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Karla MARTINEZ DE AGUILAR

Fotografías: Team Media

Ángela Dillon, artista plástica y diseñadora textil, cuyo amor por los perros, las aves y sus recuerdos de la infancia en el Golfo de México, la Bahía de Campeche, Ciudad del Carmen y La Perla del Golfo, siempre la acompañan; y Elena Martínez Bolio, artista plástica yucateca, gestora cultural, curadora de arte y diseñadora textil, para quien el bordado es su vida y un medio que puede dar voz a las causas sociales, al imaginario y a la flora y fauna de la región de Yucatán, transforman el hilo en símbolo de conexión humana. Ese mismo hilo las une con la certeza que el arte y el textil pueden sanar, inspirar y trascender.

Nos recuerdan que el arte, como la vida, se teje con memoria, pasión y valentía.

Desde sus miradas libres, creadoras y espontáneas, en Hilos del Sur entrelazan sus universos para demostrar que crear es un acto de fe y que cada puntada es una forma de recordar quiénes somos.

En esta conversación, comparten parte de su historia, su vínculo con Oaxaca y el arte de crear desde el corazón, sin miedo y sin fronteras.

¿Cómo nace su inicio entre hilos y telas?

Ángela Dillon: Por necesidad y por memoria. En mi infancia, en Ciudad del Carmen, no había centros comerciales, así que diseñar nuestra ropa era un acto natural. Mi madre María Luisa Romero Nicolau compraba telas y, juntas, dábamos forma a mis dibujos. Con el tiempo, esa rutina se convirtió en una pasión que, nunca me abandonó. Aprendí observando, experimentando y dejando que los colores me hablaran. Los hilos se transformaron en mi manera de narrar lo que soy y lo que amo.

Elena Martínez Bolio: Nació conmigo. Vengo de una familia que veneraba los textiles como si fueran tesoros. Mi madre Hernilda Bolio, mi abuela Ernilda Gutiérrez y tías sabían distinguir un tejido solo con tocarlo, sabían identificar un tejido, reconocer su pureza, teñirlo y transformarlo con paciencia.

En casa, nada se desechaba: las prendas se remendaban, se heredaban, se reinventaban. Desde niña entendí que cada hilo guarda una historia y que tejer o bordar no era un oficio menor, sino un acto de respeto hacia la belleza y la memoria.

 

¿Cómo se da el encuentro o conexión entre ustedes?

Ángela Dillon: Fue un encuentro lleno de sincronía. Conocí el trabajo de Elena en una exposición sobre huipiles titulada Una larga hebra en el Museo de las Culturas de Oaxaca Santo Domingo -en Oaxaca- que me conmovió profundamente. Después de varias charlas, entendimos que compartíamos la misma fascinación por los textiles y por el poder simbólico del acto de vestir. Fue como si nos conociéramos de toda la vida. Desde ahí nació una amistad tejida con respeto y admiración mutua. Además, Oaxaca me enamoró; para mí, es la esencia misma de lo que significa ser mexicano: una identidad viva, colectiva y profundamente arraigada en la tierra y la gente. Regresé cada año, hasta que hace unos treinta años decidimos mi esposo Bill y yo establecernos aquí definitivamente.

Elena Martínez Bolio: Conocí a Ángela durante un taller de costura que impartí en Oaxaca. Llegó acompañada de amigas en común y desde el primer momento conectamos. Ángela tiene una energía vital maravillosa, una alegría que contagia. Compartimos la idea que el arte textil puede sanar y transformar además que es una herramienta para denunciar especialmente temas de violencia. Su manera libre de crear me recordó que el arte también necesita riesgo y reafirmó que mi misión es que los museos ya no sean solo lugares donde se exhiben vestigios del pasado, sino espacios que muestren las heridas del presente. Por eso sigo creando.

 

¿Cómo nace el proyecto Hilos del Sur?

Ángela Dillon: De esa conexión espiritual y creativa. Nos tomó un par de años concretarlo porque queríamos hacerlo con sentido, no solo por impulso. Elena aporta el dominio técnico heredado de su familia y yo, la imaginación y la intuición artística. Es una alquimia perfecta: entre la estructura y el vuelo, entre el hilo firme y el trazo de los hilos, por la pasión y por la vida. La magia del proyecto es que venimos de universos distintos: ella representa la técnica y la raíz y yo la intuición y el color, de esa mezcla surge el diálogo.

¿Qué objetivo buscan con su propuesta en Hilos del Sur?

Ángela Dillon: Queremos inspirar a la gente a atreverse, a no rendirse. Que vean que crear no tiene edad ni límite. Si nosotras, con nuestras canas y nuestra historia, seguimos soñando, cualquiera puede hacerlo. Hilos del Sur es una invitación a creer en una misma, a tomar los hilos de la vida y convertirlos en algo hermoso.

Elena Martínez Bolio: Queremos que las personas se reconcilien con el acto de vestir, que entiendan que ponerse una prenda también puede ser un gesto de conciencia. Buscamos despertar sensibilidad hacia lo hecho a mano, hacia la paciencia que requiere cada puntada. Hilos del Sur es también una resistencia ante la prisa y el consumo desechable.

 

¿Qué simbolizan los “hilos” en la propuesta de Hilos del Sur?

Ángela Dillon: El hilo es unión, memoria, raíz. Es lo que conecta generaciones, emociones y mundos. Así como el maíz nos alimenta el cuerpo, el hilo nutre el alma. En cada puntada hay un gesto de amor, una historia personal y colectiva. Para mí, coser es orar con las manos. Es un homenaje a mi madre María Luisa Romero Nicolau, quien iba a comprabar telas para confeccionarme lo que mi imaginación plasmara en un dibujo.

Elena Martínez Bolio: Los hilos son la continuidad de la vida. Son memoria, historia, tiempo. Cada puntada une pasado y presente, persona y territorio. Cuando se corta un hilo, se interrumpe una historia. Por eso mi labor ha sido rescatar técnicas antiguas como el punto Xmanikté, que en maya significa “eterna”. Coser es preservar, es mantener viva la herencia y es un homenaje a mi linaje femenino.

 Las propuestas de prendas, ¿invitan a portar el arte y dialogar con el cuerpo?

Ángela Dillon: Totalmente. Cada prenda es una extensión de mi pintura y trabajo con telas recicladas; tuve una exposición retrospectiva titulada Retazos de pinturas en Casa Lamm, donde quise rendir homenaje a esos fragmentos de tela y de vida que marcaron mi infancia relatando mi pasión por los textiles y colores mexicanos. Me gusta que las telas se muevan, respiren, abracen. No pienso en tallas, pienso en cuerpos reales y en la emoción de sentirse libre. Vestirse con arte es reconocerse, es llevar un pedazo de historia sobre la piel.

Elena Martínez Bolio: Sí. El huipil, por ejemplo, es una casa para el cuerpo y su grandeza está en la libertad, en esa capacidad para abrazar el cuerpo sin imponerle forma y no en hacerlo una prisión; me duele ver huipiles ajustados o modificados que hacen que pierdan su esencia. En mis pasarelas no hay modelos profesionales, sino mujeres reales que sonríen, se mueven y celebran lo que visten, que reflejan libertad, movimiento e identidad. Cuando una prenda logra emocionar a quien la porta, el arte ha cumplido su propósito.

 ¿A quién está dirigida esta celebración llamada Hilos del Sur?

Ángela Dillon: A todas y todos. No hay etiquetas ni edades. Queremos que la gente se acerque, observe, sienta y, si puede, use las prendas. Hilos del Sur celebra la diversidad y la libertad de ser quien eres así como la belleza universal del ser humano.

 Elena Martínez Bolio: A todas las personas que sienten respeto por la tierra, por la historia y por las manos que crean. A quienes saben que detrás de cada puntada hay una vida, a esas manos que crean. Hilos del Sur es una invitación a mirar el textil no como adorno, sino como un lenguaje donde cada pieza guarda una historia que me gusta compartir con quien la adquiere.

¿Por qué es importante conectar la moda con la cultura en eventos como Hilos del Sur?

Ángela Dillon: Porque la moda también cuenta historias. Nos dice de dónde venimos y hacia dónde vamos. En México, el color, las texturas y los símbolos hablan de nuestra dualidad: la alegría y el duelo, la luz y la sombra. Cuando vestimos una prenda con sentido, llevamos con nosotros la memoria de quienes la soñaron y la hicieron posible. Mi trabajo también refleja mi vida en los siete países en los que he vivido (Colombia, Escocia, Brasil, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y México) porque las prendas que creamos traspasan fronteras, como los textiles mismos porque la inspiración no conoce límites

Elena Martínez Bolio: Porque la moda sin cultura se vuelve vacía. No se trata solo de tendencias, sino de identidad. Las prendas son testimonios del tiempo, del entorno, de las luchas; cada hilo tiene una historia y cada prenda es una pequeña obra de arte. Cuando olvidamos eso, traicionamos nuestra raíz y violentamos nuestras prendas tradicionales.

En Hilos del Sur buscamos que cada pieza conserve su espíritu y honre la historia de donde proviene.

 ¿Qué piezas mostraron en el evento Vestir la Paz en Hilos del Sur en la ciudad de Oaxaca?

Ángela Dillon: Vestidos, faldas, capas y abrigos. Me gusta combinar rayas con flores, texturas con contrastes. En esta colección trabajamos con algodón e ikat guatemalteco (parecida al lino), materiales nobles que respiran con el cuerpo. Son prendas que, más que cubrir, acompañan. Mi esposo dice que entre mi pintura y mi ropa no hay diferencia, y tiene razón: todo está ligado por el color, la forma y la emoción.

 Elena Martínez Bolio: Huipiles únicos, bordados a mano con flores locales, concebidos como obras vivas. Algunos pertenecen a series más íntimas o de denuncia, como Ni Una Menos, donde bordo los rostros de mujeres asesinadas. Cada prenda está firmada porque tiene alma, porque cuenta una historia que merece ser recordada.

Finalmente, ¿los textiles son la conexión humana que traspasa fronteras?

Ángela Dillon: Sí. Los textiles son puentes entre culturas, lenguajes y emociones. A través del hilo nos reconocemos, aunque seamos distintos. Hilos del Sur es justamente eso: un diálogo sin palabras entre quien crea y quien porta, entre el pasado que nos teje y el futuro que seguimos bordando.

 Elena Martínez Bolio: Absolutamente. El hilo une lo que el tiempo separa. A través del textil nos reconocemos como parte de una misma trama. Los bordados hablan lenguas que no necesitan traducción: la del amor, la resistencia y la esperanza. Eso es lo que nos hermana más allá de las fronteras.

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