sé cuánto camino hay detrás de ese instante.
La tecnología cambió cómo mostramos una propiedad, cómo encontramos clientes y qué tan rápido nos comunicamos. Pero no cambió el peso de la decisión.
Por eso, a las mujeres que emprenden, que aprenden y que se reinventan, les digo: usen todas las herramientas, pero nunca dejen de escuchar. Una casa no es un anuncio; es el lugar donde alguien va a empezar, a criar, a descansar, a envejecer. Y acompañar ese momento sigue siendo el mayor privilegio de mi profesión.
Gracias por leerme. Con cariño, Montse Porras

*Oaxaqueña, mamá de dos hijos que me enseñan nuevas formas de ver la vida y compañera de cuatro hermosos shitzus que llenan mi hogar de alegría. Amante del buen comer, del running y el cycle. Con más de 18 años de experiencia en el sector, soy socia fundadora de Allegra Casa Inmobiliaria, empresa dedicada a brindar asesoría integral, confianza y profesionalismo a quienes buscan invertir, vender o comprar una propiedad.








