- Mtro. José María Villalobos Rodríguez.
Cuando apenas parecía verse luz al final de la pandemia COVID y anexas se revienta la invasión de Ucrania por el plutócrata Vladimir Putin -con plena aprobación de la totalidad de sus 600 parlamentarios.
Los mercados internacionales se ponen histéricos, “urbi et orbi” se rompen las vestiduras centenas de líderes de opinión, políticos, diplomáticos, cabezas de organizaciones no gubernamentales hacen pública su condena a tan siniestra iniciativa. Se lleva las primeras planas de los periódicos en el mundo y las entradas de noticieros. Pero hasta ahí llega la cosa… puro “apoyo moral”.
De repente UCRANIA cobra una súbita importancia -algo que no sucedía desde 1986, cuando en su territorio se dio la tragedia de Chernobyl –tragedia ocurrida por descuidos y pésimo mantenimiento en una planta nuclear de ingeniería rusa.
Corren ríos de tinta y sólidas condenas en Naciones Unidas contra la barbarie de una guerra muy desigual, pero tal parece que no sólo no se frena, sino le acelera más a la invasión.
Las amenazas de sanciones económicas efectivas contrastan con las que es posible hacer. Londres no quiere renunciar a ser el mayor centro de blanqueo de capitales bizarros y de la inversión inmobiliaria de los “oligarcas” rusos.
Cuba, Nicaragua y Venezuela voltean para otro lado. Alemania se aferra a la conveniencia de consumir gas natural ruso o tibiamente se replantea volver a operar sus centrales nucleares que Merkel detuvo en su momento. Francia, Canadá, Estados Unidos compiten a ver cuál de sus líderes hace el discurso más humanitario contra la guerra emprendida por qué los montoneros rusos contra los indefensos ucranianos. A regañadientes –para variar- México tibiamente se une a la protesta en Naciones Unidas.
La guerra de mentiras tiene una reñida batalla en el internet. Se plantea que Ucrania es la súper potencia agropecuaria, energética y de minerales raros para justificar el apetito ruso por dicho territorio.
De acuerdo a “The World in Figures 2022” de la revista inglesa THE ECONOMIST el PIB por habitante de Rusia es cercano a US$ 12,000 (es menor que el de España), mientras que el de Ucrania es de US$ 3,659; en comercio exterior Ucrania exportó US $ 50 mil millones y Rusia US$ 424 mil 500 millones,
En población Rusia cuenta con 145 millones 900 mil habitantes, mientras que Ucrania sólo 44 millones; 5.8% del empleo en Rusia es en la agricultura mientras que en Ucrania es el 9.0%, en trigo los rusos producen cerca de 74 mil toneladas anuales, mientras que Ucrania no alcanza ni 30 mil tons/año
Rusia se encuentra entre los diez principales productores mundiales de petróleo, gas natural, vehículos automotrices (de mediocre calidad), carbón, energía eléctrica, oro, plata, platino, cobre, plomo, zinc, níquel y aluminio.
Las fuerzas armadas rusas suman casi 3 millones incluyendo sus reservistas; Ucrania tiene menos de la mitad en personal militar y en cinco años ha perdido 6 millones 100 mil habitantes. En resumen, David contra Goliat.
No hay nada más estéril para estos casos donde una potencia aplasta a una nación mucho más pequeña que la intervención del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas- actualmente presidido por Rusia.
El plutócrata – que no socialista- de Valdimir Putin se va a salir con la suya.
Al igual que sucedió con las vacunas, las naciones hiper prosperas verán por sus propios intereses – no por los de los indefensos ucranianos. Se demuestra nuevamente que la supuesta solidaridad internacional es falsa.
La realidad es que cada nación sólo ve por sus intereses y que como sucedió antes de la Segunda Guerra Mundial cuando Alemania invadió Polonia nada concreto se hace para contener al invasor.
Los diversos mercados de bienes y servicios estarán saltarines unos cuantos días pero hasta ahí. Los especuladores aparecen y desaparecen con gran prontitud.
PEPSI COLA no ha manifestado que ante la invasión de Ucrania saldrá de Rusia, los ingleses no quieren dejar de ser el nido de amor de los capitales mal habidos originarios de Putin y su burbuja de empresarios. Las ligas de futbol europeas le han cancelado la sede de la final de la Champions a San Petersburgo y se la han dado a París. Los oligarcas rusos propietarios de equipos siguen tan campantes como si nada estuviera pasando. Las protestas al interior de Rusia –como es la marca de la casa- han sido severamente reprimidas ya que ahí el derecho a disentir no es aceptado. Algo así como el que no está conmigo, está contra mi.
Una manta anónima captada por las televisoras internacionales sintetizó lo que sienten los ucranianos hacia el resto del mundo que los dejó solos, en abandono mientras que las tropas rusas avanzan inexorablemente:
“TANK YOU FOR NOTHING”.
Nuestra generación atestiguó en 1968 algo similar cuando la Unión Soviética invadió Checoeslovaquia y con pesados tanques destruyó un sueño de democracia nacido en Praga en la primavera. Sucedió lo mismo que hoy: condena internacional estéril y lágrimas de cocodrilo. Los soñadores pro una democracia checa acabaron en el exilio o en la cárcel.
En síntesis: los gobiernos totalitarios y sus grupos de interés jamás se van a doblegar ante rezos humanitarios o palabras de condena – vengan de quien vengan. ¿Por qué lo hacen?: pues porqué simplemente está en su naturaleza.
Las redes amplias de la policía secreta rusa (KGB) no van a comprar ningún argumento que ponga en riesgo su dominio autoritario sobre 145 millones 900 mil habitantes. Las perdidas para esta plutocracia serían mucho muy grandes y por lo contrario hay que expandir el botín despojando de su patria a 40 millones de ucranianos. Vladimir Putin ya advirtió a Finlandia y Suecia que se desistan de unirse al Tratado del Atlántico Norte (OTAN) so pena de recibir miles de soldados rusos que no irían precisamente de turistas a visitar sus territorios.







