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  • Por Mtro. José María Villalobos Rodríguez.

 

Durante décadas –y sin que importe el partido gobernante – México ha tenido que pagar a las Naciones Unidas una compensación monetaria por no aportar tropas a las fuerzas pacificadoras conocidas como CASCOS AZULES. Esta decisión corresponde al Comandante Supremo de las fuerzas armadas mexicanas y se ha sostenido por priistas, panistas o morenos en la Presidencia.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 nuestras fuerzas armadas no han participado en un solo operativo de verdadero combate o pacificación más allá de nuestras fronteras. Casos conocidos de intervención de los cascos azules como la pacificación en Kosovo o la seguridad en Haití excluyeron a militares mexicanos causando la sanción correspondiente de la ONU.

Desde los tiempos de Miguel Alemán Valdés los egresados de las escuelas militares han ido generación tras generación a cursos en planteles creados ex profeso por el Gobierno de Estados Unidos para altos mandos latinoamericanos.

La Guerra Fría y el uso perverso de la “Revolución Cubana” por la antigua Unión Soviética que volvió a la isla plataforma para lanzar proyectiles atómicos hacia ciudades estadounidense y como centro de formación de guerrilleros para llevar su ideología a naciones africanas y latinoamericanas prendió alertas duraderas en Washington.

A finales de 1960’s Richard Nixon tuvo la pésima idea de combatir el cultivo y tráfico de estupefacientes en Latinoamérica – una guerra costosa y estéril puesto que solo combatía la oferta más no la demanda de sustancias prohibidas por los propios Estados Unidos. Solo consiguió que rápidamente en Colombia, Bolivia, Perú y México se conformaran agro exportadores aliados con “guerrilleros” y contrabandistas de armamento europeo o asiático.

Sin experiencia en verdaderas guerras las fuerzas armadas mexicanas recibieron el incómodo encargo de intervenir contra las guerrillas urbanas y rurales, los contrabandistas de armas y sustancias químicas además de generar su propia área de espionaje desde la llamada INTELIGENCIA MILITAR.

El poder corruptor de los agro exportadores reforzado con armamento de última generación puso en dos duras pruebas a los militares mexicanos:

1º) No caer en la tentación de tomar la plata con el peligro de recibir plomo

2) Recuperar territorios rurales y urbano ampliamente dominados por los bien organizado malandros.

Con los gobiernos emanados del Revolucionario Institucional las fuerzas armadas tuvieron siempre trato preferencial – pese a tener más de 300 demandas de abusos comprobados contra civiles. Nunca se les exhibía públicamente y como acostumbran hacer los felinos se le echaba arena a su excremento.

Los regímenes panistas presentaron una conducta contrastante con las Fuerzas Armadas. Como en tantos otros temas el régimen de Vicente Fox fue omiso ante la colusión entre gobiernos locales y malandros que obviamente empezó a tocar a la puerta de los militares con suculentas ofertas para que se hicieran de la vista gorda desde Mérida hasta Ensenada.

Felipe Calderón decidió pegarle al avispero y abiertamente declaró en solitario una “guerra” a los malandros sin consultarle a naciones vecinas que mucho tenían que decir.

La inserción de China en los mercados globales atrajo a miles de fábricas hacia sus dominios y redujo el atractivo del Tratado de Libre Comercio para invertir en México.

Los estados fronterizos mexicanos del norte de México siempre han sido duales: una economía formal de manufactura y logística y otra opaca dedicada con éxito a todo tipo de tráficos.

La entrada masiva de mafias chinas al mercado opaco tomó por sorpresa a un Estado mexicano comodino y omiso. El Puerto de Lázaro Cárdenas so volvió el principal centro de operaciones de mafias chinas – especialmente duchas en la química del fentanilo.

El control civil de puertos, aeropuertos y cruces fronterizos sucumbió a la tentación de la plata y eso llevó a que se les entregara a las fuerzas de la Marina.

Al paso del tiempo no ha dado el resultado esperado ya que el PODER CORRUPTOR de los malandros que igual trafican personas que fentanilo ha demostrado su alta eficiencia.

 

La llamada CRISIS HUMANITARIA de los miles de migrantes que buscan entrar a Estados Unidos no ha sido disminuida por MILITARES o CIVILES porque los beneficios del DEJAR PASAR, DEJAR HACER superan por mucho los incentivos de portarse bien.

Sobre la seguridad interna los sondeos de opinión arrojan un hartazgo hacia los policías de todo tipo y que el mexicano promedio prefiere que se use la mano dura y se encarcele a quien delinca. Los derechos humanos y las delicadezas del debido proceso le valen un cacahuate a la mayoría de los ciudadanos ante la MANGA ANCHA DE JUECES Y MINISTERIOS PUBLCOS.

En mi vivencia personal solo he visto de cerca casos desfavorables al ciudadano cuando se les da carta blanca a los militares. De niño viví en un barrio cercano a un cuartel. Los soldados se intoxicaban a todas las tardes con mariguana – lo que hacía que las mamás guardaran desde las seis de la tarde a sus hijos.

En la Preparatoria y de primera mano supe que un compañero que no se detuvo en un retén militar recibió en respuesta un balazo en la nuca que lo mató…tenía 17 años de edad y el evento jamás fue cuestionado por nadie.

En 1968 y por la intervención del Gobernador de mi estado natal se pudo rescatar del CAMPO MILITAR NUMERO UNO a un amigo estudiante de medicina en la UNAM. Volvió semi paralítico por las golpizas recibidas. En mi escuela de Monterrey los jesuitas invitaban a unirse a la guerrilla urbana. Nacho Salas – de mi pueblo natal – les creyó. Fue un muy exitoso asalta bancos hasta que cayó en manos de los militares quienes lo torturaron hasta matarlo en el CAMPO MILITAR NUMERO UNO. Y los jesuitas – autores intelectuales de su comportamiento- tan campantes como siempre.

¿Existe con los militares en la calle la posibilidad de que los MALANDROS pierdan la batalla que hasta ahora han ganado en GUANAJUATO, SONORA, GUERRERO, SINALOA, SONORA, CHIUHUHUA, COAHUILA, LAS BAJAS CALIFORNIAS, QUINTANA ROO, TAMAULIPAS más lo que se acumule esta semana?. Como dice una canción de BOB DYLAN: “THE ANSWER MY FRIEND IS BLOWING IN TNE WIND”……

Es una situación extrema – casi un último recurso -sobre todo para los militares que acostumbran operar como los malandros: con carta blanca y total impunidad.

Podríamos tener en breve un PINOCHET azteca y olvidarnos de nuestra tierna democracia por culpa de graves fallas en seguridad pública federal, estatal y municipal.

 

 

 

 

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