- Mtro. José Ma. Villalobos Rodríguez
Una de las grandes novedades del nuevo Tratado Comercial Canadá-México-Estados Unidos está ligado a la obligatoriedad que en México se incremente el pago por el trabajo. El razonamiento detrás de ello es que se termina eso que México tiene “mano de obra barata” y que de aquí en adelante los empleadores del país deberán de hacer un esfuerzo serio y constante de pagar mejor a nuestros profesionales, nuestros técnicos, nuestros obreros y a nuestro personal de apoyo en mantenimiento, limpieza, logística, seguridad, etc.
No está nada fácil. La mayoría de los empleadores mexicanos administran sus empresas bajo el slogan “empresarios ricos, fábricas pobres”. Me refiero a aquellos que exprimen al personal, descuidan el mantenimiento, les vale un cacahuate cumplir con las reglas de cuidar el medio ambiente. Siendo empresas familiares, es práctica casi generalizada que los puestos directivos sean ocupados por los hijos, los primos hermanos, los yernos del dueño –independientemente si tienen el perfil para el puesto. El perfil lo da de manera automática el parentesco. Y esa forma de asignar cargos relevantes, no conforme a la capacidad, sino a los “lazos de sangre” tiene un enorme costo para las empresas y para el país.
Ejemplos sobran y de vario pinto color. ¿Recuerdan una gran firma de ingeniería mexicana de la década de 1960, 1970? Los fundadores provenían de las escuelas de ingeniería de la UNAM. En sus inicios fueron muy cuidadosos con la selección del personal, la calidad de las autopistas, hidroeléctricas o edificios que construían.
Pero los herederos del éxito de la primera generación no estuvieron a la altura de sus antecesores. La constructora de obra civil de repente ya tenía cadenas de hoteles bajo su administración que resultó un sonado fracaso. La diversificación fracasó. Los supervisores de obra se volvieron laxos en su trabajo y los proyectos empezaron a tener fallas impensables como sucedió con el tramo del Sistema Colectivo de Transporte de la Ciudad de México donde todo se hizo mal. Fue bajo la gestión del ahora Canciller Marcelo Ebrard Casaubon y el desprestigio fue enorme. Los tiempos de entrega y la calidad de obra civil son el estandarte del prestigio o desprestigio de estas empresas. Pero cuando una obra de gran tamaño termina en tribunales –algo se hizo mal en los trabajos de ingeniería y finanzas–.
Desgraciadamente, en el último decenio la otrora eficiente asociación de ingenieros civiles falló en múltiples proyectos. Sus directivos ya no estaban en el frente de obra, sino en los mejores restaurantes a la orilla del Sena en París. Y administrar la construcción de autopistas en la complicada orografía mexicana nunca ha sido posible a control remoto desde París, Francia, ni con ayuda de las empresas de Bill Gates.
Otros casos muy sonados hace 25 años fueron la extravagante diversificación que tuvieron los grupos regiomontanos. Grupo Alfa, Grupo VISA y Grupo del Vidrio dejaron lo que elegantemente los americanos llaman “core business” y se ampliaron a comprar y gestionar cadenas de hoteles, fábricas de queso, empacadoras de chile, fábricas de botanas a base de cacahuate o de maletas de viaje de Samsonite. Además, aliados con ATT se les ocurrió retar al cuasi monopolio que encabeza Carlos Slim en telefonía. Excuso decirles el resultado.
Fuera de México algunos consorcios “regios” se metieron en las pantanosas aguas de la inversión en el río Orinoco de Venezuela, en fábricas de vidrio en Estados Unidos o la telefonía en la Cuba de los hermanos Castro (no los cantantes, sino los meros, meros comandados por Fidel. Incursionaron hasta en Argentina con embotelladoras de la chispa de la vida).
Uno de los principios fundamentales de los fundadores de los consorcios corporativos regios fue el de no meterse en la política. Es más, en Monterrey se decía que “si tu hijo estaba negado para hacer negocios, lo encaminaras a la política”.
Cuando esa regla de oro cambió y algunos de los grandes capitales regios simpatizaron en demasía con ciertos Presidentes de la República -de cuyo nombre no quiero acordarme- los llevó a grandes fracasos. Como ejemplo, la mayor fabricante de vidrio del país compra un banco al gobierno federal, se endeuda y construye una oficinas corporativas faraónicas en Garza García y rompe con la sensatez financiera de sus fundadores,… pues acaba con misteriosos depósitos en Suiza hechos a favor de un tal Raúl. Eso hasta en Brasil haría levantar la ceja a más de uno.
Existe una ruta más exitosa en la relación con el poder como son los de la familia Hank, la de Roberto González o la de los Peralta. Han sido tan exitosos porque como el Pollo de Kentucky Fried Chicken poseen una receta secreta inventada por el grupo del Estado de México. Gracias a esa receta secreta ha sido que MASECA, IUSACEL, INTERACCIONES, por citar algunos casos emblemáticos han disfrutado de trato VIP por décadas. Esa manera de obtener privilegios en los mercados o compras exclusivas con la ayuda de la clase política mexicana merece casi una patente mundial, –pero cuidado si hay un error de cálculo en cuanto a lealtades de los sucesores de tus grandes amigos. En cuanto a los precios altos que tiene que pagar el consumidor mexicano, pues no es asunto relevante para el poder federal, estatal o municipal. Vean nada más los casos de telefónicas o servicios bancarios o de seguros. Por razones de inseguridad, cambio climático, fallas en políticas públicas y privadas para incentivar el pago al desempeño, no al parentesco México, ha acumulado entre 2000–2009 un total de 11 millones 859 mil 200 de emigrantes a Estados Unidos, Canadá, España, y ocho países más. Equivale al 10.7% de su población total en 2009.
En tan solo una década en Estados Unidos el empleo formal para profesionales creció 24%. A finales de 2010 un total de 118 mil profesionales mexicanos ya habían emigrado y formaban parte de las 23 millones 500 mil personas con educación superior que laboran en los Estados Unidos – sin problema de visa de trabajo.
A finales de 2010, 118 mil profesionales mexicanos ya habían emigrado y formaban parte de las 23 millones 500 mil personas con educación superior que laboran en los Estados Unidos – sin problema de visa de trabajo. Para el año 2000, México había perdido por emigración el equivalente al 15.3% de sus habitantes con nivel de educación superior. A propósito de la migración de profesionales en salud ya hace 20 años que habían emigrado de México 12 mil 81 médicos.
Al darse el hecho que profesionales muy capacitados, un mexicano con estudios de doctorado gane en promedio el triple laborando en Estados Unidos de lo que percibiría en México resultará muy difícil convencerles que vuelvan. En la Universidad de Illinois en la ciudad de Urbana, los mejores investigadores en el desarrollo de nuevos productos a base de soya y maíz resultan ser egresados de la UNAM o de Chapingo. Cuestionados sobre si volverían a no a México afirman que ni locos regresan. De cada nuevo invento reciben bonos de éxito y nuevos casos en los que ganan, su Universidad y la Asociación de Productores de Maíz o Soya de Illinois. Que no tienen limitaciones en gastos para equipos o viajar al extranjero para ampliar su conocimiento. Lo que se hace en Illinois con el talento es todo lo contrario a las prácticas que vemos en México que literalmente precarizan el desarrollo de la investigación pura o aplicada.
Los mexicanos con estudios de doctorado radicados en México ganaron en promedio 111 pesos/hora en el primer trimestre de 2009; un ingreso mensual promedio ligeramente arriba de 20 mil pesos. En Estados Unidos, los emigrantes mexicanos con estudios de Doctorado cobraron en ese año 378 pesos/ hora- esto equivale a 66 mil pesos mensuales.
Si hemos hecho en México tantas cosas mal con los profesionales formados por familias que invierten 15 años de recursos para formarles no tenemos derecho alguno a reclamarles que busquen mejores senderos para que se premie su talento.







