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  • Heraclio Bonilla Gutiérrez

Durante el último mes, muchos “intelectuales” y “creadores” de opinión, se volvieron expertos en epidemias; contradicen a los responsables de las áreas de salud con tal suficiencia, que hay quien llega a creerles, sí, a creerles, porque creer es un acto irracional, de fe.

Por las razones que cada uno atienda, son muchos los irresponsables que se han dedicado a confundir a la población, generando miedo y desesperación, ante una situación que solo es competencia de áreas específicas del gobierno. Si las cosas salen bien, reconoceremos a esos encargados de la salud pública de los mexicanos; si salen mal, a ellos culparemos de incompetentes, negligentes, etcétera, pero de esos “expertos de ocasión” nadie se acordará.

Como ciudadanos, es nuestra obligación obedecer a quienes dictan las medidas sanitarias que nos convienen a todos. No importa si alguien se cree inmortal, esa creencia se reduce a su esfera individual e íntima, pero también debe obedecer.

Sabemos que es imposible que todos nos mantengamos encerrados; alguien debe vendernos los víveres que necesitamos, alguien debe velar por nuestra seguridad, por nuestra salud y por otros temas que permiten que la mayoría pueda resguardarse.

Tampoco somos tan necios como para cerrar los ojos a la realidad de un sector sumamente amplio de los mexicanos: somos millones y millones de mexicanos en pobreza, necesitamos salir a trabajar para conseguir el sustento diario de nuestras familias; no hay programas sociales ni presupuesto del gobierno que alcance a satisfacer las necesidades de este sector empobrecido intencionalmente por los malos gobernantes, estamos hablando de una pobreza centenaria, de una pobreza que incluso se puede clasificar en pobres, pobres y pobres, ricos; los segundos, son esos que se dicen ricos porque tienen dinero, pero son más pobres que el resto, carecen de valores éticos, aprovechan estas desgracias para unirse y pedirle al gobierno que los “rescate”, que genere presupuestos especiales para salvar sus empresas, pero ¿qué han hecho cada vez que los salvan? ¡venden sus empresas! ¿y el dinero que recibieron?, pasa a sus cuentas personales.

Son ampliamente conocidos los apellidos que forman parte de este sector de pobres; en los últimos cincuenta años lo hicieron varias veces, solo nos queda esperar que en esta ocasión el gobierno no caiga como cayeron otros (asociándose con ellos para saquear las arcas nacionales).

La gente que verdaderamente no puede quedarse en casa, ni siquiera requiere que los comprendamos, que los disculpemos; ellos saben que es su única alternativa.

Sin embargo, esos que pueden hacerlo pero prefieren llevar las contras al gobierno, esos que dicen que no respetarán medidas autoritarias de un gobierno dictatorial, esos que dicen que las medidas recomendadas representan una violación a sus derechos fundamentales, esos, merecen una explicación: el artículo 29 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, textualmente establece: “En los casos de invasión, perturbación grave de la paz pública, o de cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto, solamente el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, con la aprobación del Congreso de la Unión o de la Comisión Permanente cuando aquel no estuviere reunido, podrá restringir o suspender en todo el país o en lugar determinado el ejercicio de los derechos y las garantías que fuesen obstáculo para hacer frente, rápida y fácilmente a la situación; pero deberá hacerlo por un tiempo limitado, por medio de prevenciones generales y sin que la restricción o suspensión se contraiga a determinada persona.”

Hasta ahora, el gobierno no ha considerado necesario dictar medidas de esta magnitud, si lo hiciere, queda claro que tiene facultades para ello, sin importar que algunos se molesten, sería a favor de todos.

Los últimos gobiernos nos dejaron grandes lecciones de desobediencia de la ley; fueron ejemplos de que la ley estaba por debajo de su poder imaginario, pero contaban con todos los cuerpos de seguridad del Estado para hacerse “respetar”, si de verdad eso cambió, cambiemos también nosotros; construyamos la nación que tanto hemos anhelado cuando sufrimos los atropellos de quienes no entendieron que el poder público no es para uso personal; no permitamos que eso se repita, ni ahora ni en el futuro.

Que esta pandemia sea el INRI (Igne Natura Renovatur Integra) de los corruptos; que nos sirva para renovar nuestra conducta ante la corrupción de los poderosos. Hoy los vemos tan débiles como son.

CHINUNI (pilón en Mixteco): A río revuelto, ganancia de pescadores, de líderes religiosos, de comerciantes voraces y de políticos a los que les sobran calificativos.

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