Claudia HOPPY BAUTISTA*
CHIHUAHUA, CHI.- Llegó octubre, el mes rosa, y para muchas personas es un mes de listones, campañas y mensajes de prevención y detección temprana. Para mí, significa mucho más.
Cada octubre hago un corte de caja de mi propia vida: ¿Qué pasó desde el octubre anterior? ¿Qué cambió? ¿Qué pude recuperar? ¿Qué secuelas siguen conmigo? ¿Qué aprendí? ¿Qué me sigue doliendo?
Han pasado más de diez años desde que el cáncer de mama irrumpió en mi vida y, aunque sigo aquí, no soy la misma mujer y quiero hablar precisamente de eso, de lo que casi nunca se ve después de sobrevivir porque cuando alguien me encuentra trabajando, viajando, dando una conferencia, haciendo negocios o riéndome con mis amigos, muchas veces me dice: “Pero mírate, estás increíble.” “Eres una guerrera.” “Ya pasó.”
Lo agradezco de corazón, pero ésa no es toda la verdad. La verdad también son los dolores, las secuelas de las quimioterapias, la falta de energía, el cansancio, las lágrimas y las noches en vela. La verdad son las partes de mi cuerpo que ya no están. La verdad son heridas que tardan años en cerrar, es contar el dinero, volver a empezar, trabajar duro, sentir miedo, sentirte sola, y al día siguiente levantarte otra vez y preguntarte: ¿Cómo sí?
Sobrevivir no significa que todo terminó. A veces sobrevivir es apenas el comienzo de otra batalla: reconstruir tu vida.

Si hoy estás sintiendo una bolita, no esperes. Quizá estás leyendo esto en Oaxaca, Chihuahua o cualquier lugar de México y ya sentiste algo diferente en tu pecho, y tienes miedo; lo entiendo.
Quizá llevas días diciéndote que no debe ser nada, que después vas al médico, que primero está el trabajo, los hijos, la casa, la cosecha, el negocio, la familia. Quizá tienes miedo de escuchar una palabra que pueda cambiar tu vida, pero quiero decirte algo desde el lugar de una mujer que ya recorrió ese camino: no esperes.
El miedo no desaparece porque cierres los ojos. Toma al toro por los cuernos y busca atención médica y si todavía no has sentido nada, tampoco esperes a que algo aparezca para empezar a conocer y cuidar tu cuerpo. La detección oportuna importa y en Oaxaca tenemos que hablar también de esto.
He tenido la fortuna de caminar entre productores, mezcaleros, empresarios, mujeres y familias de Oaxaca. Es una tierra que quiero profundamente y precisamente por quererla, hay conversaciones que también debemos atrevernos a tener.
Los propios Servicios de Salud de Oaxaca han reconocido que el miedo, la desinformación y la cultura machista pueden ser barreras que retrasen la atención de las mujeres. A eso se suman otras realidades: comunidades lejanas, falta de tiempo, dificultades económicas y mujeres que han aprendido a cuidar primero a todos los demás y dejarse a ellas para después.
No se trata de señalar a Oaxaca. Se trata de preguntarnos algo mucho más incómodo: ¿Quién decide sobre el cuerpo y la salud de una mujer? Tu pareja puede acompañarte, tu familia puede sostenerte, tu comunidad puede ayudarte, pero nadie debería impedirte cuidar tu cuerpo porque una revisión puede cambiar el rumbo de una historia completa.
Yo conozco el precio de esperar y durante muchos años me he preguntado: ¿Por qué no me revisé a tiempo? Esa pregunta duele porque cuando el cáncer entra a una casa, no llega solo.
Toca a los hijos, toca a la pareja, toca a los padres, toca la economía, toca el trabajo, toca los sueños, toca la confianza, toca la vida entera.
Mis hijos también pagaron precios que nunca eligieron. Tuvieron una madre que cambió, una familia que cambió y han tenido que aprender a conocer y amar a esta nueva mujer, con sus errores, sus cicatrices y sus pedazos todavía en reconstrucción. Eso también es cáncer.
En el lugar donde antes había un seno, llevo tatuada un ave fénix. No fue una decisión estética, fue un proceso. Después de intentar reconstruir mi cuerpo llegó un momento en que sentí que mi propio cuerpo me decía: Basta de luchar por recuperar exactamente lo que eras. Mira lo que quedó, acéptalo, sana y avanza. Entonces, convertí aquella parte de mi cuerpo en una obra de arte y hoy, cada mañana, después de bañarme, me miro al espejo y ahí está.

Mi ave fénix no me recuerda que soy invencible, me recuerda algo mucho más humano: que sigo aquí, que no me rajé, que hubo días en los que tuve miedo, días en los que lloré, días en los que no pude más, días en los que me sentí tremendamente sola, pero también hubo otro amanecer y sigo aquí.
Soy voluntaria de Grupo RETO Chihuahua, una organización que acompaña a mujeres con cáncer de mama antes, durante y después del tratamiento. He visto el miedo de quien acaba de recibir un diagnóstico, he acompañado quimioterapias, he visto mujeres perder un seno, he visto familias reorganizar su vida entera y he visto también algo extraordinario: mujeres reconstruirse.
Por eso este año decidí comenzar a contar mi historia de otra manera no para que me veas como víctima ni tampoco para que me pongas una capa de super heroína. Quiero contarla para que puedas verte en alguna parte de ella.
Si estás cansada y sientes que ya no puedes, quiero que sepas que existe un camino. No te prometo que será fácil, pero te digo que hay camino. Si encontraste algo diferente en tu pecho y tienes miedo, busca atención. Si llevas años dejando tu revisión para después, haz la cita. Si eres hombre, también conoce tu cuerpo y presta atención a cualquier cambio, y si amas a una mujer, no decidas por ella. Acompáñala porque cuidar tu cuerpo no es egoísmo, es un acto de amor hacia ti y hacia todas las personas que caminan contigo.
Yo he pagado muchos precios por seguir viva, pero también he visto amanecer muchas veces cuando pensé que la noche no terminaría. He trabajado, he llorado, he vuelto a empezar, he construido empresas, he perdido cosas, he encontrado personas extraordinarias, he aprendido a pedir ayuda, he aprendido a dejarme ayudar, he buscado una y otra vez el cómo sí y todavía tengo muchísimo por vivir. Por eso, si contar mi historia logra que una sola mujer deje de postergar su revisión, abrir mis heridas habrá valido la pena.
Mírate, tócate, conoce tu cuerpo, busca atención profesional y realiza los estudios que correspondan a tu edad y a tus factores de riesgo. No esperes a tener tiempo; haz tiempo para seguir teniendo vida.
Mi nombre es Claudia Hoppy Bautista. Soy sobreviviente de cáncer de mama, soy empresaria, conferencista, mamá, hija, amiga, voluntaria y una mujer todavía en reconstrucción, y aunque no soy la misma que era antes del cáncer, quizá finalmente entendí que tampoco tengo que serlo.
Tengo cicatrices, tengo ausencias, tengo pedazos reconstruidos y otros que aprendí a dejar ir; tengo sueños pendientes y cada mañana, cuando veo ese fénix sobre mi piel, recuerdo la frase que hoy quiero llevar mucho más lejos que estas páginas: Y sigo aquí buscando el cómo sí.

*Soy Claudia Hoppy Bautista especialista en Relaciones Públicas y conexión de sueños en una botella.
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