- Nematini Vladimir Acevedo Silva
No me cansaré de decirlo, las y los jóvenes de hoy en día no tenemos ningún tipo de desinterés por lo político, al contrario, hemos demostrado a través de nuestro voto que queremos un cambio real, aquel en el que exista un México con más y mejores oportunidades, aunque al final como siempre ocurre, sean los políticos de antaño quienes nos terminen decepcionando.
Esa obscenidad que los políticos nos ha ofrecido por largo tiempo, ha sido uno de los factores por el cual el 90% de los jóvenes piensan que los políticos en México son deshonestos y nueve de cada 10 no sienten que su opinión sea considerada por el gobierno a la hora de tomar decisiones, señala así una encuesta realizada en el año 2018 durante el “Encuentro de Jóvenes: El México que los jóvenes SÍ queremos tener”, llevado a cabo por alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Por otra parte, el 82% de los adolescentes los califican como muy corruptos, así lo revela el Cuestionario de Investigación Jóvenes y Corrupción, elaborada por la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA).
Con los resultados anteriores es obvio que la ciudadanía en general pueda estar de acuerdo con nuestro sentir, aunque en muchas ocasiones pasa lo contrario. Es por ello por lo que hay jóvenes que consideran que la política actual es anticuada, y se asumen como apolíticos, pero no por ello aborrecen la democracia.
Aunado a ello parte de los jóvenes que integran esta generación todavía no distingue entre lo que es de derecha, izquierda o centro, y confunden en muchas ocasiones lo progresista con lo conservador, es decir, para ellos todos son iguales, ¿no me creen?, salgan y pregúntenle a cualquier chica o chico de nivel bachiller o licenciatura y podrán corroborarlo.
Esto se debe a que cierta parte de ellos no se identifica con una ideología política en particular, algo que en las generaciones de los baby boomers o X sí podemos encontrar, ya que ellos vivieron y experimentaron grandes etapas de cambios políticos y sociales, mismos que los marcaron y formaron ideológicamente.
Es decir, algunos jóvenes ya no se identifican fácilmente con un Che Guevara o un Salvador Allende, caudillos ideológicos de antaño, sino al contrario, al ser más dinámicos estan en busca de aquellos rockstars con quienes sea más fácil conectar, como por ejemplo el presidente del Salvador, Nayib Bukele, quien llegó al poder gracias a las redes sociales sin tener (aparentemente) una ideología definida o como el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, quien se abandera de causas sociales progresistas (apoyo a la comunidad LGBT, promueve la conservación del medio ambiente y la naturaleza, etc.), y es un asiduo usuario de las redes sociales, a través de los cuales va construyendo una imagen más moderna y accesible a la gente.
A diferencia de esos ejemplos, son estas generaciones las que no encuentran con quien identificarse en la política mexicana, les resulta difícil y complicado. Ya no buscan ser parte de las acostumbradas escuelas de cuadro que ofertan los partidos políticos, ahora se preocupan en que exista un bienestar común alejado de la politización.
Al contrario, buscan dar una lección a aquellos viejos políticos para que se percaten que, a través del trabajo colectivo realizado mediante organizaciones no gubernamentales, se pueden diseñar e implementar proyectos y acciones que beneficien a los sectores que solo han sido utilizados como botín político.
Somos los jóvenes los que buscamos pues el romper el establishment para empoderar a las y los jamás escuchados. Hemos hecho del miedo nuestro aliado para que jamás vuelva a ser usado en nuestra contra por aquellos políticos despiadados.
Es por ello por lo que los políticos deben de repensar su actuar, alejar esa idea de que, a través de que, con algún meme o una historia en Instagram, podrán conquistar a las y los jóvenes. A ellos les gustan líderes radicales y auténticos, alejados aquella mentalidad de que las mujeres y hombres adolescentes son un voto.
Los jóvenes somos más que un número, somos la pieza clave para el destino y futuro de la construcción de la democracia y política de nuestro país. De nosotros depende la nueva reconstrucción del país que añoramos por ver.
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