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Periodismo Trascendente:

Raymundo Ibáñez del Castillo                                                                        periodismotrascendente 2025@gmail.com

A 18 años del desalojo

Los eternos grupos de presión, chantaje, extorsión, negociación y desestabilización, que mantienen en constante agitación a la ciudad de Oaxaca y otros puntos del interior de la entidad, encabezados por los radicales de la Sección 22 del SNTE-CNTE y otros membretes comandados por Jenny Pérez Martínez, utilizan, hoy, una vez más, como lo han hecho cada año y durante todos los años, desde hace casi dos décadas, a partir del 14 de junio de 2006, cuando fueron desalojados por la policía estatal del Zócalo, la Alameda de León y calles del corazón del Centro Histórico que mantenían en su poder.

Para los reporteros, periodistas, fotógrafos y camarógrafos, que estuvimos ahí, en el lugar de los acontecimientos, cumpliendo con el sagrado deber de informar y formar opinión pública, tanto a lectores de medios impresos y digitales como radioescuchas y televidentes, entre manifestantes y policías preventivos estatales, equipos antimotines, gases lacrimógenos y hasta manchados de sangre del enfrentamiento violento entre uniformados y agitadores y subversivos, con estricto apego a la verdad, podemos afirmar, categóricamente, que sí hubo desalojo y en ningún momento fue fallido, como lo han querido sostener como “bandera política”, los activistas.

Los eternos agitadores, que están acostumbrados a esto porque de eso viven, y por eso destinan su tiempo y la vida entera a agitar y desestabilizar, con el único propósito de alterar el orden y romper con la relativa paz y la tranquilidad de los oaxaqueños, no hay la menor duda de que los pocos activistas y hasta ajenos al magisterio y a las mal llamadas “organizaciones sociales”, que fueron pagados para hacer guardias y cuidar las casas de campaña que estaban vacías, fueron desalojados por las fuerzas policiales.

Tan es así, que el operativo policíaco de desalojo estuvo comandado por aire y tierra, por los jefes policiacos de aquel entonces, tenientes José Manuel Vera Salinas y Manuel Moreno Rivas, por órdenes del entonces gobernador del estado, Ernesto Ulises Ruiz Ortiz (UERO).

Y desde esta perspectiva, es decir, de la afirmación contundente que sí hubo desalojo y que los pocos “plantonistas” que se encontraban ahí, al igual que mantas, cartones, cobijas y casas de campaña y diversos objetos personales, que se encontraban en el simulado campamento, sí fueron levantados y retirados del lugar por la policía, nada tendrían que celebrar ni conmemorar, pero pretextos sobran.

Otra cosa muy diferente, es que una vez que sí fueron desalojados del Zócalo, la Alameda de León y calles adyacentes, ya fuera de esa área que mantenían en su poder, se reagruparon con activistas de los diferentes membretes y con la violencia y tácticas de la guerrilla urbana que utilizan, se enfrentaron a piedrazos, con policías antimotines, descalabrando a muchos de los uniformados, e incluso, los atacaron con las mismas bombas de gases lacrimógenos que les lanzaban; y así, poco a poco, recuperaron las calles, el Zócalo y la Alameda de León, se restablecieron en el área y reinstalaron el plantón.

Y tanto a la dirigencia de la sección 22 del SNTE-CNTE, como a los diversos membretes con los que interactúan en acciones desestabilizadoras, les cayó “como anillo al dedo” el desalojo, porque con este hecho, se reagruparon y se “oxigenaron”, para seguir agitando y desestabilizando a la entidad oaxaqueña, utilizando el desalojo y para ellos “fallido”, porque así les conviene, como “bandera” que ya les hacían falta para sus movilizaciones.

Tan es así, que el pretexto del “fallido desalojo”, como insisten en sostener, cuando que fue realmente desalojo, les ha servido para seguir agitando, alterando el orden y paralizando las actividades en las escuelas del nivel básico y medio superior, afectando a más de un millón de estudiantes, como lo hacen hoy, una vez más, después de que hace apenas cuatro días, regresaron a sus centros de “trabajo”, después de 25 días de paro y plantón para “coberturar” las elecciones del pasado domingo 2 de junio y estar “disponibles” para lo que se llegara a necesitar en la elección de Estado.

 

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