FELIPE SÁNCHEZ
05/AGOSTO/2026
El gobierno morenista tiene a una enorme parte del pueblo embriagado con los programas sociales; amplios sectores gozan de ellos, incluso gente con holgada solvencia económica. El propio LÓPEZ OBRADOR declaró recibir la pensión de la senectud.
MÁS ALLÁ de la fantasía de prosperidad —por el billón de pesos que en 2026 repartió el gobierno federal (Milenio 01/06/2026)—, en el largo plazo veremos lo contrario.
EL DINERO REPARTIDO no viene de la riqueza generada por mayor productividad (que redunde en más productos, empleos e impuestos), sino de una deuda pública cada día más elevada.
AL COMPROMETERSE a repartir dinero para garantizar su permanencia en el poder, pese a no alcanzarle lo recaudado, el gobierno guinda sostiene ese gasto pidiendo prestado. Desde su llegada, la deuda acumulada creció aceleradamente.
EL 6 DE NOVIEMBRE de 2025 citaba en este espacio: “durante la discusión de la Ley de Ingresos 2026 en el Senado, Ricardo Anaya advirtió que de 1824 a 2018 la deuda acumulada en el país fue de 10.55 billones de pesos (tomando el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público). Con lo aprobado —deuda interna de 1.78 billones de pesos y 15,500 millones de dólares en deuda externa (El Economista 29/10/2025)— la deuda rebasaría los 20.2 billones. En solo 7 años se duplicó lo acumulado en casi dos siglos”.
SIN EMBARGO, para la clase política el dinero público parece no tener dueño. Seguro de su capital electoral, el grupo en el poder desestimó las consecuencias de endeudar al país.
A ESCALA INDIVIDUAL, gastar más de lo que se gana deja a la familia sin margen para reparar la casa, comprar medicinas o invertir su dinero y hacerlo producir y crecer. A escala país, la historia recuerda que “en los años 70 y 80 el PRI recurrió al endeudamiento masivo para sostener el gasto popular; el resultado fue la crisis de 1982, con devaluación e inflación desbocada.
“DE ESA LECCIÓN nacieron la autonomía del Banco de México (1994) y la Ley Federal de Presupuesto (2006). Además, entre 1997 y 2018 la falta de mayoría absoluta en el Congreso contenía el gasto. La diferencia actual es el paso de esquemas focalizados a transferencias universales sin condicionalidad, respaldadas por una mayoría parlamentaria que aprueba techos de endeudamiento sin contrapesos”.
CONSECUENCIAS
AL DESTINAR más de 1.3 billones de pesos anuales solo al pago de intereses de una deuda —reitero, imparable—, el Estado ahorca su propia capacidad de inversión en infraestructura, salud y seguridad, provocando que la inflación permanezca rígida por el exceso de liquidez artificial y que (OJO) el crédito privado se encarezca y la inversión nacional y extranjera se frene ante el riesgo de futuras alzas de impuestos o recortes de calificación soberana; esto condena al país a un crecimiento mediocre, a menor creación de empleo formal y a una pobreza que no se erradica, sino que se vuelve dependiente del cheque estatal.
COMO BIEN sintetizaron en una sátira en redes: cuando una empresa se endeuda de más, quiebra; cuando un país se endeuda de más, nos pasa la cuenta a todos. Nada es gratis, no lo olviden.
CADA VEZ que vea, solo por citar un resultado de estas políticas, el alza imparable en los precios, recuerde que no es casualidad; es la factura de un gobierno que cree que la realidad no terminará por estallarle, tarde o temprano, a las familias mexicanas.
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