Carol VILLA VARELA
SANTIAGO DE QUERÉTARO, QRTO.- Hemos escuchado mucho sobre personajes que se han pronunciado de manera intolerante y agresiva hacia los animales, y hemos presenciado hechos terribles de violencia hacia animales indefensos. Ha sido indignante, preocupante y ha tocado el corazón de miles de mexicanos, quienes vamos despertando hacia una cultura de amor y respeto hacia nuestros compañeros de otras especies. Según cifras actuales, México ocupa el primer lugar en América Latina respecto a animales abandonados y en condición de calle, así como el tercer lugar en América Latina en violencia y maltrato animal. Esos posicionamientos pintan el panorama que tenemos como sociedad. Es verdad que una nación puede ser juzgada por cómo trata a los animales. Ya es bien sabido que las personas con rasgos psicopáticos comienzan dañando animales indefensos, y su agresividad va escalando hacia otras especies, usualmente llegando a los humanos.
A pesar de que diversos estados y la Ciudad de México han endurecido las leyes y el Código Penal para tipificar el maltrato animal como delito, el principal reto sigue siendo la falta de denuncias, la aplicación efectiva de la ley y la cultura de la esterilización y adopción responsable. Pequeñas acciones sumadas llevan a un cambio colectivo. Dejar de ser indiferentes ante el maltrato animal, denunciar, esterilizar, promover campañas de adopción y buscar ayudar a nuestros hermanos animales poco a poco harán un cambio permanente y profundo.

¿Qué ha sucedido en nosotros como humanidad que genera acciones impensables y violentas? Para mí, es la desconexión de la naturaleza, que es nuestra esencia pura. Hemos dejado que nuestro ego, ambición y visión sesgada nos alejen de lo que es vital: la naturaleza y nuestros hermanos animales. El ser humano es parte de todo; somos hijos de esta tierra y hermanos de todas las especies. Somos hijos de la misma Madre Tierra (Gaia, Pachamama). Todos tenemos la misma dirección: tercer planeta desde el Sol, Sistema Solar, Vía Láctea.
¿Pero cómo podemos suavizar corazones, generar concientización y regresar a nuestras raíces?
Para regresar a una cultura de paz, equilibrio y respeto hacia todas las especies que cohabitan este maravilloso planeta con nosotros, es importante recordar el conocimiento de tribus y grupos ancestrales. En la filosofía del budismo, se sostiene una postura de profundo respeto y compasión universal hacia toda forma de vida. En esta tradición, los seres humanos no tenemos dominio absoluto, sino que somos parte de una red interconectada de existencia. Los budistas creen que si traicionamos o herimos a los animales, la consecuencia sería renacer en reinos inferiores.
En nuestras tradiciones mesoamericanas también se consideran los animales como vínculo estrecho hacia los dioses y el mundo de los espíritus. Los mayas consideran que el universo estaba dividido en tres niveles interconectados y que los animales servían como intermediarios. Las serpientes, guacamayas, colibríes, murciélagos, aves nocturnas y jaguares son seres sagrados que conectan el mundo terrenal con el cosmos. El Xoloitzcuintle, compañero fiel y guardián del inframundo. Para los mexicas era una criatura sagrada cuyo propósito era ayudar a las almas a cruzar las aguas del inframundo. El xoloitzcuintle se encargaba de evaluar si el humano había sido noble con los animales en vida. Si así era, el perrito le permitía subirse a su lomo para cruzar el río a salvo y descansar eternamente en el Mictlán.

Así, cada pueblo ha llevado en su sabiduría la verdad repetida: amar y cuidar a cada especie animal es amar nuestra esencia pura, y es tener la familia más grande del mundo. No importa la filosofía, religión o creencia. Quien sea amable, bondadoso y buena persona con los animales se ha ganado el Mictlán, se ha salido de la eterna rueda del Samsara, se ha ganado el Aaruna, se reencontrará con sus perritos de la infancia en el Valhalla, y tendrá paz en su corazón. Contagiando a su vez a otros seres humanos, hasta que genuinamente regresemos a la normalidad, que es el amor incondicional y la bondad.
Los animales, como compañeros de vida, nos brindan paz, amor incondicional y alegría. Se ha comprobado que su presencia en nuestra vida tienen efectos emocionales y físicos. Elevan nuestros niveles de dopamina y de oxitocina, nos ayudan a elevar el sistema inmune y a salir de la depresión y hasta a bajar el cortisol.

La presencia de los animales en nuestra vida nos enseña lo incondicional del amor, un amor que no juzga ni exige, simplemente es. ¡Qué regalo y bendición tan grandes!
“La compasión hacia los animales está tan estrechamente ligada a la bondad del carácter que se puede afirmar con certeza que quien es cruel con los animales no puede ser una buena persona.”
— Arthur Schopenhauer

*Homeópata veterinaria, Comunicadora Animal, Nutricionista de animales, con más de 14 años de experiencia. Es también fundadora de Armonía Animal Mx, mejorando la vida de nuestros compañeros de otras especies.
FB e Instagram: armoniaanimalmx
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