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  • Por Francisco López Martínez/Joel F. Gálvez Vivar.

Fotos: Tásacua Vivar

Dada las condiciones de alta inseguridad que impera en territorio nacional, aunado al de la reforma electoral, concretamente al Plan ‘B’ del Presidente de la República; hace que México navegue hacia el naufragio, sin rumbo y sin vientos favorables que lo conduzcan a forjar su propio destino, las instituciones están infiltradas y rebasadas tanto por la delincuencia organizada como por mercenarios de la política.

México perdió el rumbo de bonanza que le caracterizó en décadas pasadas. Los principios e ideales de la revolución sucumbieron ante mercenarios y corruptos de políticas equivocadas. La doctrina socialista floreció entre los intelectuales burgueses, así como de clase alta y media, que trajo como consecuencia destrucción y muerte a los de abajo.

En la hora presente, la democracia mexicana está en entredicho, violada, ultrajada en el flamante Plan ‘B’ de la reforma electoral, impulsada por el Presidente de la República; aprobada por los legisladores integrantes del Congreso de la Unión; ello conlleva a que los mexicanos tanto los de arriba como los de abajo, queden en total estado de indefensión en sus derechos elementales, aunado al alto índice delincuencial registrado en los últimos días.

Desde luego, la mixteca oaxaqueña no es la excepción, con tres ejecuciones ocurridas en pleno Miércoles de Ceniza, en el municipio de Santa Cruz Tacache de Mina, durante el desarrollo del jaripeo, y antes de los ocho días de los sucesos, en este mismo municipio mixteco quedó registrado el asesinato de una fémina; y en la agencia municipal de El Molino, jurisdicción de Huajuapan de León, Oaxaca, ocurrió la ejecución de otra fémina, haciendo una suma de cinco homicidios en un lapso de ocho días que ocurren en la vasta nación mixteca.

Ante estos acontecimientos que ocurren en todo el país, los mexicanos a una sola voz demandan paz y seguridad pública; mayormente la provincia mexicana exige de los gobiernos de los tres niveles, ponerse a trabajar, velar precisamente por la paz, seguridad y desarrollo de los habitantes de la comarca; generando climas de convivencia social, procurando fuentes de trabajo, de educación, salud, alimentación

Y, por supuesto, de sana competencia no solo comercial, sino de capacidad intelectual, filosófica, política, entre los individuos como entre las naciones, conduciendo a todos a ser mejores ciudadanos, en busca de la excelencia en la potencialidad humana, con el propósito de convertirnos en una patria integral y generosa, bajo el imperio de la justicia, en la concepción del estado de derecho.

El suelo patrio está teñido de sangre humana que mercenarios delincuenciales ejecutan cotidianamente sin que institución alguna les haga frente, los conmine y los lleve a la justicia; tal pareciese que sus acciones las realizan en complicidad y complacencia, amparados bajo la sombra del poder público; igual de arriba y hasta abajo los gobernantes no se preocupan ni les interesa lo que sucede a los mexicanos, que no quisiéramos pensar son solo 20 millones de privilegiados, en una población total de más de cien millones, los que sienten y resienten el total estado de ingobernabilidad que permea en este México nuestro.

Los mexicanos demandan gobernantes demócratas y no populistas; de resultados y no de complacencia; de hechos y no incumplidos compromisos u obras inconclusas; demandan y requieren los mexicanos de gobernantes, sean verdaderos líderes que den la cara y hagan frente a la ola de inseguridad que cubre la totalidad del territorio nacional desde regidores, presidentes municipales, gobernadores y titular del Poder Ejecutivo Federal.

Los mexicanos demandan que las instituciones armadas sean garantes del derecho y la justicia y no mercenarios y asesinos de la sociedad indefensa; que los militares sean verdaderos defensores de la patria, que en verdad están dispuestos a brindar sus vidas en aras de la patria y la paz, y no enemigos del porvenir de la vida y de la patria.

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