- Por Mtro. José María Villalobos Rodríguez.
Las nuevas generaciones de “democracias” en el planeta Tierra nacen con exageradas expectativas en relación a las tan trilladas frases como eso de que “nosotros no somos iguales”.
Es cosa de repasar con unos cuantos ejemplos que aún en naciones supuestamente sólidas en sus sistemas políticos se dan los casos de parientes incómodos.
Inglaterra tuvo en la década de 1960 el famoso caso Profumo, en Estados Unidos un hermano del Presidente Bill Carter lucraba comercializando su propia marca de cerveza, los hijos y yerno del gentil Trump siguen siendo citados frecuentemente a juicio por todo tipo de negocios y evasión fiscal “al amparo del poder”.
Italia es una nación en la cual la práctica de negocios privados a través de puestos públicos ha sido la marca de la casa. Recuerden al inolvidable Berlusconi y sus negocios futboleros, televisivos, inmobiliarios, turísticos.
Fue un TODO TERRENO con gran mérito para alguien que empezó desde abajo. Las cuestiones éticas o las buenas prácticas no fueron obstáculo para que el éxito económico creciera al amparo del poder político.
El matrimonio Kirchner en Argentina nos enseñó cómo usar el poder público en aras de hacer cientos de pingües negocios manteniendo a la vez en el discurso político esa cantaleta muy latinoamericana de “estar a favor de los más pobres”.
De Perú tuvimos a Alberto Fujimori más sus sucesores, quienes con su parentela hizo una fortuna en pocos años – también defendiendo en el discurso a los pobres.
El sandinismo en Nicaragua tuvo un triste final con Ortega y su familia viviendo como Rico Mc Pato, el pueblo sabio en la miseria y con todos sus opositores políticos encarcelados.
Fidel Castro y sus hermanos en Cuba lograron algo casi imposible: décadas de ser comunistas de fachada y capitalistas en la intimidad. Como estaban tan en contra del capitalismo su fortuna personal la tienen bien resguardada en Suiza.
Misma escuela que ha seguido Venezuela -antes, durante y después de Chávez sus gobernantes siempre han cumplido con aquello que PRIMERO LA FAMILIA.
En México el poblano General y Presidente Caballero de México Don Manuel Ávila Camacho tuvieron en su hermano Maximino su mayor dolor de cabeza. A Maximino le gustaba todo lo ajeno – desde mujeres hasta dinero de los contribuyentes. Se especula, incluso, que no murió por voluntad propia, sino que le dieron una ayudadita.
Miguel Alemán Valdés (“Mister Amigo”) nos enseñó que modernizar a México pudo también ayudarle a amasar una fortuna para su familia y su burbuja que persiste 60 años después.
Adolfo Ruiz Cortines ha sido excepcional porqué heredó la quiebra que le dejó Miguel Alemán. Administrar la insolvencia no es nada grato.
Con Salinas de Gortari destacó Raúl -su hermano incómodo- el cual se volvió rehén de Zedillo para que en Irlanda se moderara el egresado de Harvard y de la UNAM. Aquel mote de “Carlos & Charlie” en relación a otro Carlos multimillonario que sembró una duda nacional que pervive hasta la fecha.
En los gobiernos estatales también tenemos en nuestra historia patria casos notables de familias incómodas.
El último Gobernador priista de Chihuahua explicaba a los ingenuos representantes de una firma internacional contable que si él había llegado a gobernador era para “hacer mucho dinero” , pues era su derecho. “Chihuahua es mía” afirmaba. Y cumplió con creces, logrando, además, darse a la fuga y que hoy día no ha podido la ¿JUSTICIA? extraditarlo a México.
La esposa de un gobernador priista de Veracruz de las hechuras de Peña Nieto hoy encarcelado se fue a vivir plácidamente a Londres hace cuatro años.
Apenas parece que hay alguna posibilidad que regrese a México- no el dinero mal habido, sino ella a enfrentar algún juicio por ser la instigadora a que su consorte hiciera del “enriquecimiento inexplicable” algo rápido y exitoso.
En Nuevo León un gobernador de la era moderna tuvo en su suegro al mayor beneficiario de la obra pública. Y se salió con la suya, pues se fue impoluto.
Es muy reñida la competencia en México para ver quién puede lucrar más con un cargo de elección popular.
Por ello, es qué una vez que se sabe quién gana una elección su familia o su burbuja celebran como si se hubiesen ganado la lotería- cosa que, desafortunadamente, resulta ser cierta.
Para resolver esta pandemia nacional el difunto Carlos Monsiváis llegó a proponer una medida preventiva y drástica en México.
Que una vez electo el Presidente de la República se procediera a fusilar a todos sus parientes en el Zócalo de la Ciudad de México. ¿Tuvo o no razón?







