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NÉSTOR Y. SÁNCHEZ ISLAS

México tiene mala suerte, y Oaxaca peor. Desde los años 70 pasamos de vivir de crisis en crisis económica a la tragedia actual de un país sembrado de fosas, desaparecidos y cadáveres, todo regado con la sangre de las víctimas. Hoy nos gobierna la más depredadora y mediocre clase política de nuestra historia.

Gracias al trabajo del reportero Juan Carlos Zavala supe de la construcción de un proyecto depredador en la zona de los Chimalapas: un acueducto para extraer agua del río Uxpanapa y su cuenca y llevarla a la zona industrial de La Cangrejera, en el sur de Veracruz. Es parte de los mega desarrollos de los “antineoliberales e indigenistas” de la 4T. Estamos tan distraídos con la estridencia de la sucesión en la gubernatura, la visa de Andy y los yerros de la autoridad municipal que no vemos lo que verdaderamente importa.

La selva de los Chimalapas es patrimonio de la humanidad, no es solo una zona verde en el corazón del istmo de Tehuantepec. Es la arteria biológica y el regulador hídrico más relevante del sur de México. Ahí, en el cauce del río Uxpanapa —conocido en su cuenca alta como río El Corte— se da la vida de más de 900 especies de flora y encuentran refugio especies amenazadas como el jaguar, el tapir centroamericano, el mono araña y el águila harpía. Sin embargo, la lógica del desarrollo extractivo vuelve a imponer sobre este patrimonio natural una sentencia de devastación.

Amparados en caducas ideas de progreso a cambio de devastación, se pretende que el acueducto Coatzacoalcos trasvase millones de litros de agua para alimentar la inagotable sed del complejo de industria pesada de La Cangrejera y la refinería de Minatitlán.

El despojo del agua de la cuenca del Uxpanapa tendrá graves consecuencias. Los estuarios de la zona aumentarán su salinidad, afectando a su flora y fauna y comprometiendo la recarga de los mantos freáticos de los que dependen las pequeñas comunidades locales. No solo matarán a la flora y fauna: se llevarán en medio a las personas que ahí habitan. Los corredores biológicos se verán alterados y nos despojarán de uno de los últimos sumideros continentales de carbono. Es un crimen ecológico de consecuencias irreversibles. A la devastación de la naturaleza hay que sumar la violación sistemática de los derechos de los pueblos que ahí habitan y que, mediante amparos que debemos apoyar, intentan proteger a la naturaleza y protegernos a nosotros, aunque vivamos a cientos de kilómetros.

Otra lamentable tragedia para el futuro de Oaxaca es la colonización de la primavera oaxaqueña y sus vicios en el Sistema de Universidades Estatales de Oaxaca, el SUNEO. Ya se apropiaron de la UABJO y lo primero que hicieron fue aumentar desproporcionadamente todo tipo de cuotas a los alumnos por cualquier trámite. Llevaron aun más corrupción de la que ya había a las estructuras burocráticas de la institución. El rector es un soldado de Jara.

El SUNEO era la única oportunidad que tenían cientos de miles de jóvenes oaxaqueños para superar las condiciones de pobreza en que nacieron. Ahora atraviesa una reestructuración jurídica impulsada por el Ejecutivo estatal. La intervención mediante decretos que modifican las normativas orgánicas de las diez universidades que integran el sistema ha generado preocupación e incertidumbre en los ámbitos académico y laboral.

Por lo pronto, se extinguió una rectoría central y se han ido nombrando militantes de Morena para los cargos, pese a no tener los perfiles para ello. Son, en pocas palabras, premios de consolación para quienes los acompañaron en plantones y bloqueos durante décadas para apropiarse del poder.

Ahora el gobernador controla los órganos de gobierno. ¿Para qué? A partir de Heladio Ramírez López, cada gobernador parece más ajeno a la cultura y la educación que el anterior. Los órganos de gobierno de las instituciones académicas son ahora asumidos por funcionarios del gobierno estatal, lo que resulta un escándalo cuando sabemos que, por ejemplo, el secretario de Cultura apenas tiene estudios de secundaria. Y, por ocurrencia de la Consejería Jurídica del gobierno, se modificó el estatus jurídico: las universidades operan como Organismos Públicos Descentralizados (OPD) independientes, bajo el argumento de “regularizar” una figura organizativa.

¿Por qué y para qué apropiarse de esa institución académica? Porque la desprestigiada izquierda mexicana las ve como un bastión para sobrevivir apropiándose del erario mientras desestabilizan al país.

Por lo pronto, diremos adiós a la autonomía académica y al alto rendimiento de la única institución de alto nivel en Oaxaca y daremos la bienvenida a la mediocridad.

nestoryuri@yahoo.com

 

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