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  • Mtro. José María Villalobos Rodríguez.

Desde que tenemos uso de razón nuestros maestros de Civismo nos endilgan el dulce que vivimos en los Estados Unidos Mexicanos bajo un régimen federal. Pero, al mismo tiempo, nos damos cuenta que no es así. Las elecciones en los tiempos del PRI (nada más 70 años) eran una broma, ya que ganaba todas las elecciones con “votaciones” abrumadoras. Sobre la democracia del vecino del norte en México se tenía 40 años la ventaja de saber de antemano y sin asomo de duda quién ganaría las elecciones.
Partidos como Acción Nacional no pasaban de ser minúsculos y muy identificados con el clero católico- que por su parte tenía una vida oculta muy poco ejemplar con casos de corrupción de menores o de grandes dispendios de su alta jerarquía -más dedicada a cultivar a familias ricas y famosas que a su teórica misión de ver por los necesitados.
El Partido Comunista era otra entelequia. Nada más con su hoz y martillo inspiraba desconfianza que empeoró cuando Fidel Castro se declara de izquierda y al inicio de 1960 permite que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas instale misiles nucleares apuntando a ciudades de la Unión Americana. Poco se difundió, entonces, que desde Groenlandia los Estados Unidos tenían al mismo tiempo cerca de 600 mísiles nucleares listos para destruir las ciudades soviéticas.
En el 5º año de primaria tuve maestros maristas cubanos expulsados por la Cuba de Fidel que nos relataron de primera mano cómo fueron despojados de sus escuelas, encarcelados y deportados por el régimen “comunista” vigente hasta la fecha en la isla.
La transición de la dictadura perfecta del PRI hacia una democracia ha sido lenta, con un paso adelante y dos para atrás. Después de 70 años de gobierno autoritario y centralista todo ese cuento del federalismo poco ha logrado progresar. Quizá en la garantía de “elecciones libres” ha habido algo de progreso – pero no tenemos garantía alguna que habrá continuidad y no volveremos a la situación en la que el partido en el poder sea a la vez juez y parte de las elecciones desde Bucareli.
En recientes procesos electorales se ve con claridad que los narco intereses ya marcan su agenda e impulsan o asesinan a candidatos que le son agradables o útiles. Este segmento social con intereses de control de plazas clave para traficar lo robado, migrantes, metanfetaminas, lavar ajeno o propio, cobrar piso o tránsito ya se ha apoderado de una tercera parte del territorio nacional- de acuerdo con las estimaciones de inteligencia de la Unión Americana.
Pasar de controlar un territorio a gobernarlo es relativamente fácil. En Colombia lo hicieron por décadas los guerrilleros – narcos, los terratenientes con sus paramilitares, los traficantes de personas, las guerrillas puras y los que hacen trueque de armas por cocaína o sustancias químicos recreativas.
Estas estructuras se han sofisticado, gracias a la disponibilidad de tecnologías de la información y avances como los drones – que están a disposición de quien los requiere y a muy bajo precio.
El control de un territorio extenso, pobre y despoblado como el estado de Zacatecas (75 mil kilómetros cuadrados de superficie, 3.8% del total del país) es poco apetecido por el gobierno estatal y federal. Ir de los límites con Aguascalientes a la capital de Coahuila significa recorrer ocho horas una carretera aburrida, en línea recta y con pequeños poblados que son ideales para ser extorsionados y que sociopolíticamente no son de interés alguno ni para los políticos ni para los empresarios.
Si aparecieran cadáveres colgados en Monterrey – Garza García, Zapopan – Guadalajara o en la colonia Polanco de la Ciudad de México se activarían todas las alarmas gubernamentales o empresariales para encontrar a los culpables
Tratándose de Fresnillo y Zacatecas la cosa cambia. Con tan solo un millón 622 mil habitantes, 26º lugar nacional en población la mayoría en pobreza extrema ¿a quién le puede importar Zacatecas? En cualquier alcaldía de la Ciudad de México se duplica o triplica tal población en un territorio más pequeño y fiscalmente más rentable.
El actual gobierno federal acaba de cancelar la posibilidad que se den más concesiones mineras- actividad legítima que en Zacatecas era su motor de crecimiento económico y generador de ingreso para sus ingenieros y gente especializada en detectar y explotar yacimientos de plata, cobre, zinc.
Total que más da si Zacatecas es engullido por organizaciones ilegales… Es un estado cuyos migrantes han pasado de temporales a definitivos y que dejan de ser una carga para el erario. Mientras más emigren, mayores remesas mandan y menos apoyos sociales se demandan. Es para el fisco “ganar – ganar”.
Vemos, pues, en el ejemplo de esta entidad federativa el desdén de autoridades, legisladores, empresarios hacia 1 millón 600 mil mexicanos que no son de su interés. El último gobernador priista de Zacatecas prefirió irse a vivir a la congeladora que es Canadá que permanecer en la capital de su estado.
Para estados expulsores de población resultado del abandono de los tres poderes de la Unión como lo son Michoacán, Guerrero, Veracruz, Chiapas, parte de Chihuahua, Sonora, Tamaulipas, Coahuila y Zacatecas, no existe el menor interés presente o futuro en salir en su defensa.
Irse a tomar la foto ha sido lo más cómodo. Por eso sostengo que estamos muy lejos de un federalismo real. Que la desproporción de recursos centralizados en el irónicamente denominado “gobierno federal” resulta en una ceguera presupuestal hacia entidades federativas en las que sus habitantes no tienen ni en qué caerse muertas.
Un gobierno central se ocupa solo de los centros urbanos que le reditúan ingresos por pago de derechos, impuestos, contribuciones relevantes. Municipios industriales, de servicios sofisticados le son muy apetitosos al SAT.
En cambio, para el fisco o las empresas no son de tomarse en cuenta poblados aislados, en pobreza y que jamás progresaran por determinismo geográfico y por su minúscula importancia como mercado de bienes y servicios.
El dogma que por igual siguen las empresas refresqueras o el gobierno federal es que solo les interesan mercados urbanos, prósperos, seguros y muy rentables.
Desgastarse en invertir en las sierras de Guerrero u Oaxaca, los polvorientos pueblos zacatecanos, los sitios húmedos de Veracruz o Chiapas, las comunidades aisladas en ambas fronteras es la muestra que de república, federación o Estados Unidos Mexicanos tenemos muy poco.
Una nación es federal cuando realmente ve por todos sus ciudadanos, por todas sus regiones, por todas sus comunidades, por todas sus ciudades. No se puede sostener que en México existe un auténtico principio de subsidiariedad fiscal cuando se aplica el desdén por la seguridad y salud de los zacatecanos, michoacanos o guerrerenses y se privilegia la de sitios como la Ciudad de México donde vive uno de cada ocho mexicanos.

 

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