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  • Por Mtro. José María Villalobos Rodríguez.

Latinoamérica tiene un muy amplio historial sobre nexos cercanos entre grupos mafiosos y políticos encumbrados – sin que importara como llegaron al poder.
Un caso extremo fue el del militar Manuel Noriega que permitió que su país fuese el trampolín para que los capos de la droga colombianos (encabezados por Pablo Escobar) tuvieran fácil acceso con su mercancía a los Estados Unidos y que su sistema bancario lavara infinitas cantidades de dineros -mal o bien habidos.
Eran momentos del auge del boxeador Roberto “Mano de Piedra” Durán, amigo desde la infancia de “Cara de Piña” y para el gobierno un gran distractor para el pueblo sabio. La intervención militar de la Unión Americana no tardó en llegar y Noriega terminó sus días en un penal de Florida pagando por haber hecho de su país un narco estado.
Tiempo más atrás Argentina que al final de la Segunda Guerra Mundial dio cobijo a cientos de militares o cercanos al gobierno de Adolfo Hitler y que sin tapujos se fueron desvaneciendo en ciudades o campos del país austral. El régimen del recién fallecido anciano Carlos Menem estuvo involucrado en un escandaloso contrabando de armas hacia Centro América -en la era de Ronald Reagan.
La economía opaca en origen de capitales tiene en Argentina prácticas muy avanzadas de encubrimientos y complicidades. En la historia financiera mundial Argentina destaca por haber implementado el llamado “CORRALITO”- esto es la confiscación por el Estado de los ahorros de sus ciudadanos- una práctica que ni Hitler o Mussolini se atrevieron a hacer.
Nunca se pudo desligar el gobierno argentino de sospechas de encubrimiento a quienes activaron explosivos en la mayor sinagoga de Buenos Aires durante el gobierno de Carlos Menem.
El fracaso argentino frente a Inglaterra en la llamada Guerra de las Malvinas destapó lo que los ciudadanos ya sabían: los malos manejos de los militares encargados de adquisiciones y con qué facilidad mandaron al matadero a jóvenes en notoria desventaja en capacidad de fuego.
Los sobornos a jugadores de Perú en el Mundial de Futbol de 1976 permitieron que la selección argentina fuese campeón.
En Perú la época previa y durante los períodos de gobierno del Ingeniero Agrónomo Alberto Fujimori mostraron al mundo que ante el terrorismo extremo también el Estado puede ser más cruento que aquellos que estaban en la “lucha de clases”. Fujimori predicaba en contra de la corrupción y resultó ser otro adicto al dinero de los contribuyentes.
Colombia es un caso extremo en desarrollo de economía mixta: la ilegal junto con la legal. El pago en vidas a este bizarro sistema es uno de los más altos que ha habido en la historia contemporánea.
Las naciones caribeñas han padecido también de estos personajes autócratas que exprimen y reprimen a sus ciudadanos, logran dominar por años como fue Papá y Baby Doc Duvalier en Haití, Fidel Castro y familia en Cuba y Trujillo en Dominicana. Las familias más pudientes inmigrantes en Florida son haitianas.
Guatemala, El Salvador y Honduras han sido flagelados tanto por el cambio climático como por sus militares gobernantes que han logrado conflictos frecuentes que terminaron en éxodos masivos del campo a la ciudad y después hacia Estados Unidos o España. La fortaleza de pandillas como la Mara Salvatrucha en El Salvador la convirtió de facto en otro gobierno vía el cobro de piso.
Chile tuvo en Augusto Pinochet un gobernante de mano dura y a quien nunca le tembló la mano para apaciguar a cualquier crítico o disidente. El éxito económico que logró fue empañado con el tiempo por la represión y corrupción de la familia Pinochet -quien tuvo protección inglesa ante el intento de juzgarlo en Europa por crímenes de lesa humanidad.
Bolivia tuvo a militares como presidentes de mano durísima y apegados a los grupos de poder económico. La pobreza de la población boliviana contrastaba hace 50 años con la de Atenor Patiño (Rey del Estaño) -uno de los hombres más ricos del mundo. Hoy día los inmensos depósitos de gas natural y la existencia de minerales raros han atenuado un poco la ancestral pobreza. Ecuador tuvo gobernantes émulos del PRI mexicano y le copiaron más las malas mañas que las buenas.
La Venezuela democrática del siglo pasado derrochó recursos en contar con cazas Mirage franceses – muy útiles para los desfiles. La corrupción de los partidos políticos hizo que los venezolanos voltearan a ver en Hugo Chávez un supuesto salvador – y así les fue. Salió peor el remedio que la enfermedad.
La República Bolivariana de Venezuela de hoy carga sobre sí una mala fama en cuanto a permitir que en su suelo operen grupos delincuenciales de vario pinto origen y destino. Aprovechando el equivalente a “abrazos, no balazos” los grupos de delincuencia organizada han rebasado seriamente a las fuerzas del orden, ya que están mejor armadas y cuentan con financiamiento, logística y telecomunicaciones muy sofisticados. Una tercera parte del territorio está ya fuera del control gubernamental y existe desde la minería clandestina hasta el tráfico de personas a gran escala.
Tras este rápido recorrido se puede concluir que desde Guatemala hasta el fin de la Patagonia las lecciones que da la historia es que no hay garantía que los de verde olivo gobiernen mejor o que no caigan como ratones en las trampas de sobornos -tipo los de la constructora brasileña Odebrecht o los cañonazos de grupos que pagan por el “dejar hacer-dejar pasar”.
Por décadas los gobiernos civiles descuidaron en México las fronteras y las costas. Hoy pagamos el precio de tal exceso de confianza. El gasto en defensa y marina fue ínfimo aún al final del gobierno de Miguel de la Madrid.
La entrada de China al comercio internacional y el libre movimiento de extranjeros hacia México trajo consigo también alianzas de mafiosos mexicanos con asiáticos o sudamericana y europeos.
Entramos en un proceso de descomposición acelerada porque perdimos años y recursos arreglando las crisis que dejaron Luis Echeverría y José López Portillo.
Hoy en día todas las señales coinciden en que 2024 llegará como 1982: con una nación con alta desconfianza en sí misma y en su futuro, con la pérdida de la seguridad en muy amplios territorios (desde Quintana Roo hasta Tamaulipas) porque el Gobierno federal ha incurrido en las prácticas fallidas que se han utilizado desde Guatemala hasta la Patagonia desde hace 70 años.
¿Qué puede esperar la nueva generación de profesionistas o técnicos mexicanos que egresen en los siguientes cinco años? Como decía Sir Winston Churchill: SANGRE, SUDOR Y LAGRIMAS.

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