Iván AMANCIO GÓMEZ y Jireh GARCÍA GARCÍA
Fotografías: Iván AMANCIO GÓMEZ y Esteban CHINCOYA
Hay aprendizajes que difícilmente ocurren en soledad. Formar un equipo, ponerse de acuerdo, hablar frente a los compañeros, resolver un desacuerdo o aprender a ocupar un lugar entre los demás son experiencias formativas.
Para el Maestro en Ciencias de la Educación Emilio Carreño Pérez, director del Instituto Vêritam, esa es una de las razones por las que los adolescentes necesitan la escuela. “A la escuela se va a socializar, a negociar, a interactuar con nuestros pares”, afirma.
En una época de comunicación mediada por dispositivos, la escuela conserva una función clave: ofrecer oportunidades para convivir, colaborar y relacionarse cara a cara.

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Emilio Carreño Pérez es Director Académico del Instituto Vêritam, una escuela secundaria que ofrece acompañamiento psicopedagógico profesional a todos sus estudiantes.
Aprender a convivir
Carreño Pérez encuentra en situaciones cotidianas pequeños ejercicios de negociación: decidir posiciones en un partido, compartir, organizar un trabajo o ponerse de acuerdo para alcanzar un objetivo común. Son experiencias que desarrollan habilidades para toda la vida: “No somos islas, tenemos que aprender a trabajar juntos, cada persona posee capacidades distintas y podemos complementarnos unos y otros”.
La pandemia acentuó la importancia de estas experiencias. Para los adolescentes que hoy cursan la secundaria, el aislamiento ocurrió en etapas tempranas de su formación, cuando buena parte de la interacción escolar se trasladó a una pantalla. Años después, el reto consiste en comprender a una generación cuya manera de comunicarse, informarse y relacionarse también se transformó.
“¿Qué puede hacer la escuela por los estudiantes? Tenemos que generar oportunidades a través de proyectos, exposiciones, actividad física, lectoescritura; la música y las artes son recursos de apoyo que pueden permitir a los estudiantes encontrarse con sus compañeros para transitar esta etapa”.
En el Instituto Vêritam, la música forma parte de las asignaturas curriculares y ejemplifica esta perspectiva. Montar una canción para presentarla en escenario implica escuchar,
colaborar, asumir responsabilidades y trabajar en equipo, y descubrir capacidades que quizá desconocía. Las actividades artísticas y de convivencia parten de una idea semejante: “la formación también ocurre cuando un estudiante participa y descubre de qué es capaz junto a otros”.
Entender al adolescente
Para Carreño Pérez, acompañar el proceso formativo en secundaria requiere comprender la etapa que atraviesan los estudiantes. Una preocupación cotidiana puede adquirir una dimensión enorme para un adolescente; por ello, considera que la respuesta debe comenzar con la escucha.
“Yo no soy más inteligente que tú, simplemente nací primero”, es una frase que utiliza con sus estudiantes para explicar su posición: la experiencia adulta no representa superioridad, pero sí una responsabilidad para guiarles mientras aprenden a tomar decisiones.
Esa lógica también está presente con las familias. Ante una dificultad, propone colaborar:
“No se trata de darles quejas a las familias; nosotros siempre tenemos una propuesta para trabajar en equipo”.
Una comunidad que acompaña
Después de trabajar en distintos niveles educativos, Carreño Pérez encontró en la secundaria el espacio que mejor corresponde a su manera de entender la educación. “Es una etapa en la que los adolescentes comienzan a reclamar independencia, pero todavía necesitan la presencia de los adultos”.
Es así como el Maestro Emilio conduce la dirección del Instituto Veritam, con una visión que no es la de una escuela que pretende solo transmitir conocimientos, sino la de una comunidad donde cada estudiante encuentre un lugar seguro para expresarse, colaborar y descubrir de qué es capaz cuando trabaja junto a otros.

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Emilio Carreño Pérez ha tenido una trayectoria destacada al servicio de la educación en el estado de Oaxaca.









