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Lizbeth Bravo

La violencia psicológica es una de las formas más normalizadas y silenciosas de violencia contra las mujeres. No deja moretones visibles, pero destruye la autoestima, la autonomía y la estabilidad emocional de las víctimas. Es silenciosa, cotidiana y profundamente normalizada.

Se manifiesta mediante insultos, humillaciones, amenazas, manipulación, aislamiento, chantaje emocional, control excesivo, celos enfermizos, gaslighting, indiferencia, desvalorización constante y conductas destinadas a generar miedo o dependencia.

Desgraciadamente en México, este tipo de violencia es una de las más frecuentes dentro de las relaciones de pareja y familiares, pero también de las más normalizadas e invisibilizadas. La propia legislación mexicana reconoce que la violencia psicológica puede provocar depresión, ansiedad, aislamiento social e incluso pensamientos suicidas.

La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencias define la violencia psicológica como cualquier acto u omisión que dañe la estabilidad emocional de una mujer mediante negligencia, abandono, insultos, humillaciones, amenazas, rechazo, control o manipulación.

Esta ley obliga al Estado mexicano a prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en todos los ámbitos: familiar, laboral, escolar, institucional, digital y comunitario.

La violencia psicológica es considerada la forma de violencia de pareja más común en México. Miles de mexicanas sufren agresiones emocionales constantes dentro de sus relaciones, muchas veces desde edades tempranas y de manera cíclica, sin embargo la impunidad es muy alta.

El problema no es únicamente individual, es estructural. La violencia psicológica suele sostenerse en patrones culturales machistas que buscan controlar a las mujeres mediante el miedo, la culpa o la dependencia emocional.

Muchas víctimas tardan años en reconocer que viven violencia porque la sociedad sigue minimizando frases como “estás loca”, “nadie te va a querer”, “sin mí no eres nada” o “exageras”. Sin embargo, esas expresiones forman parte de mecanismos de dominación emocional.

En los últimos años también se ha reconocido que la violencia psicológica puede extenderse al ámbito digital y vicario. La violencia digital incluye amenazas, difusión de contenido íntimo, hostigamiento y ataques en redes sociales que dañan la salud emocional de las mujeres. La violencia vicaria ocurre cuando los agresores utilizan a los hijos o familiares para causar sufrimiento psicológico a las víctimas.

Muchas denuncias no avanzan, las medidas de protección son insuficientes y las víctimas suelen enfrentarse a instituciones que minimizan la violencia emocional por no ser “visible”.

La violencia psicológica no es exageración. No es drama. No es sensibilidad extrema. Es violencia. Y una sociedad que sigue burlándose de la salud mental de las mujeres mientras romantiza relaciones tóxicas está colaborando activamente con el problema.

Porque hay heridas que no se ven en el cuerpo, pero aun así pueden destruir una vida completa.

 

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