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*SOMOS Psicología y Formación nos dice:
El trastorno obsesivo compulsivo se caracteriza por la presencia de obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que la persona identifica como intrusivos e inapropiados. Estas obsesiones causan una gran ansiedad en el afectado, por lo que intenta suprimirlos o neutralizarlos. Son comportamientos o actos mentales repetitivos realizados reiteradamente. Su aparición suele ser de forma progresiva durante la infancia o la adolescencia. En algunos casos, periodos de estrés o un acontecimiento impactante pueden funcionar como desencadenante. También hay un cierto factor hereditario.

  • La Organización Mundial de la Salud nos dice:
    El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es una de las cinco enfermedades psiquiátricas más frecuentes y está considerada una de las 20 enfermedades más discapacitantes. Se trata de un problema neuorlógico que se traduce en un trastorno de ansiedad caracterizado por pensamientos obsesivos, es decir, ideas fijas recurrentes y persistentes que generan inquietud, temor, ansiedad o aprensión.

HISTORIAL

De pequeña, en una ocasión mi padre con su actual esposa nos arreglaron, a mi hermana y a mí, y nos llevaron al centro a tomarnos algunas fotos, solo recuerdo que sentía muchos nervios y no podía controlar mis manos y mi ansiedad; como tardaron en tomarnos las fotos comencé a contar con los dedos, no sé hasta que número, pero eso empecé a realizar y ni así me calmé. En la foto aparezco con los dedos torcidos porque no pude dejar de contar hasta que terminó la sesión.
      Quizás, para algunos “pisar raya” era un juego, para mí no, era algo terrible; comenzaba a caminar pero sin pisar la línea porque pensaba que algo malo iba a pasar, y evitaba hacerlo. Contaba escalones, una y otra vez, cuando veía algunos; contaba números cuando sentía angustia, cortaba las bolsas de compras de manera correcta, no tomaba los productos al revés y tampoco de cabeza. En mi infancia era popular tomar cierta bebida infantil congelada y agarrar el bote de cabeza, no por la tapa sino al revés, yo no lo pude hacer; para muchos el consumir esa bebida al revés    era divertido, pero no para mí.
Cada vez que me encargaban cuidar una olla o lo que sea en la estufa y me decían que la apagara en cinco o diez minutos, pasaban esos minutos y le agregaba otros más porque sentía que no era suficiente; así podía estar durante un buen tiempo. Muchas veces la persona que me encargaba las cosas regresaba y hacía el comentario: “¿Qué, todavía no la apagas?” y terminaba por hacerlo; es que para mí no había sido suficiente. 
         Todo lo quería parejo, que no hubiera algo que rompiera ese equilibrio o la uniformidad de las cosas. Lo mismo me sucedía con las plantas y las mascotas, no me gustaban las imperfecciones. Sentía mucha ansiedad por cambiarlas, modificarlas, cortarlas.
En mis lugares de trabajo, por querer hacer las cosas de manera perfecta y minuciosa, y más cuando me daban la indicación de que era algo importante y debía ponerle más esmero, se volvía peor la situación y las revisaba una y otra vez. Tuve un jefe que si me decía que ya enviara los correos, él se daba cuenta que eran más de 20 veces que los examinaba; yo no me daba cuenta de ello y por eso tardaba en realizar las actividades. Lo mismo sucedía cuando tenía que cortar con alguna máquina, me decían que dejara a la maquina trabajar, pero me era difícil; la miraba una y otra vez y, muchas veces, me quedaba fijamente observándola hasta que terminaba de cortar las cosas, porque sentía que no iban a quedar bien. 
Lo mismo me pasaba con la cuestión de salud. Por lavarme una y otra vez las manos, estas terminaban demasiado resecas como piel de cocodrilo, porque pensaba que tenían bacterias; procuraba no tocar las llaves del lavabo o traste que ocupaba; pero si en todo ese proceso, por alguna razón, los llegaba a tocar, sentía que quedaban sucias y lo volvía a hacer una y otra vez, y era cuestión de nunca acabar. Muchas veces estando en la calle buscaba cerca un baño para lavarme las manos porque sentía muy fuerte la necesidad de aseármelas, por las bacterias. 
       Con esto de la pandemia, ahora que estoy en la terapia, he podido controlarme porque la medida sanitaria es lavarse las manos frecuentemente; sí, lo hago, pero de manera consciente, ya no tanto por sentir la ansiedad de hacerlo o por las bacterias que hay en el ambiente. Este balance lo he podido obtener a través de estar en la terapia del Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos.

Correo electrónico: grupobvoaxaca@hotmail.com
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