- Por Dr. Luis Miguel Urbiña Calvo.
Desde tiempos inmemorables…se ha usado la alegación, la discusión y la inconformidad con libertad y públicamente, lo que es legal si se utiliza el argumento y, sobre todo, si se tiene el derecho legal por alguna petición, injusticia e, incluso, la manifestación de ideas, de acuerdo al artículo 6º. De la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que dice en su primer párrafo: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley. El derecho a la información será garantizado por el Estado.”
Lo que no es correcto, legal ni moral, es que se haga la errónea interpretación que ser revoltoso o revoltosa es ser considerado “líder social” o “lideresa social”, peor aún, ser considerado “buen abogado” o “buena abogada”, porque “no se dejan” en los pleitos de quien “gritonea” más, -conste que no tratamos de describir a todos, solo a los “revoltosos” o “revoltosas”-. Sin embargo, esto no queda ahí, sino va más allá, cuando ello, se traslada a cerrar calles vialidades, carreteras, peajes, aeropuertos, para presionar autoridades por cuotas políticas o económicas o azuzar, incitar, provocar,
instigar al linchamiento de personas inocentes muchas de las veces, “culpables presuntamente” otras veces. Sin embargo, la autoridad federal y/o estatal de investigación regularmente “brilla por su ausencia”, no hablemos de la autoridad investigadora y persecutora de delitos que desentona en los graves y en los agudos como dicen los artistas cantantes, y no somos más directos, ni más específicos porque son sensibles, critican a la “vieja escuela”, pero esta inspiraba respeto y reconocimiento, por cierto, ¡nuestro reconocimiento y saludos para ellos y ellas!, aunque decían que: ¡a lo imposible nadie está obligado!, lograban lo “imposible”. No era fácil intimidarlos, seducirlos o engañarlos o engañarlas con el “canto de las sirenas”, hasta al revoltoso o a la revoltosa la sabían tratar, escuchar y reconocer en sus derechos o los derechos de sus representados cuando los tenían, y al que no tenía derechos acreditados, lo conminaban a portarse bien o lo detenían al cometer presuntas conductas ilícitas. Por ello, reconocemos a la “vieja escuela”, porque de ellos tomamos sus palabras y enseñanzas, así como las jóvenes y los jóvenes, niños y niñas, aprenden de nosotros. Entonces, nuestro papel es enseñar a éstos a ser responsables, dedicados, comprometidos, a estudiar y trabajar para lo cual nos proponemos recordar una parte del análisis discordante respecto a lo pensaba Quine, en el Lenguaje, Sociedad y Cognición. Cap. 4 Problemas y misterios en el Estudio del Lenguaje Humano (Chomsky Noam- 2016): “Sospecho que el fracaso de Quine para tatar los numerosos y fundamentales problemas que surgen al plantear sus proposiciones se deriva de su creencia continua en que “el niño aprende la mayor
parte del lenguaje oyendo a los adultos e imitándolos” (Quine, 1974). Si un niño aprende la mayor parte del lenguaje por audición e imitación y si – como insiste Quine en algún otro lugar – aprender una lengua es asunto de aprender oraciones, entonces el niño tiene que aprender la mayor parte de sus oraciones mediante audición e imitación. Pero esto es tan obviamente falso que uno sólo puede preguntarse lo que pudo haber tenido en la mente, sobre todo, porque en otro lugar observa, correctamente, que el lenguaje es un sistema infinito caracterizado por una gramática generativa y, además, que el condicionamiento, la inducción y la ostensión no bastan para el aprendizaje del lenguaje.” Empero, está en todos nosotros que las niñas, los niños, las jóvenes y los jóvenes respeten y hagan respetar las leyes, que no aprendan o imiten bloquear calles, edificios, cerrar carreteras, dañar y afectar a terceros. ¡Que la autoridad cumplirá con su obligación!







