Ñudee se cubrió de neblina
Texto: Joel F. Gálvez Vivar
Fotos: Karol Joseph Gálvez López
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Huajuapan de León, Oaxaca.- A temprana hora de este martes uno de julio, séptimo mes de nuestra era, la tenue luz natural apresuraba el alumbramiento, cuando espesas blancas neblinas caían sobre la faz de la grande Ñudee, alma mater de la mixteca oaxaqueña.
El canto de cenzontles y tintineo de pequeños barrancos y arroyuelos alegraba la mañana, mientras los cerros, cumbres y llanuras que merodean a Huajuapan (Ñudee), paulatinamente fueron cubiertos de neblina, que como trozos de ovejas avanzaban ordenadamente y con la rapidez acostumbrada; ligeros como gacela cerraron la visibilidad hacia el poblado de Ñudee, corazón de la mixteca oaxaqueña.
Los hombres del campo asentados en la parte alta del sureste de Huajuapan de León, presurosos afirmaban, ‘señal de buena temporada de lluvias, Dios ha vuelto los ojos a los aborígenes, nos está devolviendo la lluvia que por dos años anteriores consecutivos no llovió, pero ahora llueve bastante, sin aspaviento, ni exagerados truenos ni amenazantes rayos’.
Mientras nosotros cogíamos azucenas, más blancas que la neblina y la nieve, nos movíamos a agigantados pasos, ya que la espesura de la neblina, su suave brisa mojaba nuestro rostro, parecíese que escondían a las azucenas entre yerbas y pastizales de su entorno.
Nos contagiaba la frescura de la mañana, adentrarnos más a las entrañas de boscosos cerros, que dibujaban bellas estampas, paisajes maravillosos con que nos deleitó la fuerza de la naturaleza, renovó los pulmones de fortaleza y llenó de energía la humanidad de los hombres de buena voluntad.
La madre naturaleza nos incita a vivir disfrutando de las maravillas instantáneas que cada mañana nos complace, entonces, es preciso mirar el cielo, el horizonte, la luna y las estrellas.
Al sol se le hizo tarde salir, tuvo que lidiar hasta alcanzar altura, entonces, impuso los candentes rayos que calentaron la tierra, pero a pesar de ello, a horas de la tarde la lluvia impuso su fuerza torrencial, volvió a llenar la afluencia de arroyuelos, barrancas, aumentó el nivel del legendario Río Mixteco.
Ñudee volverá a florecer, volverá a ser lo qué siempre fue, tierra fértil y productiva. En tanto, las calles y callejones dejaron de ser polvorientos para convertirse en instantáneos ríos y barrancas de aguas pluviales, ese es el Ñudee de hombres valientes, de los chilenos y unos que otros resquicios de gachupines de la madre patria, que a tiempo cobijó este suelo mixteco como suyo, convidándoles su pan, su mujer y su gabán.
Mientras nosotros cogíamos azucenas, más blancas y puras que la neblina y la nieve, que por racimos llevamos a la virgen pura más blanca que la nieve, cuando las lluvias no cesan de caer sobre los pueblos indígenas de la mixteca.







