Heraclio Bonilla Gutiérrez
En días recientes la palabra soberanía ha sido pronunciada abundantemente por políticos (analfabetas funcionales, algunos con doctorado en Derecho) en innumerables ocasiones, sobre todo por quienes creen (conducta irracional) que al pronunciarla, el pueblo eufórico va a correr a preguntar quién le proporcionará un mosquetón para defender la soberanía nacional de cualquier intento de un país extranjero de venir a mancillar nuestro territorio.
Por mi edad, no sería de los primeros llamados al frente de batalla, pero en el supuesto de una verdadera invasión de nuestra soberanía, con gusto me propondría como voluntario, porque esa es la conducta que le debemos a la patria, pero no es el caso.
Soberanía significa la capacidad jurídica de un Estado Nación para decidir la forma en que ejerce, hacia el interior, los poderes en que divide su gobierno (en nuestro caso Poder ejecutivo, legislativo y judicial) y hacia el exterior, la igualdad entre los Estados Nacionales, el respeto a su integridad territorial y su independencia política.
Nuestra Constitución Federal, en su artículo 39, establece: La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo.
A su vez, el artículo 40, establece: Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica y federal, compuesta por Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior, y por la Ciudad de México, unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental.
Como podemos comprender de esta breve transcripción, el origen de la soberanía y la forma en que el pueblo de México (no sus políticos) la ejerce, está claramente descrita por nuestra norma fundacional como Estado Nación.
Ahora sí, es momento de abordar el tema que da título a esta columna: Los políticos engañan al pueblo de México cuando dicen que todos debemos salir a defender nuestra soberanía nacional, porque lo hacen concretamente con la intención de que evitemos que los Estados Unidos de América, se lleven a presuntos delincuentes que ocupan u ocuparon cargos públicos de relevancia y están vinculados con el crimen organizado y con el partido político al que pertenece la presidente de la república.
Es preciso aclarar, que no es un acto invasivo de nuestra soberanía, pues están requiriendo a esos presuntos delincuentes, con la formalidad del caso, es decir, mediante un procedimiento que México aceptó al suscribir un tratado de extradición con los Estados Unidos de América.
Los Estados Unidos de América no pretenden venir a aprehender ciudadanos mexicanos al azar, ni pretenden hacerlo con desconocimiento de nuestro gobierno, todo lo contrario: vienen por presuntos delincuentes plenamente identificados y pidiendo la colaboración de nuestro gobierno para su detención.
No todos somos conocedores del derecho, por eso, cuando pretendan inducirnos a una acción, alegando razones y una terminología que no comprendemos bien, debemos informarnos a través de especialistas, después, si fuera el caso, podemos apoyar la invitación que se nos hace, pero nunca manipulados por quienes se benefician de actividades ilícitas y cuentan con los medios para difundir una mentira que favorece sus intereses personales y afecta los intereses nacionales.
Ahora que tienes esta información, tampoco la creas, razónala, discútela con familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo y con quienes más puedas, porque del intercambio de opiniones, puede surgir tu propio criterio, pero fortalecido, enriquecido y en tus propias palabras, no en aquellas mendiante las que pretenden manipularte.
Las personas (políticos) que están en la primera lista enviada por el gobierno de los Estados Unidos de América al Gobierno de México, para ser detenidas con fines de extradición, deben ser tratadas como inocentes hasta que un juez los declare culpables, pero algo es seguro: el Estado nación que requiere bajo este mecanismo jurídico internacional a ciudadanos que se encuentran en otro país, deben cumplir un mínimo de requisitos para que su solicitud proceda, entre otros, que existan pruebas de su participación o responsabilidad en los delitos por los que son requeridos, en este caso, existen.
Es momento de que como mexicanos, evitemos seguir creyendo discursos que nos dividieron entre chairos y conservadores, eso puede funcionar en el primer acto de la comedia o la farsa, pero no durante toda la obra, porque en algún momento debemos entender a qué género literario pertenece.
Unidos como mexicanos sí, pero no para ser manipulados.
La soberanía nacional, esa que reside en el pueblo, nos permite poner en los cargos públicos a todos aquellos que fueron electos para ocuparlo, también a aquellos servidores públicos que fueron nombrados directamente por los electos, de ahí que, cuando alguno de ellos incumple con sus obligaciones derivadas del cargo o ejerce facultades que no le fueron expresamente concedidas por la normatividad aplicable, deben responder ante el pueblo. Lo anterior, que parece demasiado fácil de entender, no lo es. Son pocos casos los que conocemos en que el pueblo decidió castigar las conductas de los servidores públicos que decidieron hacer su voluntad y dejar de cumplir su obligación. Otra cosa son las venganzas que se dan entre los propios servidores públicos y que sirven de mensaje al pueblo de que está castigando las conductas indebidas, aunque últimamente está ocurriendo lo contrario, es decir: al más alto nivel de poder político, se está haciendo una defensa a ultransa de quienes son señalados de actos delictivos y pertenecen al partido político en el poder.
En muy breve tiempo vamos a dejar de escuchar que alegando ataques a nuestra soberanía, los políticos mantengan su pretensión de que defendamos presuntos delincuentes, ¿porque aceptaron que nos mentían? ¡No! Porque tendran miedo de aparecer en futuras listas.
Chinuni (pilón en mixteco): En este momento ningún país pretende atacar nuestra soberanía.








