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  • Por: Mtro. José Ma. Villalobos Rodríguez.

Las turbulencias sanitario–económicas en la que se encuentra actualmente en juego el bienestar de las familias dependen del entendimiento entre la sociedad y sus niveles de gobierno. La fortaleza o debilidad de la comunicación social, el nivel de comprensión de lo que es o no es científico pone a prueba a regímenes democráticos o autoritarios por igual.
Si hay un perdedor casi generalizado han sido los sistemas públicos de salud, especialmente de las naciones en las que sus autoridades fallaron en prever, reorientar gasto y recursos humanos, consensar soluciones o implementar paros de actividades de forma oportuna e informada.
En el continente americano solo Canadá y Uruguay –nación con más ovejas que habitantes– han hecho bien su tarea. Hoy se anuncia que en Toronto aún no habrá beisbol de Grandes Ligas por la emergencia sanitaria pese a sus efectos económicos.
Estados Unidos y Brasil han sido los peores casos. La personalidad y desconocimiento de sus Presidentes han puesto en ridículo a los nacionales de estas dos grandes potencias económicas del continente.
La urgencia del Presidente Donald Trump por abrir las actividades económicas dándole cuerda a los gobiernos locales como el caso de Florida o Texas tuvieron que dar marcha atrás ante el aumento de casos o defunciones.
Siempre hemos sabido que si a Estados Unidos le da gripa a México le da pulmonía. Ningún pronóstico ha acertado sobre cuándo será el fin de la epidemia, mediante una nueva vacuna o cuál será el tamaño de la caída en la actividad económica.
En el México del 2020 los bancos comerciales concesionados por el Estado parecen no haber aprendido la lección que dejó en México el desencuentro Zedillo–Salinas de Gortari y los TESOBONOS balines.
Por el engaño de los TESOBONOS México tuvo que recurrir a la ayuda del Tesoro de los Estados Unidos, mediante la gestión del Presidente Bill Clinton y el voto favorable del Congreso. Si bien se obtuvo un crédito de emergencia por US$ 20 mil millones para solventar los TESOBONOS las represalias crediticias fueron severas. Por años México no tuvo crédito ni para empresarios mucho menos para las familias. En los círculos bancarios de Nueva York se dijo entonces que “América terminaba en el Rió Bravo”.
Los mayores impagos venían de familias que habían “adquirido” automóviles a crédito o vivienda en hipoteca creyendo en la palabrería de Salinas de Gortari y su gabinete económico, incluyendo a su Secretario de Hacienda.
La novata banca comercial del sexenio de Ernesto Zedillo inició una campaña muy agresiva hacia las familias deudoras para hacer efectivo los pagos.
El engaño de las Unidades de Inversión (esquema importado desde Chile) engatusó a miles de familias que en el mejor de los casos terminaron pagando el doble o triple del crédito de sus viviendas. Cientos de viviendas fueron embargadas por los bancos sin encontrarles un nuevo comprador.
Los jurídicos de la banca comercial embargaron miles de automóviles que terminaron echándose a perder en terrenos baldíos improvisados como almacenes.
Las viviendas embargadas no encontraron nuevos compradores y se fueron deteriorando ante la falta de uso.
Miles de familias de clase media entraron en conflicto que les llevó incluso al divorcio porque la calidad de vida y el ingreso sufrieron un desplome súbito.
El dólar se disparó, la inseguridad creció a lo largo y a lo ancho de México y el empleo formal se volvió un lujo. El incremento de asaltos y secuestros en zonas urbanas no obtuvo respuesta alguna del propio Presidente Zedillo.
Cuestionado sobre su plan de seguridad urbana por la comunidad inversionista de la Ciudad de México, Zedillo les contestó que “El Gobierno Federal no tenía dinero, que le hicieran como pudieran”… esto para los que se quejan de los tiempos que vivimos.
Se vino, entonces, la decisión de rescatar a los bancos a costa de los contribuyentes, mediante la compra de cartera vencida.
Se creó el famoso Fondo de Rescate Bancario conocido como FOBAPROA, mediante el cual volvió deuda pública la que era incobrable para la banca casi en quiebra. El costo fiscal de dicho rescate para 1999 equivalió, según Estándar and Poor´s a $ 988 miles de millones de pesos –esto es siete veces el ingreso fiscal obtenido por la venta de los bancos traídos a valor presente–.
Para el año 2000 se destinaron $ 40 mil 418 millones de pesos con cargo directo al presupuesto federal, además, de destinarle los remanentes del Banco de México (cerca de $ 20 mil millones).
A partir del 2001 Nacional Financiera y Banco de México absorberían $ 76 mil 390 millones de pérdidas proveniente de la banca comercial privada.
La colosal deuda pública que conjuntó FOBAPROA y fue muy combatida por organizaciones sociales como “EL BARZON” que encabezaba el ahora diputado federal y líder de MORENA Alfonso Ramírez Cuéllar.
Aquellos legisladores priistas que osaron cuestionar el FOBAPROA de Zedillo fueron expulsados de la política de por vida (como en el caso del Dr. Óscar Rodríguez, Diputado Federal por Aguascalientes).
Veinte años después, los activistas anti FOBAPROA tienen el poder y no se dan cuenta que la banca comercial concesionada está tentada hoy a repetir su error que llevó al FOBAPROA y a los grandes quebrantos para todos los mexicanos.
Hace cuatro años BBVA informaba que sus operaciones en México le generaron 1 mil 080 millones de euros de utilidad y que representaron el 39.9 por ciento del beneficio total. Nada despreciable.
El error de las autoridades hacendarias es seguir permitiendo que la banca comercial tenga tan altos márgenes de intermediación y que no se dé competencia alguna en tasas y cobro de comisiones. En lugar de competir la banca se pone de acuerdo en ofrecer factoraje o crédito con altos márgenes que llegan a volverse impagables –con o sin crisis económica–.
Existe un consenso que las últimas actividades que se recuperarán en el mundo de los daños del COVID 19 son las relativas al turismo, la cultura y la educación.
La gente tiene miedo de viajar y contagiarse. ¿Qué alternativa tienen para subsistir todas las familias que en Puerto Vallarta, Oaxaca de Juárez, Zacatecas, Guanajuato, Ciudad d México, Acapulco o Mérida viven del turismo nacional o extranjero?.
La gran cantidad de músicos, chefs, meseros, guías, cantineros, administrativos de todo el país que están siendo afectados por cuatro meses sin ingresos puede llevar a una ruptura social sin precedente en nuestro país.
Las actividades educativa – central en la generación de empleo y consumo en las ciudades mexicanas está muy lejos de volver a como fue. Los daños a la economía urbana nacen de menos uso del transporte público, menor consumo de ropa, menos compras en papelerías, menor gasto en comida en la calle.
Recordemos que entre 2006 y 2010 las 433 constructoras medianas y pequeñas crearon en Oaxaca cerca de 3 mil empleos directos, adquirieron materiales por cerca de 400 millones de pesos, pagaron 750 millones de pesos en salarios y aportaron al Producto Interno Bruto 10 mil 400 millones de pesos. Urge rescatar constructoras de pantanos financieros.
La miopía hacia lo económico del Presidente de la República parece ser incurable. Ya cerca de cumplir 70 años de vida no ha entendido que tan es emprendedor el señor que vende tacos en la esquina a oficinistas que Carlos Slim que vende servicios de telecomunicaciones a millones de familias.
Que cada familia que se mantiene con su iniciativa, dinero y trabajo debe de ser considerado un activo de este país puesto que no está medrando con fondos públicos, sino pidiendo que se le permita trabajar.
Que el tejido social empresarial que soporta a este país no son los grandes consorcios, sino los miles de pequeños y medianos empresarios, así como los miles de profesionistas que han invertido tiempo y dinero en su preparación.
Ojalá que en su nuevo entendimiento con los Gobernadores panistas de la región del Bajío el Presidente de la República se deje ya de estar señalando con índice flamígero a quien le venga en gana. Cuesta mucho más trabajo conciliar y construir que criticar y destruir.
Un Presidente de México no puede ser un activista electoral de tiempo completo. Debe ser alguien que escucha más que lo que habla, que busca puntos y puentes hacia acuerdos que promuevan el bien común de los mexicanos.
Debe de tener visión del presente y el futuro, informarse bien y jamás descalificar a nadie. Polarizar no deja nada bueno. Ya lo vivimos con Luis Echeverría y José López Portillo y aún estamos pagando los platos rotos. Recordemos que los verdugos de hoy probablemente sean los enjuiciados de mañana.

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