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Myriam YOLOXOCHITL TÍCITL*

La primera persona a quien debemos ser fieles y leales es a nosotros mismos. Para ello, se requiere moral, saber manejar correctamente la libertad y tener un propósito de vida claro.

La fidelidad es una conducta: cumplir promesas, mantener exclusividad, respetar contratos y actuar con razonamiento. Es una obediencia derivada de normas, motivada por el miedo, el sentido del deber o el respeto. Es un “pacto externo”.

La fidelidad falla en una pareja, empresa, partido político, equipo o cualquier relación, por debilidad; ante las tentaciones; por falta de conocimiento y valores; por pereza espiritual; cuando no se tiene claridad ni consciencia de la gravedad de los actos y, menos aún, de sus consecuencias.

El primer paso hacia la infidelidad ocurre en el pensamiento, cuando ya no “llena” lo que se tiene. La imaginación comienza a volar, aparecen las indecisiones y después la voluntad cede.

Cuando la pasión o la tentación -repentina o buscada- no se controla, se permite el descuido emocional, espiritual y sentimental. Surgen debilidades y, muchas veces, sin remordimiento alguno; no importa ni afecta la consciencia.

La persona se justifica y se aferra a la tentación aun sabiendo que no está bien. Hace uso de su “libre albedrío” sin límites ni leyes morales. Engaña a terceras personas involucradas, según el caso.

Se vuelve defensiva, hace mal uso del lenguaje, miente, crea historias, critica y ofende. O, incluso, actúa de manera abierta y cínica si es descubierta, lastimando profundamente a quien creyó en ella.

Podría evitar causar daño o, al menos, reducirlo; sin embargo, muchas veces prevalece la indiferencia, la comodidad y las actitudes hirientes: ira, crueldad, soberbia, violencia, burla o manipulación de la verdad. Sin ver al otro ni su sufrimiento. No escucha y mucho menos responde ante la decepción y las consecuencias provocadas.

En cambio, la lealtad es un “pacto interno”: emocional, voluntario, sincero, puro y ético. Surge de los valores, de las normas y acuerdos asumidos conscientemente. Nace de la convicción, no de la obligación o del contrato en sí.

La lealtad respeta, apoya e incluso permanece en la adversidad. Es una elección consciente e inmutable, construida mediante acciones continuas. Está basada en la verdad y la integridad, aun cuando nadie observa. No traiciona ni actúa en contra de sus principios.

La fidelidad y la lealtad no necesariamente significan amor; también representan compromiso personal y la forma en que acompañamos nuestras relaciones.

¿Tú eres fiel, leal… o ninguno de los dos?

 

*Médico Tradicional Holístico Integralista. solomyriam.marzo2022@yahoo.com

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