- Por Antonio Fourzán.
Ayer estaba revisando unos libros para trabajar el tema de liderazgo comunitario en un proyecto de seguridad ciudadana y llegué hasta una obra de Max Weber, “Economía y Sociedad”, en este libro, Weber afirma que existen tres tipos de dominación legítima: la tradicional, la carismática y la racional legal. La primera corresponde al apego a los valores y costumbres, que impone la tradición y la autoridad, que en el mayoría de los casos está representada por un Consejo de Ancianos, ya que dicho órgano se considera como la representación más fiel de la tradición, es el que toma las decisiones sobre el destino de dicha comunidad; la racional legal es la que se ejerce mediante leyes y normas, cuya aplicación se realiza a través de la burocracia, un aparato administrativo, que se rige por una jerarquía vertical, en el que existen diversos cargos, a los que se llega mediante una calificación profesional, esta era considerada por Weber como la forma más racional y eficiente de dominación legítima. Finalmente, el tipo más elemental de dominación, era el carismático, este modelo de autoridad es conducido por un líder que, con base en su personalidad carismática logra obtener la aprobación social para conducir a la comunidad.
Molero, un autor que analizó estos modelos, explica que para Weber el carisma implica que el líder posea una cualidad que se aproxime a lo extraordinario y que, además, incluye que el líder crea firmemente que tiene que llevar a cabo una misión, que sólo él puede lograr por esas capacidades sobrehumanas que posee y por tanto, exige en sus seguidores obediencia y adhesión. Al leer estas ideas me vino a la mente, ¿quién creen? López Obrador, claro, y me pregunté: por qué a nadie se le había ocurrido analizar la relación que existe entre el gobierno de la 4T y este modelo de dominación, que con mucha claridad explica el comportamiento de nuestro presidente y sus seguidores.
A continuación argumento mi afirmación, AMLO tiene una habilidad extraordinaria para comunicarse con la gente, “el pueblo bueno y sabio”. Esta habilidad aplicada durante los 18 años de campaña que realizó, de manera incansable, para llegar a la presidencia, hoy muestra sus frutos de manera contundente: a pesar de los errores en la conducción del país, a pesar de los frentes de batalla que el mismo abre, el más reciente contra la UNAM, sigue teniendo un elevado nivel de aprobación social, de acuerdo al último sondeo, 63%. De la misma manera, su capacidad para convencer a la gente, desde luego, apoyado en todo el aparato del estado, sobre sus proyectos no ha podido ser igualada, menos superada, por la oposición junto con los adversarios, ya que el 58% de los mexicanos está a favor de la contrareforma del sector eléctrico.
AMLO tiene una misión: acabar con la corrupción, sin embargo, a tres años de gobierno no se han emprendido acciones para echar andar el sistema anticorrupción, esto es porque piensa que este fenómeno se acabó con el sólo hecho que él llegara a la Presidencia y así lo dice a la primera provocación: “ya se acabó la corrupción”, “ya no es como antes”, “no somos iguales”. En los hechos, ahora, hay más corrupción, el IMCO reporta en su estudio de los países más corruptos del mundo, que estamos peor que Venezuela, qué decir del huachicol, está a niveles nunca vistos, el 80% de la asignación de obras, así como de las compras se hacen por asignación directa, etc.
López Obrador exige obediencia y lealtad a ciegas, por eso en la designación de su gabinete el requisito es 90% de honestidad y lealtad y 10% de capacidad, sólo así se explica que haya un ingeniero agrónomo dirigiendo PEMEX y un abogado en la CFE, entre otras incongruencias. Este punto también sirve para entender porque AMLO no tolera las críticas y menosprecia a los especialistas, pues considera que él es el elegido, en consecuencia, le hacen perder el tiempo, intentan desviar la ruta que el trazó para llevar a cabo su misión.
Finalmente, Weber señala que para que este modelo perdure, es decir, el líder se mantenga, tiene que haber éxitos que validen la misión y el camino para llegar a ella. Si la base social no se beneficia con el gobierno del líder, su carisma no será suficiente para mantenerlo en el poder e irremediablemente caerá. López Obrador tiene muy claro este punto, así lo deja saber el presupuesto de egresos para 2022, donde hay un aumento considerable para los programas sociales. Veremos hasta donde le alcanza.
Antonio.faz2018@gmail.com








