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La revista La Mente es Maravillosa nos dice:
Un resentimiento arraigado desequilibra y enferma el cuerpo y la mente. El origen del rencor puede deberse a varias razones: insulto, abuso de confianza, engaños, ofensas, maltratos.

El resentimiento se va acumulando hasta que finalmente se convierte en deseo de venganza. Un deseo que uno mismo va alimentando y provocando que crezca hasta el punto de que empieza a resultar insoportable. De esta forma, se va formando, poco a poco, el rencor y de ahí no es difícil pasar al odio. Un odio que nos impide serenarnos y observar las cosas desde la distancia.

*Alberto Acosta, profesor de Psicología de la Universidad de Granada: «El rencor requiere experiencias previas de ira con la misma persona que nos ha ofendido».

*El resentimiento es sentir una y otra vez el enojo y dolor que vivimos en el pasado, ocasionado por una persona o situación. Dichas sensaciones provocan un daño severo en nuestras vidas y a las personas que están a nuestro alrededor.

HISTORIAL
Desde niño comencé a ver la vida con cierto coraje. No me gustaba mi familia, el lugar donde vivíamos ni las condiciones económicas de mis padres. En la escuela, no me agradaba la idea de jugar o convivir con mis compañeros porque nunca le encontraba sentido; pensaba que eso no dejaba nada de provecho y que a la escuela se iba a estudiar, no a jugar.
Cuando iba por la calle me chocaba ver a la gente alegre, jugando o divirtiéndose; me molestaba que se rieran por cosas que, según yo, eran insignificantes; sin embargo, me quedaba callado observando.
Conforme fui creciendo el recelo que tenía por la vida se fue volviendo más y más grande, ya que todo el tiempo me comparaba con mis compañeros de escuela, pues creía que lo tenían todo. Maldecía internamente a Dios y a la vida por no ser como ellos, además pensaba que no se lo merecían y yo sí. Y me seguía guardando todo lo que pensaba.
Al entrar a la secundaria lo que sentía fue aumentando y ya no me era suficiente pensarlo, sin darme cuenta, comencé a desquitarme con los demás, sobre todo con mi familia. Todos los días llegaba a la casa de mal humor, enojado por la vida que me había tocado vivir; insultaba y maltrataba a mi hermano, a mi madre la ignoraba y a mi padre le reprochaba ser como era. En una de tantas peleas que tuve con mi mamá, le reclamé que no me hubiera abortado.
También descargaba mi furia con mis compañeros de escuela, les gritaba, los insultaba y humillaba; todo eso porque sentía que si yo no era feliz, nadie tenía que serlo. Ese odio que sentía por la vida llegó al grado de que comencé a provocarme heridas, me cortaba y me lastimaba con tal de saciar el enojo que sentía, incluso tuve tres intentos de suicidio pues ya no quería seguir viviendo. ¡Ya no soportaba mi vida!
Hasta que un día, harto de lo que sentía, decidí pedir ayuda y llegué al Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos, en donde a través de las juntas de recuperación, mis ganas de matarme disminuyeron. Ya no siento tanto coraje con todo y todos, trato de aceptarlo; ahora intento ser tolerante con la gente, ya no estoy de mal humor todo el tiempo, valoro un poco más la vida y trato de ser feliz con cada detalle.
Correo electrónico: grupobvoaxaca@hotmail.com
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