- Por Dr. Luis Miguel Urbiña Calvo.
A lo largo y ancho de la república mexicana sigue de pachanga la muerte… sigue acechando muy intensamente, sigue causando muchos destrozos, porque es amiga íntima del Covid-19, pero también la delincuencia tiene ese ritmo, peor aún, el crimen organizado ¡no cesan! ¡Caray! En Tamaulipas, en Iguala, en Sinaloa, en Michoacán, para colmo falla la prevención en el Golfo, con seres malvados que intencional o imprudencialmente “asesinan” a niños con veneno que debieron comer “animales”, impactando a la sociedad.
¡Qué lamentable! ¡Qué lamentable! Que la seguridad pública federal desatine gravemente en el interior del país… tanto que los índices de homicidios, de ataques a los propios agentes de seguridad municipales, estatales, agencias de investigación, guardia nacional y ejército aumenten irremediablemente.
¡De verdad! ¡Que alguien nos explique! ¡Que alguien le explique! a la primera magistratura del país, que en los que confía, y a quienes encarga la seguridad pública, no la atienden, ni entienden. ¡Por favor que le informen bien! ¡Ojala! no le sigan ocultando información. ¡Ojala! le digan… que así como algunos muy posiblemente le han jugado las contras en estados como Guerrero, no le están ayudando; porque lo único que han demostrado es su ausencia; ya que, no han logrado imponer respeto, autoridad ni la ley, siendo arrinconados los agentes de la seguridad pública en municipios de Michoacán y Guerrero, olvidando los directivos de la federación la Constitución que protestaron respetar y hacer respetar, olvidando también el artículo 21, que a la letra dice en su primer párrafo: “La investigación de los delitos corresponde al Ministerio Público y a las policías, las cuales actuarán bajo la conducción y mando de aquél en el ejercicio de esta función”; y en su párrafo noveno que a la letra dice: “La seguridad pública es una función del Estado a cargo de la Federación, las entidades federativas y los Municipios, cuyos fines son salvaguardar la vida, las libertades, la integridad y el patrimonio de las personas, así como contribuir a la generación y preservación del orden público y la paz social, de conformidad con lo previsto en esta Constitución y las leyes en la materia. La seguridad pública comprende la prevención, investigación y persecución de los delitos, así como la sanción de las infracciones administrativas, en los términos de la ley, en las respectivas competencias que esta Constitución señala. La actuación de las instituciones de seguridad pública se regirá por los principios de legalidad, objetividad, eficiencia, profesionalismo, honradez y respeto a los derechos humanos reconocidos en esta Constitución.”
De ahí que, como ciudadanos de “vista limpia” tengamos tanto el compromiso como la responsabilidad de ser observadores de la prevención del delito y la preservación de la seguridad de nuestro pueblo, apoyando el combate a los delitos. Empero, ¡sin dejar de cuidarnos! Tengamos solidaridad, observando: “la evocación de entre otros pasajes de Nietzsche, aquel que se retrata en la Introducción Aporías de la cultura. El malestar de la cultura, (Freud S. 2014), en La genealogía de la moral, según el cual la génesis de la “mala conciencia” habría que encontrarla en el instinto de crueldad, que, si no puede desahogarse, se vuelve contra sí mismo: Todos los instintos que no se desahogan hacia afuera se vuelven hacia adentro, esto es lo que yo llamo la interiorización del hombre […]. Ese instinto de la libertad reprimido, retirado, encarcelado en lo interior y que acaba por descargarse y desahogarse tan solo contra sí mismo; eso, sólo eso es, en su inicio, la mala conciencia […]. Sólo la mala conciencia, sólo la voluntad de mal tratarse a sí mismo proporciona el presupuesto para el valor de lo no-egoísta (Nietzsche, 1972,96-100).”







