Karla MARTINEZ DE AGUILAR
CDMX.- Alejandro Kuri es un chef que ha dedicado más de 35 años a explorar, aprender y reinventar la cocina mexicana, siempre con un profundo respeto por sus raíces. Desde niño, la cocina fue un espacio de descubrimiento, primero en su casa familiar, observando a sus abuelas y jugando con sabores y recetas que hoy forman parte de su identidad gastronómica. Su recorrido incluye grandes hoteles, formación internacional y un regreso constante a las tradiciones mexicanas que lo definen.
La pasión de Alejandro no se limita a la técnica: cada receta es un puente entre historia, cultura y creatividad. Desde la inspiración de sus abuelas hasta la innovación en su propio restaurante, busca que cada comensal viva una experiencia auténtica y completa.
Su visión combina la disciplina del deporte, la curiosidad del viajero y la sensibilidad del anfitrión, ofreciendo una cocina que es, al mismo tiempo, innovadora y profundamente mexicana.
Cada plato que sirve refleja también emociones, memorias y amor por lo que hace. Alejandro recuerda los aromas de su infancia, los sabores que lo acompañaron desde pequeño y cómo la cocina siempre fue un refugio y una celebración.
Su trabajo busca que quienes prueban sus recetas sientan esa misma conexión con la tierra, la cultura y la memoria, logrando que la cocina mexicana trascienda lo culinario y toque lo emocional.
Es miembro del Vatel Club y la Academia Culinaria de Francia además de ser fundador de Casa Alex, un restaurante de cocina mexicana, así como de otros proyectos gastronómicos como La Casa de las Enchiladas y Caviar Suite.

Chef, ¿de dónde eres originario?
Soy originario de la Ciudad de México, un lugar que me dió la oportunidad de crecer rodeado de diversidad, de tradiciones y de sabores únicos. Desde muy joven, tuve la fortuna de estar cerca de la riqueza cultural y gastronómica que nos caracteriza, y eso, sin duda, marcó mi perspectiva sobre la cocina y la importancia de nuestras raíces.
Leí que fuiste deportista, ¿cómo fue descubrir que tu pasión era la cocina?
Fui deportista de alto rendimiento, seleccionado olímpico y panamericano en judo, y desde pequeño aprendí la disciplina, el esfuerzo y la perseverancia. Mientras entrenaba, me gustaba experimentar con alimentos, mezclando sabores y creando mis propias recetas para rendir mejor y divertirme.
Poco a poco, la cocina se volvió un espacio de libertad, donde podía combinar técnica y creatividad. Fue entonces cuando entendí que aquello podía convertirse en mi vocación, porque me hacía sentir pleno y emocionado cada vez que preparaba un plato.

Sin duda, el deporte forjó tu carácter. ¿Cómo aplicas eso en la cocina?
El deporte me enseñó a trabajar bajo presión, a valorar la puntualidad y la constancia, y a perseguir la excelencia sin rendirme. Cada entrenamiento era un reto, cada competencia un aprendizaje.
Todo eso lo trasladé a la cocina: en la precisión de una receta, en la coordinación de un equipo, en la pasión por entregar lo mejor a cada comensal. La disciplina deportiva me dió bases sólidas que aún aplico en cada decisión profesional y en la manera de enfrentar los retos diarios.
¿En qué momento te decides inclinarte por la cocina?
No fue una decisión drástica, sino una transición natural. Algunas lesiones y la realidad de la corta duración de la carrera deportiva me hicieron replantear mi futuro. Terminar la preparatoria fue un momento clave: debía elegir hacia dónde orientar mi vida.
La cocina me atrajo por su creatividad, por la posibilidad de compartir experiencias y por el desafío constante de superarme. Sentí que allí podía unir mi pasión y mi disciplina en algo que durara toda la vida.

¿Tus abuelas influyeron en esta decisión?
Muchísimo. Mi abuela paterna, Raquel, de Tepeaca, Puebla, me enseñó el amor por los sabores mexicanos, las recetas tradicionales y la importancia de atender a las personas con cariño. Mi abuela materna, Isolina, con su experiencia en hotelería, me mostró la técnica, el detalle y la exigencia en el trabajo gastronómico.
Ambas me brindaron herramientas complementarias: una para la tradición y el sabor, otra para la técnica y la presentación. Esa combinación fue determinante para mi vocación y mi identidad como chef.
¿Cómo ha sido tu camino en la gastronomía, desde grandes hoteles hasta volver a tus raíces?
Como antes no había escuelas de cocina, pero sí entrenamiento culinario en el hotel Camino Real, estuve tres años y medio, y salí como chef de partie (cocinero que lidera un área específica de la cocina, como la sección de pescados, carnes, salsas o postres). Después estudié una licenciatura en hotelería e hice un diplomado en alimentos y bebidas.
Después, trabajé en comedores industriales y hoteles de renombre como Camino Real, Westin y Galería Plaza. Mi trayectoria incluyó la dirección de alimentos y bebidas en el Hotel Nikko México, con operaciones complejas y grandes equipos. Sin embargo, siempre sentí la necesidad de regresar a la cocina mexicana auténtica, a los sabores que me formaron y a la creatividad sin límites que solo la cocina nacional permite.
¿Cómo nació Casa Alex, cocina de origen y qué otros proyectos tienes?
Nació hace más de 25 años como un proyecto donde la tradición y la innovación conviven en armonía. Desde enchiladas con más de dos mil combinaciones hasta platillos como tamal de venado, albóndigas de camarón y pozole de jabalí, buscamos reinterpretar la tradición sin perder identidad.
Cada receta es resultado de años de experiencia, investigación y respeto por quienes compartieron su conocimiento. Además, cuidamos que cada comensal viva una experiencia completa: probar, disfrutar, sorprenderse y reconectar con nuestra cultura.
A la par, soy fundador de La Casa de las Enchiladas y Caviar Suite.

¿Qué te ha enseñado la capacitación continua y los viajes?
He estudiado en Glion (Suiza), Cornell (Nueva York), la Escuela del Queso en Wisconsin, entre otros. Los viajes al Amazonas, Perú, Europa y distintos lugares de México me han permitido recopilar sabores y técnicas que adaptamos respetando nuestra esencia. La formación académica es indispensable, pero la observación, la práctica y la sensibilidad son lo que verdaderamente enriquece a un chef.

En cuanto a identidad culinaria, ¿cómo te diferencias sin perder raíces?
Es vital conocer nuestras raíces y cómo se han transformado a lo largo del tiempo. La cocina mexicana ha absorbido influencias externas, pero debemos reinterpretarlas sin perder identidad. La innovación debe respetar la esencia de nuestros sabores, usando técnicas modernas donde aporten y dejando de lado lo que no aporta a nuestra tradición.
¿Qué significa Casa Alex para ti personalmente?
Es la representación de mi personalidad y mi historia. Cada plato transmite memoria, esfuerzo y emoción. Queremos que los comensales experimenten la riqueza de la cocina mexicana, probando desde recetas tradicionales hasta reinterpretaciones creativas, siempre con la misma pasión y respeto por nuestra herencia cultural.

¿Qué tipo de semilla buscas sembrar en tu cocina?
Semillas mexicanas, chiles, maíz criollo y todos los productos de denominación de origen son protagonistas. Es un compromiso con nuestras raíces, con la biodiversidad del país y con el sabor auténtico que define la identidad de nuestra cocina.

Cuéntanos tus preferencias personales
Salado siempre, con el chile como ingrediente recurrente y guía. Mis influencias: deporte, motociclismo y disciplina. Gustos culposos: conchas con Nutella y nata.
Háblanos de tu participación internacional y proyección
Desde 1996 participo en el Consejo de Lácteos de Estados Unidos, promoviendo la cultura de los quesos y adaptando técnicas internacionales a nuestra realidad mexicana. Para 2026, busco expandir nuestra propuesta gastronómica a otras partes del mundo, manteniendo siempre nuestra esencia.

Día de Muertos y lo que podemos encontrar en Casa Alex
Aunque no elaboramos pan de muerto, trabajamos con productos de temporada como puré de camote morado y calabaza en tacha, respetando la tradición y sin perder la emotividad que esta celebración tiene para nuestra cultura.









