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Jeniffer JIMÉNEZ*

GUADALAJARA, JAL.-Vivimos en una época en la que descansar genera culpa. Provoca una sensación de rezago, como si la vida se tratara de una carrera en la que, si no estamos corriendo o por lo menos trotando, nos esperara una vida frustrante y amarga. Y cuando descansamos, aunque sea un poco, el cansancio no desaparece. Duermes y te levantas con una carga que ni tú mismo comprendes.

Sumado a esto, pasamos el día consumiendo contenido: demasiada información, demasiados puntos de vista, teorías y filosofías. En resumen, el cerebro está recibiendo más información en un solo día de la que antes se procesaba en semanas. Esto genera no solo agotamiento mental, sino también físico.

La culpa por descansar y sentir que nos alejamos de lo que vemos en redes, aunada al consumismo digital, contamina nuestra operatividad cerebral. Hemos perdido la capacidad de disfrutar el silencio interno. La modernidad ha normalizado que nuestro cerebro viva hiperestimulado. Consumimos información, la hacemos nuestra y generamos repetición constante de pensamientos alrededor de ella. Todo el día, a todas horas. Lo peor es que se volvió tan común que incluso estamos permitiendo que otros nos digan qué pensar y cómo hacerlo.

Y para el cerebro, eso representa la postura más cómoda posible. El cerebro no está diseñado para que progreses; está diseñado para ahorrar energía y mantenerte funcional. Simplemente acata las órdenes que eliges darle y las refuerza con la repetición diaria. Si crees que automáticamente elegirá tu bienestar o impulsará tu cambio, estás equivocado.

Lo más importante es entender que este bucle no ocurre solamente a nivel mental. También está involucrado nuestro sistema emocional. Todos esos pensamientos generan estados emocionales. Las noticias, los chismes y las historias fatalistas que consumimos provocan química cerebral que impacta directamente nuestras emociones. Y cuando estás sobrecargado emocionalmente, tu claridad comienza a desaparecer.

Para todas esas personas que quieren cambiar, pero sienten que es una lucha imposible e interminable, primero tienen que entender algo: probablemente su mente nunca ha descansado realmente.Y descansar conscientemente también es productividad mental.

No se trata únicamente de acostarnos o dormir algunas horas. Se trata de entrenar a la mente para habitar el descanso. La mente nunca dejará de pensar; intentar apagarla sería ir en contra de su propia naturaleza. Para eso fue creada. Pero sí podemos enseñarle a entrar en estados de relajación.

Como todo entrenamiento, requiere repetición, constancia y paciencia. Hasta que el cuerpo mismo aprenda a reconocer la calma sin sentir culpa por ella. Porque una mente agotada difícilmente puede construir una vida en paz. Y muchas veces no necesitamos más motivación, más disciplina o más exigencia. Necesitamos silencio. Necesitamos dejar de saturarnos para volver a escucharnos. Quizá el verdadero descanso no consiste en desconectarnos del mundo, sino en dejar de vivir permanentemente conectados al ruido.

 

*Escritora e instructora de meditación. Apasionada por los temas espirituales y de superación personal. He tomado diferentes estudios, diplomados y cursos que me han llevado a conocer y compartir lo que aprendo y experimento sobre el poder de nuestra mente y espíritu.

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