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  • Por Dr. Luis Miguel Urbiña Calvo.

¡Genial!, ¡genial!, ¡genial! La policía de Acapulco deteniendo a una “María”, una vendedora de dulces menor de edad, tratada como la gran “Capo”. Esto solo pasa en México. Mientras tanto, la delincuencia hace de las “suyas”, de las de “uno”, de las de “todos”. Siempre hemos sostenido: quieres conocer el alma de las personas “dales poder”.

Pasarán cursos, talleres, protocolos, exámenes, diplomados de derechos humanos, de relaciones humanas, de primer respondiente, de reacción inmediata, de prevención del delito, de criminología, de derecho penal, de derecho constitucional. ¡Vaya!, de lo que gusten y, manden y seguirán los cuerpos policíacos actuando en completa ¿barbaridad?

Empero, no fuera de alto impacto el delito, por lo que se requiera su intervención o, auxilio, porque entonces se activa el “teléfono descompuesto”. Sin embargo, también hay grandes policías, bancarios, preventivos, municipales y turísticos o, agentes estatales que dan la vida y su honor por la ciudadanía.

Aquellos que sin equipo, con sueldos, prestaciones y, sin dietas. Sí, sin dietas, sin seguro de vida, con salarios vergonzosos, hacen mucho con muy poco, arriesgando incluso su vida. Aquellos, a quienes dotan de equipo o, ropa cada quince años. Porque regularmente los “jefes” desaparecen los presupuestos destinados para ello.

Volviendo al principio, solo faltó que llegaran en auxilio de los policías de Acapulco, los agentes de la DEA. De las explicaciones que pudieran dar al respecto, ni platicamos porque no se puede explicar lo inexplicable. Máxime en tratándose de los derechos humanos fundamentales como el derecho a la libertad y el derecho al trabajo.

Peor aún, violación a los derechos humanos de las niñas y niños. En fin, merecen una investigación con merecidas sanciones para los poderosísimos cuerpos de seguridad que ejecutaron la detención y, para los jefes que, como siempre, se deslindaran de la responsabilidad. ¡Dios salve! Al país de malos policías. Mejor premien, reconociendo a los que cumplan con sus deberes con honradez, lealtad, honor, amor a la patria y, justicia.

Estamos seguros que, no todo está perdido, porque somos más los buenos y, los delitos se deben denunciar. Ahora, mínimamente existen las benditas redes sociales para hacer del conocimiento de la ciudadanía cualquier acto ilícito para que la autoridad policíaca correspondiente actúe en consecuencia de manera pronta y, expedida.

Para ello, también debemos de acostumbrarnos a perder el “asco” a la denuncia, a tratar de asistir y, apoyar a las víctimas, no solo a los malos. Aunque estos sean “seres humanos”. Debemos potencializar la denuncia, así como las investigaciones para que sigan su curso. Debemos dejar el “chisme” y acudir ante las autoridades policíacas, autoridades investigadoras y, autoridades judiciales.

Debemos acudir ante las autoridades administrativas de ser necesario, porque la autoridad o, instancia correspondiente se sentirá acompañada, con la obligación de cumplir con su responsabilidad. Demos vigencia al artículo 8º, 11, 13, 14, 16, 20 y, 21 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Seamos solidarios, porque la sociedad se crea a partir de las familias y, ambas, dan fuerza al Estado, a ese órgano de gobierno. Seamos solidarios y ganaremos las batallas como las ganaban los hermanos “Almada”, “Valentín Trujillo”, “El Chapulín Colorado”, “Santo”, El Enmascarado de Plata o, “Chanoc” en sus películas.

Seamos fuerza unida, seamos autoridad y, que la autoridad seamos nosotros, capaces de ponernos de acuerdo, platicar y, hacernos oír y, que las autoridades nos escuchen. Retomemos la Columna de Hierro. Cicerón y el Esplendor del Imperio Romano. Capítulo 33. (Taylor Caldwell- 2011): “Julio y Lucio estaban sentados en un fresco banco de mármol a la sombra de un mirto, bebiendo vino endulzado con miel y comiendo higos y uvas”. 22-06-2022

 

 

 

 

 

 

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