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  • Por José Antonio Hernández Fraguas.

Sin sorpresa alguna, tal y como se esperaba, Claudia Sheinbaum ganó la encuesta de MORENA y aliados para ser nombrada coordinadora de la defensa de la transformación, candidata, pues, a la presidencia de la República por parte del oficialismo, quien enfrentará a Xóchitl Gálvez, que a su vez, ganó el proceso para ser la coordinadora del Frente Amplio por México, candidata a la presidencia, pues, por el PAN, PRI y PRD.

Sheinbaum ganó claramente las cinco encuestas que se realizaron, y ganó, después de varios meses de movilizaciones, con el apoyo real del aparato del estado y de las y los gobernadores de los estados gobernados por MORENA, usando las viejas prácticas del acarreo y explotando la clientela electoral en que se han convertido los beneficiarios de los programas sociales; con una excesiva invasión de espectaculares, bardas y todo tipo de propaganda en todos los rincones del país y con la preferencia claramente marcada de quien decide todo en el oficialismo. Nada más faltaba que, con todo ese apoyo, no ganara las encuestas, incluso, hasta con un margen mucho mayor, que es lo que seguramente se esperaba.

Todo eso generó la inconformidad de Marcelo Ebrard, el más cercano competidor, quien tibiamente denunció en varias ocasiones que había irregularidades y problemas en el levantamiento de los cuestionarios. Hasta que el día del “cómputo” (las encuestas no se computan, se resuelven de acuerdo a la ponderación y a la metodología usada por el encuestador), se rebeló pidiendo que se repusiera todo el proceso por graves fallas e inconsistencias, separándose del mismo sin aceptar los resultados, lo que abolló seriamente, manchó y descalificó todo el mecanismo utilizado para hacer valer la voluntad de quien decide, pero disfrazada de una decisión del pueblo.
Hoy lunes, Marcelo decidirá qué camino seguir hacia adelante, pero por lo pronto, ya dividió y descalificó ese proceso. Pero lo interesante ahora, independientemente de lo que decida Movimiento Ciudadano que sigue jugando a la indefinición, es que hay dos candidatas con posibilidades reales de competir; que la opinión pública empieza a polarizarse entre Xóchitl y Claudia; que a ambas se le encontrarán virtudes y defectos, ambas serán cuestionadas hasta en su vida privada y serán evaluadas de acuerdo a su trayectoria, a sus logros, a sus fracasos y a sus errores; que ya empezó la guerra entre los seguidores de ambas en las redes sociales y en los medios, y que de aquí para adelante estaremos viendo quién logra mantenerse en el ánimo de la gente y quién puede empezar a perder apoyo social, a partir de la estrategia que cada una adopte para todo el proceso que viene.
De Xóchitl, ya se ha dicho y ponderado lo suficiente para empezar a conocerla y para medir su capacidad para estar al frente del poder ejecutivo federal, pero lo que estamos esperando ahora es que Claudia se convierta en Claudia, es decir, que pueda mostrarse con sus propias propuestas, con su propio discurso y con su propia personalidad, porque hasta ahora (seguramente esa fue su estrategia) solo parecía repetir lo que dice el presidente y defender, sin mayor análisis, lo que hace el presidente.
La ciudadanía quiere conocer cuál es su balance serio sobre los grandes temas nacionales y cuáles pueden ser sus posibles soluciones, se necesita que Claudia Sheinbaum empiece a dibujar su propuesta de gobierno con su estilo propio, que diga cómo enfrentar el grave problema de inseguridad y violencia en la mayoría de los estados de la República; qué propone para atender la crisis en salud que vivimos en el país, cómo resolver el desabasto de medicinas y de vacunas, cómo garantizar ese derecho a casi cincuenta millones de mexicanos y mexicanas que hoy no tienen acceso a la salud digna y pública; qué hacer para mejorar la economía, para generar empleo, para combatir a la pobreza; cómo terminar, pero en serio, con la corrupción, en fin, que sepamos qué piensa y cómo piensa alguien que tiene la posibilidad de encabezar el puesto más importante en el país.
Porque si solo escucharemos lo mismo, si solo veremos una campaña sin personalidad, basada en la continuidad, sin un proyecto propio y sin la crítica objetiva para mejorar, si solo seguiremos escuchando el discurso de otros datos que niegan la realidad, entonces, se nos estará negando a la ciudadanía la posibilidad de valorar y elegir entre dos propuestas contrapuestas. El liderazgo no se hereda con simbolismos como la entrega de un bastón de mando, el liderazgo que se necesita para México, debe surgir de la claridad respecto a la visión de país que pretende llevarse a cabo para beneficio de todos. Ojalá a las mexicanas y a los mexicanos se nos respete el derecho a elegir, entre las propuestas, la que más convenga. Al tiempo.