Las personas que se sienten presionadas socialmente, por ejemplo, se les desestabilizan las emociones y decisiones, impidiéndoles ser ellas mismas. Muchas entran al mundo del alcohol y las drogas para agradar a los demás o para sentir que por fin pertenecen a un grupo. Fuente: Periódico El Universal
· El psicólogo Ángel Rull explica que el complejo de inferioridad se refleja a través de la baja autoestima y la sensación continuada de no contar con las habilidades necesarias que nos hagan enfrentarnos al mundo, especialmente en los ámbitos que impliquen relaciones con los demás. Es una visión subjetiva, donde los rasgos físicos y de personalidad se consideran poco válidos.
HISTORIAL
En una relación de noviazgo que tuve hace tiempo, desde el principio fue pura violencia de parte de los dos, yo empezaba las discusiones y siempre terminábamos en pleito. Cuando mi novio no hacía lo que yo quería lo insultaba, le decía cosas muy hirientes, sin importarme cómo se sentiría; en mi mente lo golpeaba y le hacía de todo porque no podía hacerlo físicamente.
En aquellas ocasiones en que salía con sus amigos tenía ganas de dañarlo. Si caminábamos por la calle lo pellizcaba o le lastimaba la mano porque no quería que volteara a ver a alguien; si lo hacía, lo agredía. Llegó el momento en que empecé a darle puñetazos disfrazados de juego porque sentía odio hacia él, ya que mi novio tenía más fuerza que yo y cuando me agredía no podía hacer nada, y yo odiaba no poder hacerlo.
De pequeña veía cómo golpeaban a mi madre, sentía tanto odio al ver que no se defendía y seguía con esa persona, entonces juraba que jamás iba a dejar que alguien me golpeara, y el hecho de no defenderme de mi novio me hacía sentir traicionada por mí misma.
En una ocasión intentó matarme porque descubrió que lo engañaba, yo lo hice para tratar de desquitar todo el coraje que sentía hacia él, pues no podía vengarme y agredirlo igual que él lo hacía conmigo. Cuando me ignoraba, porque lo atosigaba, me daba mucho coraje y empezaba a hablar con otras personas y a coquetearles porque sabía que eso a él no le gustaba.
Las veces en quería dejarme le decía groserías, y le agregaba que era un bueno para nada, un tonto, que lo odiaba, que ojalá se muriera; incluso le gritaba que como hombre tampoco servía. Al agredirlo de esa manera, por dentro deseaba patearlo, morderlo. Quería que se sintiera igual que yo, que sufriera pero que no me abandonara. Muchas veces quise dejarlo pero no pude. Hoy entiendo que dependía emocionalmente de él.
Cada vez los insultos y agresiones fueron aumentando, incluso me dijo que me mataría. Yo lo seguía aunque él no quería que lo acompañara a sus actividades. Un día intenté abrazarlo y besarlo a la fuerza, pero como él no quería lo lastimé al empujarlo. Quería tenerlo conmigo siempre.
Cuando llegué a la Casa Hogar del Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos, me di cuenta que el miedo que sentía en esos momentos no me permitía ver todas esas agresiones, pero al irlas comentando y a través de las experiencias de mis compañeros, entendí que mis emociones no me dejaban ver nada; que esas agresiones que, según yo, eran por amor, solo eran pura violencia. Ahora que estoy en una terapia emocional, he advertido que le hice mucho daño a mi novio por mi forma de ser y que yo también me lastimaba al permanecer en esa relación. A través de estar en mi recuperación he encontrado la tranquilidad.
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