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FELIPE SÁNCHEZ

07/JULIO/2026

QUIÉN lo iba a decir, que la verdadera esperanza de México no vendría del oriundo de Macuspana, sino del presidente norteamericano DONALD TRUMP, luego de que el gobierno mexicano ha ido perdiendo su soberanía (su capacidad de autogobernarse) al compartir el poder —presuntamente, como lo señala enorme parte de la prensa nacional— con el crimen organizado.

LA TRADICIONAL clase política habría sido desplazada en enormes sectores por los malosos, a quienes los hechos parecieran indicar que les cedieron el control de prácticamente todo. Por ejemplo, de muchas carreteras (incluidas vías de cuota, esas donde lo que sobra es patrullaje de militares, marinos o guardias nacionales, y donde en cambio pululan los asaltos por bandas de delincuentes armadas hasta los dientes que desaparecen tráileres, camiones y autos particulares).

LO MISMO ocurriría en municipios o en instituciones, en donde muchos barruntos muestran que la amplia presencia de criminales solo podría deberse a pactos que permitieron subvertir la vida cotidiana. El derecho de piso se extiende a pasos agigantados al igual que la extorsión y el narcomenudeo, y esto no se debió a la casualidad; se debió al poder gradual que los malosos fueron amalgamando hasta formar una especie de imperialismo, que en términos llanos no es otra cosa más que la “dominación de un grupo por parte de otro”, como bien lo definía el historiador David Landes.

EN NUESTRO CASO, dominaron no solo a sectores políticos, sino que también están doblegando en general a la población mexicana. Pero como decía Landes, el imperialismo, la dominación, “siempre ha estado con nosotros, es la expresión de un profundo impulso humano”. El fuerte siempre va a aplastar al débil si obtiene un beneficio de ello. Y a pesar de las normas, los malosos en este caso arrastraron al Estado porque este se prestó para ello, simplemente tuvieron la oportunidad y la tomaron.

PARECIERA que en México no existe complicación alguna en que el Estado esté siendo rebasado por los cárteles; pero para mala suerte de la clase política guinda que creció como la espuma, para quien sí se convirtió en un asunto de salud pública, epidemiológico, en un problema de seguridad nacional y hasta geopolítico, es para los Estados Unidos, donde están muriendo más de 100 mil gringos al año por sobredosis derivada del consumo principalmente de fentanilo.

Y ANTE lo inútil que ha resultado llevar a prisiones norteamericanas a las cabezas más importantes de los cárteles (Joaquín “El Chapo” Guzmán e hijos: Ovidio Guzmán, Joaquín Guzmán López, Jesús Alfredo Guzmán Salazar; Ismael “El Mayo” Zambada, y hasta a decenas de capos torales, sumado a que han abatido ya a Nemesio Oseguera “El Mencho”), dejó claro que el problema no yace en la existencia de criminales, sino en la impunidad y cobijo que estos reciben de la clase política. El trumpismo ha pasado al objetivo de arrancar el problema de cuajo, lo que implica ir sobre los narcopolíticos mexicanos.

SI EL CRIMEN ORGANIZADO se convirtió en un imperio, hay otro imperio más fuerte que está sufriendo los estragos: los Estados Unidos. Que hoy pone freno a un ataque químico que pretendía desmoronarlo, mas ya no será. Acción que colateralmente restablecerá el orden en México; por eso digo que la esperanza provino, finalmente, del gigante del norte.

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ESCAPARATE POLÍTICO:LA ESPERANZA DE MÉXICO

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