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Jasimina HARTIANA

Hace poco vi esta peli “Las niñas bien” basada en la novela de Guadalupe Loaeza, debo confesar que no he leído el libro y para los que no lo han hecho también; la trama se basa en una familia que pierde su fortuna en los años setenta, en la devaluación. Lo intrigante de esta mujer, la protagonista, Sofía es que ella se rehúsa aceptar su realidad, sigue yendo al club donde es claro que sus amigas ya no la quieren ahí, a fiestas, incluso se atreve a ir de compras donde su tarjeta es rechazada.

Toda esta situación me hizo pensar en lo persistentes que solemos ser los humanos; insistimos ahí con una pareja tóxica e incluso nos convertimos en seres más tóxicos nosotros. En las amistades que sabemos solo tienen conveniencia, en los trabajos que nos asfixian y el ambiente es horrible. En algún reel debí haber visto que es un privilegio trabajar con personas empáticas y respetuosas, y sí que lo es en estos tiempos acelerados donde la cordialidad queda diluida por la urgencia del día a día.

Volviendo al tema; la pregunta es ¿por qué insistimos? a pesar de que vemos el precipicio delante de nosotros, será una especie de locura colectiva, un verdadero acto de fe creyendo que lo irreparable puede cambiar de la noche a la mañana solo porque permanecemos como testigos ante ello. Luego pienso en mis propias insistencias; la vez que incluso que estuve dispuesta a torcerle la manita al universo para que me diera lo que deseaba en ese momento, que claramente no era el momento ni era lo que en realidad necesitaba.

Observo a lo lejos a una querida amiga de toda la vida, diluyéndose entre trámites burocráticos para no soltar al psicópata de su marido aún cuando él se encuentra en su mejor momento para hacerlo. La veo engullida en el mundo de los peros, para no enfrentar lo inevitable, para tener otra oportunidad de cagarla. No quiero verla sufrir, en verdad desearía poder hacerle una lobotomía y que olvidará que un día lo conoció o mejor aún que se permitiera soltar ese circulo vicioso que nos lleva directo al infierno, ese que con cada metida de pata nos hunde más. Algo dentro de mi me dice que debo ser indulgente, y sobre todo paciente, ella tomará la mejor decisión. La pregunta es cuando, y cuanto mas le costará. Creo que en este punto solo me queda rezar, rezar por ella ante mi Virgen favorita en la que mas confió por ser mujer y orar porque deje de estar enamorada del dolor mismo que le provoca esta situación. Si nos convertimos en una especie de amantes del dolor y lo enrollamos en nuestras vidas con nudos imposibles para no permitir nuestra liberación. Por mi parte solo me queda tener fe, que ella esta ahí dentro de sí y que solo debe encontrar la luz, su propia luz.

  • Soy fotógrafa y cuentista. Cuentos: Anabel, Miel con veneno, Imágenes que cuentan, Entretenimiento para Adultos, El Cerrajero, y la Chica del Tutu. jazminahartiana@hotmail.com